La Voz de Almeria

Almería

Estudiantes revolucionan la UAL con vídeos virales en los que claman por un "transporte digno"

Pretenden visibilizar la realidad de las conexiones diarias de las líneas de autobús urbanas e interurbanas con el campus de La Cañada

Estudiantes universitarios.

Estudiantes universitarios.La Voz

Juan Antonio Cortés
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Érase un grupo de estudiantes de la UAL cuyos representantes son un hombre –anónimo y gestor de las redes sociales- y tres mujeres. Miriam Conchillo y María Cortés, de segundo de Historia, y Belén Yuan, del último curso de Derecho y ADE, son las portavoces de este colectivo de nomenclatura explícita, ‘Por un transporte digno’, que pretende visibilizar la realidad de las conexiones diarias de las líneas de autobús urbanas e interurbanas con el campus de La Cañada. Sus reivindicaciones, insisten, no nacen del ideario político (“Esto va de derechos, no de partidos”), sino del convencimiento de que es necesario y urgente trabajar desde dentro de la comunidad y con las herramientas digitales actuales para mejorar el servicio.

Su enfoque creativo está basado en vídeos y fotografías que se han hecho virales. Muy virales. En apenas unos meses, algunos de los documentos colgados en las cuentas de Instagram y TikTok @ualxuntransportedigno_ han superado los 30.000 impactos. Este material gráfico es, ya, un archivo incontestable de las incidencias que se producen a diario en los nudos de transporte de la ciudad.

Frente al frentismo ideológico que caracteriza el debate social, estas cuatro alumnas anteponen la acción voluntaria y altruista por una movilidad más eficiente e inclusiva. No quieren que se instrumentalice esta demanda social porque, según aseguran, “no van contra nadie” y proponen escenarios de diálogo. “Queremos arreglar un problema, no enfrentar a unos contra otros. Nosotros no deseamos hacer política ni atacar siglas”, advierten.

Belén Yuan, que en meses será egresada, apostilla:

Solo queremos sensibilizar a la población. No vamos a permitir que nadie tome nuestro trabajo para hacer propaganda política. Queremos velar por la seguridad de nuestros conocidos, amigos, familiares, y por todo aquel que use el autobús como medio de transporte para su vida diaria. Esto no va de partidos, ni de ideas. Va de ejercer un derecho y mejorar el servicio.

Sin más prestaciones que la cámara de un smartphone, han hecho calar sus mensajes en el corpus estudiantil y entre el personal de servicios y el profesorado. El origen de este movimiento responde al hartazgo silencioso que hay entre los estudiantes ante los habituales episodios de buses al límite de pasajeros y la imagen de decenas de alumnos esperando su turno en las paradas. María sitúa un ejemplo gráfico en el centro del debate: los alumnos de la zona norte de la capital que viven en los barrios de Villablanca o San Luis tienen una línea directa, pero no es “rentable” porque tardarían menos tiempo en bicicleta.

Hay una línea directa, la L4, pero con una frecuencia de 1 hora y 40 minutos. Por esta razón, optamos por coger la línea L12. A unos les puede venir bien, pero otros tienen que caminar más de media hora para llegar a clase.

Son jóvenes. Su sistema es proactivo, pero sencillo: captar la atención con piezas visuales que denuncien el “colapso” del transporte, pero desde el prisma del respeto personal e institucional. Cansadas de comentarios encapsulados en las cafeterías o en las aulas de las facultades que se quedan en la clandestinidad, Miriam Conchillo reconoce que no ha resultado fácil luchar contra el conformismo, ese spleen almeriense. María dice que el malestar creciente fue el detonante que encendió la iniciativa.

No queríamos que esto acabara normalizándose. En Almería metabolizamos muchas cosas. Demasiadas. Aguantamos por nuestro carácter tranquilo, pero hay momentos en los que es preciso organizarse. Eso sí: con moderación, sin trincheras y poniendo el oído para escuchar al otro. Y eso es lo que hemos hecho. Queremos dejar bien claro que este pequeño colectivo no tiene aspiración política alguna. Nace por una necesidad más que evidente. Y no tiene más pretensiones.

Son la generación del Tik Tok y las redes adolescentes. Creen en la imagen porque es su cultura, en el impacto de los vídeos efímeros como método eficaz de comunicación. ¿Cómo se informa el joven? fue una de las primeras preguntas que se hicieron. En la interpelación iba la respuesta: en esas RRSS donde las secuencias son fugaces y las frases son escurridizas, y, a la par, están alimentadas de un aire inmarcesible, no perecedero. Es, esgrimen, donde está el tumulto de la gente universitaria.

En sus vídeos caseros hay jóvenes formando colas con caras de “otro día más en la oficina”, imágenes en las que se aprecia la concentración (in)humana en los vehículos y testimonios en primera persona de alumnos afectados. Cuentan anécdotas de conductores de bus que se ven obligados a dejar “en tierra” a estudiantes que aguardan en las paradas porque se desborda la capacidad de los vehículos de transporte público. Y trasladan historias de alumnos que han perdido horas lectivas porque han permanecido sitiados en los apeaderos en espera, “in extremis”, de un angosto hueco en un autobús en el que deben pelear también con los efluvios propios del hacinamiento humano.

Este colectivo enumera como soluciones el establecimiento de refuerzos en horas punta (primera hora y mediodía), un aumento de las frecuencias en determinadas líneas y una adaptación de los recorridos a las necesidades reales de una ciudad que va camino de superar, vía padrón, a la capital de la Alhambra. 

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