La Almería donde habita Pitágoras
Cumple sus bodas de plata este oasis de conocimiento, esta cartografía del porvenir que crece junto a los latifundios de El Alquián

Sede del Parque Científico-Tecnológico de Almería.
Su prehistoria fue la de una oficinita en la Rambla con un flexo bajo el que lucía la coronilla de su primer padre adoptivo llamado Alfredo; después llegaron otros progenitores: Rafael, Trini, Antonio, Diego y ahora, Alejandra, una argentina que, sin aspavientos y con la complicidad de Cajamar y Única Group, ha metido la tercera, tras periodos de pasos de tortuga. El PITA, pues, ya está ahí- debería haber estado más cerca pero ese es otro cantar- junto a los latifundios del Alquián, como un singular oasis de imaginación y progreso; un panel de estalactitas, antes de llegar al Kilómetro 21, que no es fábrica ni campo, ni simplemente arquitectura, sino un sueño tejido entre cielo y tierra, hecho para que aflore la inteligencia almeriense; está ahí, con edificios como el de Tecnova o el Pitágoras de José Angel Ferrer, que son algo más que frías fortalezas de vidrio y hormigón, rodeado de calles consagradas a Madame Curie o a Einstein, un tejido fértil de ideas y semillas tecnológicas que germinan con la misma intensidad que los invernaderos que reinan en la provincia; está ahí, junto a una rambla sin agua que lleva nombre de Sepultura, donde brillan almenas como la de Pedro Caparrós, la de L&D, la de IBM o la de Biorizon. El PITA -uno quiere entenderlo así, aunque peque del fervor de Neruda- no es solo un millón de metros urbanizados, es una especie de cartografía del porvenir de Almería. Allí se va formando un poblado de empresas de biotecnología, de agricultura de precisión, de telecomunicaciones, de energías renovables y de soluciones digitales que trazan cada día nuevos mapas de posibilidades. En este lugar ambiguo, tan alejado de la Puerta Purchena, conviven sin estridencias ciencia y sensibilidad, el eco de los pasos mezclados con el rumor de las ideas que se transformarán en acciones y proyectos. Al menos, así quisiéramos que fuese; al menos así soñó el pionero Alfredo que fuese.
Desde su sede principal, el Edificio Pitágoras, hasta las incubadoras de startups y laboratorios de I+D, el parque respira el mismo aire que anima a quienes se atreven a inventar un mañana diferente. Es como si la tierra, acostumbrada a producir hortalizas de oro bajo plásticos blancos, hubiera decidido producir también conocimiento vivo y vibrante, carne de futuro para una sociedad ávida de innovación. Y es que el PITA parece un jardín de laboratorios y oficinas donde crece una nueva especie: la del trabajador que sueña despierto en una calma exenta de arrogancia. Porque el PITA almeriense no se antoja solo como un parque tecnológico sino también como una alegoría de lo posible, como si supiera que innovar no es correr más, sino mirar mejor.
La tecnópolis -con accionistas como Cajamar, Unicaja, Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Almería, UAL y Tecnova- cumple ahora las bodas de plata de los 25 años, desde que el Parlamento Andaluz le echó el agua bendita en 2001. En este cuarto de siglo han germinado en ese paraje inhóspito 78 firmas donde laboran 3.645 trabajadores que propician unos ingresos agregados de 919 millones de euros anuales. Todo un hito para este Pitágoras indaliano.