El Saliente y su Virgen prisionera

Nuestra provincia, que se viste de romerías en septiembre, queda huérfana este año de tales manifestaciones por las mismas razones que han mutado nuestras vidas. Ni la advocación de La Cabeza  en Monteagud, ni el Cristo del Bosque en Bacares, ni el de la Luz en Dalías, ni el Saliente, en el Almanzora, vivirán este año su secular peregrinación. Cada una de estas manifestaciones de la religiosidad popular se caracteriza por su propia idiosincrasia.


La peregrinación que esta noche y mañana debería acoger  el vetusto santuario del Cerro Roel no iluminará con luciérnagas humanas el  entorno hermoso donde se pierden los vientos que suben, Almanzora adelante, hacia los escarpados montes de la Sierra de las Estancias, que colindan con las cumbres de Los Vélez. Es esta tierra de labor, de cultivos mediterráneos en los que florece el almendro y el olivo, y las abulagas dibujan los páramos en onduladas superficies que  se pierden en un horizonte de ocres y pardos paisajes, donde, tras los secanos del estío, el anuncio del otoño pincelará de nuevas tonalidades .


Es éste un rincón de la acuarela almeriense que quiere volar más allá de los perfiles geográficos y surge  entre el puzzle de caseríos y alquerías que, laderas abajo del Cerro Roel, se alinean sin orden ni concierto, a gusto de los accidentes físicos, de los arroyos y ramblas que bautizan los variados parajes con los que el peregrino ausente se tropieza.


Dicen las crónicas que desde la contienda fratricida nunca  se había suspendido esta romería del Saliente, que, por cierto, honra a una imagen mariana –Desamparados del Buen Retiro del Saliente- que no ha sido muy romera o peregrina que se diga, salvo en las señaladas ocasiones  que baja o sube  -cada cuatro años- a  las parroquias Albox. Los custodios de la “Pequeñica”, como popularmente se conoce a esta talla barroca, dadas sus dimensiones, han sido muy celosos a lo largo del tiempo pese a la veneración que posee en todo el sureste español e, incluso, allende los límites patrios. Inequívoco ejemplo de ese férreo celo lo encontramos en la crónica que la Revista Franciscana publicó, en 1951, sobre lo acontecido con un frustrado acompañamiento de la imagen a la Misión que, entre el veinticinco de abril y el seis de mayo del referido año, llevaron a cabo los padres franciscanos Enrique Mª Huelin, Jesús Ryam y Tomás Rejón, en Oria y en su Rambla.



Tras dar cumplida y detallada cuenta del viaje y de la hospitalidad dispensada por el vecindario, escribe el cronista: “…Solo hubo en toda la Misión un incidente desagradable que puso más de relieve la fe de estos buenos hombres y mujeres. Se les había prometido repetidas veces en los últimos días que vendría a la Misión la venerable imagen de la Virgen del Saliente. La esperaban con ansia extraordinaria y hubiera sido grandioso”. “Ya la esperaban en los caminos –prosigue el escribidor- y tenían los hombres preparadas sus caballerías para salir en procesión a recibir a la imagen, mientras las mujeres esperarían en el pueblo, cuando llegó una orden inesperada: que la Virgen no vendría.


Aquello fue una bomba que heló por un momento los ánimos y quedaron todos consternados, sobre todo porque se veía el manejo político sucio que habían tenido los de otro pueblo para impedir la venida de la Virgen. Historia larga de contar, pero que de hecho era un atropello inicuo a la fe sencilla de los de Oria, que no merecían que con ellos se hiciera y cometiera aquella ofensa. Obedecieron a lo que se les dijo y no por eso dejó la Misión de dar su mejor fruto.


Todavía fueron tan buenos y sumisos que el último día -6 de mayo de 1951- solo los hombres organizaron una peregrinación al Santuario de la Virgen en procesión de desagravio a la Virgen prisionera. Se reunieron hasta doscientos hombres, que un lunes dejaron todos su trabajo y fueron, unos a pie y otros en caballerías, a más de dos horas de camino para reparar el honor de la madre ultrajada..”. Concluye el cronista con los pormenores de los actos y celebraciones desarrollados: “Allí se le cantó una misa y por la tarde una Salve de despedida. Nunca en la historia del Santuario es probable que haya contemplado la Virgen desde el cielo tantos hombres en gracia de Dios y con más pureza de intención que aquel día final de la Misión”.


Algo más de treinta y seis años después de esta curiosa y detallada crónica, la Pequeñica “viajó” por primera y última vez a Oria en compensación a la actuación del ex alcalde y entonces diputado provincial socialista, Bartolomé Sánchez Moreno, quien gestionó importantes obras de mejora y restauración del Santuario. Fue el 19 de diciembre de 1987, siendo párroco José María Lozar  y alcaldesa Josefina del Águila. En el transcurso del acto de recepción en la Basílica orialeña de las Mercedes se dio cuenta por vez primera de la Bula pontifical de San Juan Pablo II, por la que se otorgaba la coronación canónica, bula que se guarda en el camarín del Santuario de la Virgen que aquel día tal vez estuvo menos prisionera.


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