Lo que el cultivo de la marihuana esconde en Almería

Hace unos días mantuve una interesante conversación con dos responsables políticos de la provincia pertenecientes a estructuras institucionales distintas y distantes políticamente. De forma no premeditada surgió en la conversación el problema del cultivo de marihuana en la provincia, su realidad presente y la amenaza de sus consecuencias futuras. Las opiniones que siguen a continuación son una transcripción libre de esa conversación sobre un tema que ya ha superado los limites de lo inquietante para adentrarse en la cercanía de lo alarmante. 


“Durante los últimos veranos las monjitas del barrio organizaban comedores donde los niños podían ir. Era una forma de ayudar a sus familias y garantizar una alimentación saludable y equilibrada para aquellos que, por su situación económica, podrían tener dificultades. Siempre ha funcionado. Lo sorprendente es que este año, este ultimo verano, no ha ido ningún niño o prácticamente ninguno. ¿Que por qué? Muy sencillo; los ingresos por el cultivo de marihuana han disminuido, hasta eliminarla, esa necesidad de acudir al centro para desayunar o comer. Los ingresos de sus padres han aumentado y ya no es que no necesiten esa ayuda, es que ahora, además de comprar comida, pueden comprarse unas deportivas o un televisor ultimo modelo. El nivel de consumo en ese barrio, como en otros de la capital, ha aumentado de forma muy notable, un aumento que no solo beneficia a quienes la cultivan, sino a todo el entorno.


Todos los comercios se benefician, desde la pequeña tienda de ultramarinos hasta los que venden electrodomésticos, ropa o material deportivo. El dinero que produce la marihuana, de una u otra forma, llega a todos y esa circunstancia ´globalizadora´ hace que nadie mueva un dedo para acabar con la situación. Nadie se atreve a denunciar lo que está sucediendo y donde sucede. Unas veces por miedo, otras por interés, pero se impone la ley del silencio. Es verdad que esos mismos vecinos que callan son los mismos que cada día sufren los cortes de luz provocados por los enganches ilegales y, ante estos sabotajes a la red eléctrica, optan por quejarse a Endesa, al ayuntamiento o a quien sea; a quien sea, menos al que realmente los provoca. Mira, hace unos días, se desmantelaron 48 enganches ilegales. Bueno, pues en apenas unas horas, ya estaban otra vez ´restablecidos´. Es un tema muy complejo porque es verdad que las fuerzas de seguridad pueden entrar en una calle, en un barrio o en varios barrios y desmantelar decenas de esas instalaciones, pero hay que medir las consecuencias que tendría una operación global a gran escala. 


Hasta ahora el tipo penal con que puede condenarse a quien se dedica a este negocio es tan leve que no es que no le temen, es que no lo tienen casi en consideración. Entran por la puerta del juzgado y salen por otra. El Código Penal no contempla con contundencia esta situación; y no lo contempla porque, cuando se ha modificado esta realidad era prácticamente inexistente. Es preciso una modificación que lo adecue a la realidad que estamos viviendo, no solo en Almería, sino en otras muchas provincias. Almería ´suena´ más por su calidad, pero hay otras capitales, como Málaga o Granada, donde el cultivo es mayor. 


La Policía y la Guardia Civil están haciendo un gran trabajo y ahí están los resultados que se obtienen cada semana, las operaciones que se hacen, pero es imprescindible que exista un mayor rigor penal.


Como también hay que tener en cuenta una cosa que no es de menor importancia y que la inmensa mayoría de los ciudadanos desconoce. Al obtener esos importantes ingresos por el cultivo de ´maria´, los delincuentes que tienen ahí su ´negocio´ han abandonado la comisión de los delitos que antes cometían. Si con el cultivo de ´maria´ obtengo miles de euros, por qué me voy a arriesgar al tirón, a robar un coche o entrar en una casa si la pena de años de cárcel puede ser mayor y el posible botín menor, se preguntan. Y su respuesta incide directamente en el nivel de ese tipo de actos delictivos. Toda acción tiene unas consecuencias y, cuando se actúa, hay que valorarlas una a una y todas en su conjunto.


Lo que no podemos hacer es quedarnos como estamos. Hay que cortar esta realidad, desde la raíz porque, si n o se hace, dentro de unos años esta delincuencia que ahora parece menor se habrá convertido en un gran problema, habrá nacido una mafia en la que cada grupo, cada familia será dueña de un barrio y dentro del barrio de una calle y, mas pronto que tarde, acabarán enfrentándose entre ellas produciendo situaciones de extrema gravedad. En Almería ya ha habido varias víctimas por estos enfrentamientos, pero esto ha sido solo el inicio. Si no se actúa rápido el cultivo de marihuana acabará siendo la semilla de una industria delictiva que nadie sabe hasta dónde puede llegar, pero lo que sí sabemos es que no va a llegar a ningún sitio bueno. Parece un sarcasmo, pero la mala hierba hay que cortarla de raíz.        


 

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