La Voz de Almeria

Opinión

Que Dios nos ampare

Sentí un ligero temblor en la habitación y pensé, será un terremoto

Caminé hacia la estantería ciega de pasión por hallar un volumen que me llenara.

Caminé hacia la estantería ciega de pasión por hallar un volumen que me llenara.Getty Images

Beatriz Torres
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Leí en un artículo que El Gran Wyoming recomienda la lectura de “Conversación en La Catedral”, una novela de Vargas Llosa a la que considera una obra maestra. Le hice caso y en una de mis visitas a la capital me la compré, y la dejé envuelta en un papel de regalo rojo brillante hasta el día de los Reyes.

Fue mi regalo para iniciar este año tumultuoso. La empecé entusiasmada, pero no conseguí que me enganchara, no comprendía muy bien su manera de expresarse, o no me concentraba lo suficiente para asimilarla, y la abandoné. A pesar de que cada noche duerme conmigo debajo de la almohada, esperando que en un ataque de insomnio la abra y la devore.

No hace mucho, en una entrevista con Boris Izaguirre, me topé con la misma recomendación. Esta vez con más exaltación todavía: “Es como un Don Quijote del siglo XX”. Así la define Boris. Estupendo. Otro argumento más para insistir en leerla. Sin embargo, por la noche, desesperada por tener entre mis manos un libro deseado, me levanté y caminé hacia la estantería ciega de pasión por hallar un volumen que me llenara.

Pasé por todo Raymond Carver, Murakami, Bukowski, Houellebecq, … y me detuve en J.D. Salinger. Saqué de entre los libros bien apretados los unos con los otros un ejemplar de bolsillo de “El guardián entre el centeno”. No sé cuántas veces lo he leído. Su estilo desenfadado, natural y espontáneo me estimula. Comprendo que no publicara más novelas después de esta en su vida. Es insuperable.

Era demasiado tarde y me dije, leeré solo un capítulo, pero llegué al segundo. Miré el reloj de encima de la mesa de noche, iba a ser la una y apagué la luz. Sentí un ligero temblor en la habitación y pensé, será un terremoto. Con la misma calma me acurruqué bien en la cama y elevé mi alma al espíritu, Dios mío, ampáranos.

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