La Voz de Almeria

Tal como éramos

Franco tuvo dos escuelas y un Paseo

Almería le dedicó al Caudillo la Escuela de Formación, un colegio, una colonia de pisos y su avenida principal

La ciudad de Almería se tiró a la calle para recibir a Franco en 1961. En la foto, el Caudillo saludando a la bandera en la calle Reina Regente.

La ciudad de Almería se tiró a la calle para recibir a Franco en 1961. En la foto, el Caudillo saludando a la bandera en la calle Reina Regente.Fausto Romero

Eduardo de Vicente
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No se pudo quejar el Caudillo del trato que le dieron las autoridades y el pueblo de Almería cada vez que vino a visitarnos, ni tampoco de los gestos de generosidad de los políticos, que bautizaron la avenida principal de la ciudad con el nombre de Paseo del Generalísimo, después de haber sido Paseo de la República y antes Paseo del Príncipe.

Por si no tenía bastante con que nuestro histórico Paseo llevara su nombre, también le dedicaron dos escuelas y una colonia de edificios que se levantó cerca del estadio de la Falange. El primer centro educativo que llevó su nombre fue la Escuela de Formación Profesional, que empezó a funcionar en el curso 1951-1952. La bendición y la inauguración oficial se dejó para el domingo once de mayo de 1952, cuando todas las autoridades de la ciudad, encabezadas por el delegado nacional de Sindicatos, José Solís Ruiz, hicieron del acto una exaltación al régimen y a los “desvelos de Falange para que la juventud almeriense deje de ser mano de obra sin cualificar”.

También llevó el nombre del dictador el primer colegio nacional que se construyó en El Zapillo. El ‘Caudillo Franco’ fue la gran escuela nacional de los niños del barrio de pescadores, donde no tenían que pagar matrícula y había sitio para todas las clases sociales. El colegio ocupaba un amplio solar ganado a la vega, con entrada por la calle Carmencita Franco y fachada a la calle Tejar.

Cada vez que Franco visitaba la ciudad, los almerienses se echaban a las calles de forma masiva. Tal vez, la visita más multitudinaria fue la del año 1961, cuando Almería y el resto de España estaban en plena recuperación económica y la figura de un Franco en plena madurez había alcanzado altas cotas de popularidad. Aquella penúltima visita llevaba impregnada un barniz pasado de moda como si todo estuviera fuera de contexto. Se trataba de inmortalizar, parando el reloj, las entradas triunfales de la posguerra, cuando el Caudillo, como los antiguos generales después de una batalla, entraba en las ciudades para ser aclamado por las masas.

Aquella visita del 30 de abril de 1961 recordaba todavía al ‘Bienvenido Mister Marshall’. En la Plaza Circular se levantó un arco triunfal y se convocó al pueblo debajo para que recibiera con los brazos abiertos al salvador. Para darle más realce, para acentuar nuestras raíces y nuestro folclore ante la mirada del Caudillo, vistieron a las niñas de la Sección Femenina con sus trajes regionales como Lolita Sevilla en la película de Berlanga.

Había que recibir a Franco como lo que nos habían contado que era, el hombre que salvó a los “pobres” almerienses del hambre y de la miseria cuando al terminar la guerra acogió a la tierra de Almería, adoptándola como si fuera un huérfano. Era una pequeña lección para los más jóvenes, para los que no habían vivido la guerra, para los que empezaban a dejarse el pelo largo y se olvidaban del sacrificio de sus mayores.

Aquel último domingo de abril Franco apareció en un impresionante Cadillac que empequeñecía su figura. Desde fuera solo se le veía la cabeza y aquel rostro inexpresivo que conocíamos por las monedas de cinco pesetas. Era el Cadillac del último Caudillo, un personaje en declive por la edad que recorría las calles de Almería montado en un coche de otra época en un tiempo que ya no era el suyo.

Los almerienses aprovechamos la visita para pedir, como pedían los habitantes de Villar del Río a los americanos. Nosotros le pedíamos progreso, que en nuestro caso pasaba siempre por al agua. Franco vino para bendecir los alumbramientos de aguas en Huércal Overa y en los campos de Aguadulce y Roquetas de Mar, donde noventa mil hectáreas se habían puesto en valor con nuevos regadíos.

Como tuvo que recorrer el norte de la provincia y el poniente, llegó muy tarde a la ciudad. Hizo su aparición a las siete y cuarto de la tarde en la Plaza Circular, cuando la gente ya empezaba a pensar que había pasado de largo. Por fin llegó y se bajó del coche para saludar a la bandera que lo esperaba frente a la estatua de la Caridad. Después se montó en el Cadillac y se fue a la Patrona.

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