Todas las películas hablan de mí
Si veo “Hamnet”, me creo que soy Agnes

otograma de la película "Hamnet".
Es como si todas las películas hablaran de mí. Si veo “Hamnet”, me creo que soy Agnes. Mis partos, mi vida y mi pareja, los identifico plenamente con la película. Durante una siesta soñé que paría sin estar embarazada, y vi a mi bebé enganchándose a mi teta, chupándome con su carita morena. En seguida me preocupé por su ropa, tenía que cambiarle. El sueño duró más de una hora y me hizo feliz, pero lo que más me sorprendió es que dentro del sueño yo también me asombraba de lo que me estaba pasando.
Más tarde lo cuento. Me urge contar lo vivido, sea realidad o ficción. A veces recuerdo “Hable con ella”, y me he prometido volver a verla. La última vez fue el otro día mientras comía en silencio. Soledad e incomunicación socavan las mejores relaciones. Pero no se puede vivir sin afecto. Por favor, hable con ella, tiene muchas cosas que contarle. La comunicación es imprescindible. No puede guardarlo todo para adentro y solo hablar de política o del tiempo.
Necesita explicar sus sentimientos. Exponerlos para comprenderlos, incluso después de haber reflexionado sobre ellos. Porque hay otro tema trascendental y es compartir. Qué haces tú sola con tus pensamientos. Comerte el coco, obsesionarte con las mismas ideas. Amargarte la vida.
Sin embargo, si compartes todo cambia. La vida te sonríe. Sales del estancamiento que producen los malos rollos. Y hay esperanza. No busques en otro sitio. Oficinas y organismos. No existe otra alternativa, entre mesas y ordenadores, lámparas y sillas. Todo está pulcramente limpio, pero sin emociones, lejos de la auténtica vida de la gente.
Nada de eso tiene sentido, solo son papeles, pero, ¿y las personas? Eso es lo que importa. Su dignidad y su perdón. La sonrisa y un abrazo. Ocho veces al día para que reconforte. Fuera resignación.