Esta imbécil quiere escribir una novela

Un hombre alto y delgado se levantó del taburete y se puso delante de mí. Se movía lentamente, sobre todo sus pies apenas se despegaban del suelo, pero llevaba el ritmo con una amplia sonrisa.
Como una activista de Femen me escribiría en el pecho “Sí a la vida No al matrimonio”, y protestaría en toples en la Era del Lugar. Todo esto me surgió después de ver una pequeña obra de teatro en la que se representaban escenas de la evolución de la mujer a lo largo de los siglos. “Y a ti … ¿cómo te van a recordar?”, era la pregunta del título. Eso mismo pensé yo un día.
Lo que mejor llegué a comprender fue la actuación de Carmen de Burgos y su hija. Hablaban mirando al público, cada una en un lado del escenario, interpelándose una a la otra en una conversación crucial sobre la vida como mujer. Me emocionó la voz de la hija manifestando su amor hacia la madre. Era realmente vivido. Una excelente interpretación.
Luego hubo un concierto en la Escorpio de un nuevo grupo, “Bajo Cero”. Bailé casi al final, salí sola a la pista enfrente de los músicos porque ya no aguantaba más, y mi esfuerzo se vio recompensado por dos chicas desconocidas que me acompañaron, así fue mi felicidad. Alicia y Luz me dijeron, nos hemos conocido bailando, no lo olvidaremos.
De repente sonó “Lágrimas negras”, y un hombre alto y delgado se levantó del taburete y se puso delante de mí. Se movía lentamente, sobre todo sus pies apenas se despegaban del suelo, pero llevaba el ritmo con una amplia sonrisa. Esa sonrisa perenne me hizo reír a carcajadas. Me preguntó, estás de coña, digo, sí. Pasó el tiempo y le digo, cuando estoy cansada bailo haciendo tonterías como los niños y él me dio la mejor respuesta, yo hago tonterías todo el día. No paraba de mirarlo y de reírme, y nos contagiamos. No nos conocíamos de nada, pero en ese momento parecía que hubiéramos estado toda la vida juntos.
Esa noche, antes de dormir acabé de leer “Ese imbécil va a escribir una novela”. Y cerré los ojos satisfecha.