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El pueblo de Almería ‘condenado’ por Renfe, PSOE y PP

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Uno de los dos pasos a nivel que quedan en Gádor.

Uno de los dos pasos a nivel que quedan en Gádor.La Voz

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Jueves 17 de noviembre de 1994.

9 horas, 9 minutos de la mañana

Una ambulancia se aproxima al paso a nivel de Niño Hermoso, en el término municipal de Gádor. Seis enfermos se dirigen como cada día desde hace semanas al hospital Torrecárdenas para recibir el tratamiento de rehabilitación prescrito por los facultativos que les atienden. El conductor de la ambulancia les ha recogido puntual en las localidades de Illar, Alhabia y Alboloduy. Dos de los pacientes son bebés de apenas unos meses acompañados por sus madres. Antes de llegar a la capital tienen que cruzar por tres pasos a nivel en los que confluyen desde hace cien años la carretera comarcal del Andarax y la línea de ferrocarril que une Almería con Guadix y Linares-Baeza. El primero es el de Niño Hermoso. En el centro de Gádor, el situado entre las avenidas del Privilegio y de Andalucía y, dos kilómetros después, el del Ruiní. Hace frío, pero la monotonía ritual del trayecto y el sol matizado por la niebla propician en los pasajeros un ambiente de sosegada calidez.

En ese mismo momento, una locomotora de más de cien toneladas que había salido de Almería se aproxima a Niño Hermoso. Va en dirección a Huéneja-Dólar, desde donde parte el ramal a las Minas del Marquesado, que echarían el cierre en 1996. El maquinista ha hecho tantas veces ese viaje que conoce el trayecto como el pasillo de casa. El ocre de los montes salpicado por el verde de los naranjos es el color de un paisaje mil veces recorrido. La mañana tiene el aburrimiento placentero de la cotidiana normalidad.

9 horas,10 minutos

La locomotora cruza el asfalto roto por los raíles del paso a nivel de Niño Hermoso en el mismo y cruel instante en el que la ambulancia se cruza en su camino. Solo fue preciso la coincidencia fatal y asesina en un mismo segundo para que un estruendo brutal acabara con siete vidas que solo aspiraban a disfrutar la placidez sosegada de un día como tantos ya vividos y como tantos que ya no podrían vivir. El impacto fue tan brutal que la ambulancia recorrió arrastrada más de doscientos metros hasta quedar convertida en un amasijo de muerte, hierro y desolación infinita. Siete vidas acababan de encontrar la muerte y dos de ellas, las de Alejandro, de siete meses, y la de Milagros de cinco, cuando apenas habían llegado a la vida.

Domingo 25 de enero de 2026

Desde aquella mañana del otoño grisáceo y cruel de 1994 han pasado 31 años, 2 meses y 8 días, tres cifras distintas, pero solo una realidad verdadera: de aquellos tres pasos por los que cruzan a diario miles de personas, solo uno -solo uno-, se ha eliminado. El paso a nivel de la tragedia ya no está, pero los otros dos continúan existiendo en medio de la indolencia imperturbable de quienes tienen la obligación de eliminar la posibilidad de que otra mañana la vida vuelva a reencontrase en un instante cruel con la muerte.

Casi treinta y dos años han pasado y ninguno de los cinco presidentes de gobierno elegidos desde entonces ha sido capaz de acabar con esta insoportable anomalía.

17 años y 9 meses de gobiernos socialistas y 14 años y 4 meses de gobierno del PP no han sido suficientes para eliminarlos. Y no solo han sido incapaces de eliminarlos, sino que, además y en un ejercicio de infinita demagogia sus representantes políticos solo han reclamado con vehemencia su eliminación cuando el que estaba en el gobierno era el partido contrario.

Es cierto que se han presentado reivindicaciones en sede parlamentaria por representantes de los dos partidos, pero ninguno lo ha hecho con la contundencia que la demanda requería. En política, como en la vida, a veces hay que plantarse y poner los (los votos o lo que haga falta) encima de la mesa, una actitud a la que aquí no estamos acostumbrados.

Y así nos ha ido.

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