La Voz de Almeria

Opinión

Civismo o barbarie (II)

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, tras su captura por fuerzas estadounidenses.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, tras su captura por fuerzas estadounidenses.GOBIERNO DE ESTADOS UNIDOS

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Difícil imaginar un inicio de año peor que el que estamos viviendo. Cierto que, en términos cuantitativos, resultaría incomparable si una tremenda catástrofe natural nos hubiera asolado. Pero, en cualquier caso, su origen natural, extrínseco a la voluntad humana, le restaría trascendencia respecto al asalto a Venezuela. Cuando la destrucción y el mal proceden de la acción del hombre las desgracias resultan mucho más preocupantes y, generalmente, se ven sucedidas de respuestas, reiteraciones o incluso, como se dice tanto hoy, “escaladas”.

Aunque haya quien lo ha aplaudido, lo ocurrido en Venezuela es digno de generar una grandísima preocupación. Por mucho que Maduro sea un dictador al uso, aficionado al ‘baile’ y el espectáculo como Trump, su deposición a través de la agresión militar no deja de representar una violación de la soberanía nacional de un país. Putin es un dictador del mismo corte (aunque no baile) y, por lo que sea, a Trump no se le va a ocurrir atacar Moscú para capturarlo. Su ‘colega’ es, como él, defensor de la ley del más fuerte (v.gr. la invasión de Ucrania) y entre colegas ‘no se pisan lo mojado’.

Con este golpe, Trump ha consolidado la virtual desaparición del Derecho internacional y sus correspondientes instituciones que venía vislumbrándose desde la invasión de Ucrania y el recrudecimiento del genocidio en Gaza. Si se llega a desencadenar la previsible invasión y saqueo de Groenlandia nos llegará el turno a los europeos. Mientras en España, tanto PP como Vox han tardado apenas segundos en celebrar el asalto a Venezuela, por ejemplo, en Francia, la mismísima Marine LePen ha deslegitimado el asalto. A pesar de representar la ultraderecha internacional, como Trump, su hipernacionalismo francés y su recuerdo de la invasión nazi pesen más que su sumisión al líder supremo. Como cualquiera que valore un poquito el sentido de la Historia, LePen reconoce que está en grave peligro el orden mundial establecido a partir de la lógica racional internacional concebida tras, no una, sino dos guerras mundiales. Si este panorama se consolida, habremos vuelto atrás y el 'aprendizaje' derivado de aquellas dos terribles contiendas quedará anulado.

¿Necesitaremos una Tercera guerra para, definitivamente, ‘aprehender’? Mientras tanto, por desgracia, hoy podemos considerar que, de facto, hemos vuelto a la barbarie propia del siglo XIX. Se está definiendo un panorama global de clara involución respecto a una Historia mundial que, siglo a siglo, había ido ganando en civismo y democracia. Quien lo niegue, se hace responsable

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