En Almería se vive bien, pero...
Almería derrocha eslóganes simpáticos preñados de complacencia de Cañillo, pero en cuanto a cartera seguimos en el vagón de cola

Un bar lleno de clientes en el centro histórico de la capital.
Almería, madre de la vida padre; Almería, donde el sol pasa el invierno; Almería, tierra de Talento; Almería tierra de Sabores y otros eslóganes simpáticos preñados de complacencia de Cañillo. “Hay que ser feliz y pensar en positivo -diría Paulo Coelho- y en Almería se vive muy bien, dónde mejor”, nos autodecimos a menudo sotto voce. Como si la felicidad dependiera del sol o de las migas o de ir a Santo Domingo a oír la misa del alba. Uno piensa que la vida buena o la buena vida depende en gran medida de la calidad de esa vida. Y no podemos ser una ciudad -una provincia- tan placentera cuando viajamos a la cola salarial de España, cuando ocupamos el vagón número 43 de los 45 del tren español de retribuciones (los almerienses solo tienen más dinero en la cartera que los onubenses y los jiennenses, el resto nos ganan) según el último informe de la Agencia Tributaria. Lo que no son cuentas son cuentos y esa es la realidad de los números, otra cosa es conformarse como nos conformamos los almerienses con tantas carencias desde los Reinos de Taifas. Y ahí está el shérigan, las puestas de sol en Rodalquilar, las noches de blanco satén y demás mamandurrias como lenitivos.
Los almerienses en activo ganan un salario medio anual de 18.733 euros, más de 6.000 euros menos que el íbero común, lo que significa un 25% menos de tasa. La fuente de la que se nutre Hacienda para hacer este informe son las declaraciones de IRPF de 2024 que se traduce en un salario medio mensual de 1.338 euros en 14 pagas. Un horror. Pero siempre nos quedará el espectáculo de ver los barquitos de vela en lontananza desde una terraza del Zapillo. Además, no se estrecha la brecha salarial entre hombres y mujeres en la provincia con una diferencia aún de más de 2.000 euros anuales. Al menos, la subida salarial del pasado año se igualó a la inflación -3.7%- y la provincia no perdió su exiguo poder adquisitivo.
El sueldo medio de un madrileño es superior al de un almeriense en un 70% y aunque los precios de bienes y servicios sean más altos junto al oso y el madroño, la diferencia parece sideral. Y sin embargo los bares están llenos, las tiendas están llenas, Almería tiene vida, como se ha demostrado esta Navidad. Se ve que nos conformamos con poco; se ve que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita; se ve que a un almeriense le dan limones y se hace un zumo.
Pero algo no cuadra: quizá haya mucha economía sumergida, mucho mercado negro y que entra más dinero en los hogares que el que se declara a Hacienda. Pero no solo son los cotizantes, también los jubilados almerienses son los que reciben las pensiones más bajas de España desde hace décadas: quizá por lo tanto que destaca el sector primario, quizá por la falta de sueldos aseados como los de la industria (se fue la Térmica de Carbonera y la cementera de Gádor sin recambios); quizá las pensiones bajas sean por el alto número de autónomos en la provincia que se tienen que buscar la vida.
Más de la mitad -el 52%- de los almerienses no llega al salario mínimo (15.876 euros) lo que se explica por la alta estacionalidad de sectores como el agrícola y el turístico, que solo trabajan por temporada. Almería, además, es porcentualmente la provincia con más asalariados del sector primario en España -más de 40.000 contrataciones- y eso influye también en el escaso salario medio en la provincia, a pesar de que ha habido mejoras retributivas en el último convenio sectorial.
En Almería se vive bien porque nos conformamos con todo.