El Almería de las taquillas embargadas

Dos años en 1ª dejaron el club arruinado, con cuotas de los socios y taquillas requisadas


El esplendor de las tiendas de calzado

Del negocio del calzado vivían los zapateros remendones, las zapaterías y los betuneros


Los años del colegueo y el pasotismo

Con la Transición cambiamos tanto que los amigos pasaron a ser “colegas de toda la vida”


La ‘vueltecica’ reglamentaria por el Paseo

El Paseo era otro mundo, un lugar cosmopolita donde la vida se citaba con la gente


Las palabrotas nuestras de cada día

Si los tacos hubiera sido una asignatura los niños hubiéramos sacado matrícula de honor


La vida en el paso a nivel de la Obra Pía

Estaba frente al río, en el límite con Huércal. Era una aldea al margen de la ciudad


La rubia del escaparate de Apoita

Los jóvenes de los años 50 iban al Paseo a enamorarse del maniquí de la óptica


La noche de mojarse la cara y los pies

Se vivía como un ritual sencillo: meter los pies en el agua, lavarse la cara y volver


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Lo que unía un litro de cerveza

Los jóvenes ya le rendían culto a la litrona en los bares antes de que surgiera el ‘botellón’


La vida dentro de un coche

Los coches eran una casa con ruedas donde cabía toda la familia


El reloj del barrio de las Huertas

La campana del reloj de San Sebastián marcaba las horas más allá del río


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José Ramos Santander, el inspector

Fue el inspector más querido, el que iba por los colegios en aquellos años de la Transición


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Lo que costó modernizar al taxi

En 1966 se inauguró el nuevo servicio de auto-taxis con los taximetros como gran novedad


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El pan bendito que repartía San Antonio

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Los que iban ‘midiendo’ la calle

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El decorado del gran día del Corpus


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La huella de las colonias perdidas

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El valiente que falsificaba el boletín

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Lo que costaba sacar una casa adelante

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