La Voz de Almeria

Opinión

Publicado por
Emilio Sánchez de Amo

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Dice la neurocientífica Nazaret Castellanos que los intestinos influyen en el cerebro, en nuestros pensamientos, estados de ánimo y conductas, y que no es algo tan novedoso, pues ya Hipócrates, médico de prestigio en la antigua Grecia y considerado fundador de la medicina, valoraba el cuerpo como un todo, y que su curación natural pasaba, entre otras cosas, por una buena dieta, y no por el favor de los dioses.

Pues bien, lo que nuestra sociedad engulle a diario en las redes sociales es un maremagnum de comida rápida con alto contenido tóxico y elevadas dosis de adicción, aderezadas con algoritmos que buscan manipularnos al fuego de los intereses económicos de los tecno-oligarcas, quienes mueven hilos económicos y geopolíticos sin haber pasado por las urnas.

Esta manipulación, ligada a engordar sus cuentas corrientes —las redes sociales reembolsan 11.000 M$ anuales en publicidad para menores— y alimentar su poder por encima de la voluntad popular, mina especialmente la capacidad de análisis de los menores, atentando incluso contra su salud mental. De ahí la insultante reacción de Musk (X) y Dúrov (Telegram) ante las pretensiones del presidente Sánchez de legislar para proteger al menor, impidiendo el acceso a redes sociales antes de los 16 años. Esto no sería necesario si dichas élites asumieran un juramento similar al Hipocrático, por el que los médicos se comprometen a actuar en beneficio del paciente, respetar su privacidad y rechazar prácticas dañinas o inmorales.

Pero no basta con prohibir. Como dijo Hipócrates “La mayor medicina de todas es enseñar a la gente a no necesitarla”. Hay que educar a nuestros menores en el buen uso de las redes sociales, y el compromiso de las familias es esencial, de lo contrario, por más que legislemos, seguiremos sufriendo indigestiones tecnológicas que colapsarán nuestro cerebro social.

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