La Voz de Almeria

Opinión

Pedro Manuel de la Cruz

Pedro Manuel de la Cruz

Carta del director

El error que Juanma Moreno y Ramón Fernández-Pacheco no deben (y no van a) cometer

Carta del director

El error que Juanma Moreno y Ramón Fernández Pacheco no deben (y no van) a cometer

El error que Juanma Moreno y Ramón Fernández Pacheco no deben (y no van) a cometerEuropa Press

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Los resultados de las elecciones en Aragón y Extremadura son un campo excelente del que Juanma Moreno, desde el escenario global andaluz, y Ramón Fernánde Pacheco, desde el territorio doméstico de Almería, pueden sacar algunas consideraciones interesantes. También, aunque en segunda instancia, María Jesús Montero.

Planteadas como un aliviadero táctico para aminorar la presión de VOX sobre sus presidentes autonómicos, el PP también pretendía aprovechar el adelanto electoral para intensificar territorialmente el acoso a los socialistas. El fracaso en el primer objetivo es inapelable. El triunfo en el segundo, quizá innecesario por tan alto coste. El PP extremeño y aragonés dependen ahora más de VOX y la decadencia de Sánchez, ya de por sí intensa según todos los estudios de opinión, apenas se ha intensificado. O, dicho de otro modo: demasiado coste para tan frágil beneficio.

Pero más allá de las consideraciones que puedan extraerse de los resultados en esas dos (pequeñas) comunidades- Extremadura o Aragón tienen menos habitantes que la suma de Almería, Lorca y Campo de Cartagena-, más allá de esas aritméticas electorales, sí hay una pregunta pertinente que a todos incumbe: ¿Qué están haciendo mal los dos grandes partidos para que un tercero continúe en permanente ascenso sin apenas proponer algo más que la irritación? Cuando recorro la estampa inacabada de los últimos resultados electorales de PP, PSOE y VOX no puedo evitar rescatar de la memoria el “Duelo a garrotazos “de Goya y pensar que hoy el genial aragonés quizá hubiera añadido a las dos figuras que aparecen apaleándose en el cuadro, un tercero sentado plácidamente esperando su destrucción.

La ola de populismo ultra que comenzó con alturas de escasa entidad ya es un tsunami que, lejos de amainar, está tomando la fuerza y la forma de un cambio civilizatorio. Principios y valores que hasta ayer creíamos sólidos para una inmensa mayoría hoy apenas se mantienen en el imaginario disperso de lo difuso y casi están en minoría para el sector más joven de la población. España no iba a ser una excepción en un proceso alentado de este a oeste y que circula por dos vías paralelas y eficazmente complementarias: el descontento ciudadano con una forma de gobernanza que da síntomas de agotamiento- fundamentalmente en la ausencia de expectativas para el sector joven de la población-, y con la irrupción brutal de un macrosistema de consumo de información basado en la simplicidad tóxica del bulo, la carencia de rigor y el fomento de la excitación permanente del odio al discrepante que circula a más velocidad que la luz por las redes sociales.

Pero si en aquel cafetín de la Casablanca ocupada por los nazis Ilsa y a Ricks se refugiaron en que, a pesar de que el mundo se hundía, a ellos siempre les quedaría París, a los habitantes de este rincón del mundo que es Andalucía y en una de sus esquinas Almería, siempre podremos defender el refugio para que la barbarie no lo anegue todo.

El Populismo de la extrema derecha, como hace diez años el Podemismo de la extrema izquierda, tiene en las redes sociales y en los grandes medios de comunicación el laboratorio más eficaz para construir imaginarios de excitación permanente cuyo único objetivo es captar votos sustituyendo la estrategia de seducción por la estrategia de la irritación. Con las armas adecuadas- las redes y los medios afines- la tarea no es difícil. Solo hay que crear un escenario de caos y, una vez generado, presentarse como los únicos preparados para gestionarlo. Que para esa construcción hay que decir medias verdades, pues se dicen; o mejor: se miente con descaro. ¿Que hay que destruir al contrario? Hagámoslo sin piedad y con la urgencia que impone la crueldad.

El problema surge cuando esta estrategia del caos no solo está construida por la extrema derecha, sino que de forma suicida cuenta con el apoyo de un sector de la derecha liberal. La incontestable matemática de las urnas está demostrando a los que defienden esa estrategia que más cercanía a las proclamas de Vox es menos apoyo electoral. En el ruido airado de la demagogia siempre gana el que adopta una postura más antisistema.

Juanma Moreno y, por la parte más cercana que nos toca, Ramón Fernandez Pacheco, no deben caer en el error que está cayendo algunos de sus compañeros de más arriba de Despeñaperros.

La gestión del accidente de Adamuz y el caos de las ultimas lluvias son un ejemplo de cómo enfrentarse a problemas de abrumadora y extraordinaria complejidad priorizando lo urgente y anteponiendo los intereses colectivos por encima de proclamas incendiarias.

Las grandes crisis se afrontan con sensatez. En lo inesperado- los sucesos dramáticos vividos-, como en lo estructural- el reto migratorio- lo importante es gestionar el presente proyectando una estrategia de futuro y hacerlo con gestión y pedagogía. Dentro del mapa sociológico de la derecha la Vía andaluza de Juanma Moreno va en esa línea. El PP provincial no ha caído en el error de competir con VOX en batallas en las que la simplicidad del tuit arenga a los hiperventilados de fanatismo ideológico, pero no aporta ni una sola idea para gestionar con eficacia una situación compleja. Y nada hace pensar que van a cambiar esa actitud. Por convicción, pero también porque saben, bien que saben, que hacerlo solo provocaría que, entre el original y la copia, la elección para muchos que dudan estaría clara.

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