Arboleas va a ver cómo se legalizan trescientas viviendas

Hace unos días conocimos que al exalcalde de Zurgena, Cándido Trabalón, se le condenaba por viviendas ilegales construidas en su municipio a entrar en El Acebuche durante unos cuantos años. Y nos pareció bien. A un promotor se le condena a dos años de cárcel por unas viviendas ilegales, con la consideración de que no entrará en el trullo si no comete ningún delito urbanístico más durante esos dos años. Total, a la calle y con solo una multa de 1.300 euros, uno arriba, uno abajo. ¿Es justo? Lo único justo es que no se derriban las casas vendidas a unas familias que compraron de buena fe. Lo otro no lo parece. Alguien se benefició de la construcción y la venta de esas viviendas construidas ilegalmente, y con mil y pico de euros y una inhabilitación de dos años, a casa. Arboleas legaliza casi trescientas, que nos parece bien por las personas que fueron timadas en su día. La sensación que se nos queda al ciudadano es que la justicia legaliza unas, otras no. Mete a unos en la cárcel, a otros no. Busca la responsabilidad de éstos, me olvido de aquéllos. Se acuerdan lo que dijo el señor Pacheco (hoy entre rejas), ¿no se acuerdan? Yo no lo voy a repetir (no quiero caer en según qué manos y acabar como el ex alcalde de Jerez) pero va a ser que tenía razón. O por lo menos lo parece.
Decía Cristóbal García, corría el año 2013, que el problema de la construcción ilegal en estos municipios se debía haber tratado desde la unión de los pueblos, no jugando cada uno su partido si estaba más o menos cerca de los gerifaltes políticos de la Junta. Lo cierto, y tenía y sigue teniendo razón, es que  estas familias que compraron casa para quedarse a vivir en la Almería del interior, han aportado más turismo, turistas y medios de vida para los pueblos que cualquier organismo, provincial o regional andaluz que a ello se dedican y que se gastan sus buenos presupuestos. Entre la crisis y la gestión política que se ha vivido en el urbanismo provincial acabamos con la gallina de los huevos de oro. Y con cuenta gotas vemos como se le van dando pequeñas soluciones a un problema urbanismo global. Así no acabaremos nunca con la historia.
Me alegro por los compradores en Arboleas, trescientos pueden por fin tras muchos años sonreír, que otros puedan hacer lo mismo lo antes posible.




 

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