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Almería

La odisea de una familia almeriense para escapar de Dubái: "Nos estaban explotando misiles encima"

Condujeron varias horas en coche hasta Omán y desde allí consiguieron los últimos billetes disponibles en dirección Bangkok (Tailandia), donde están alojándose actualmente

Los almerienses Enrique Hernández, Yenifer Mathinson y su hija Valeria, y la odisea para escapar de Dubái.

Los almerienses Enrique Hernández, Yenifer Mathinson y su hija Valeria, y la odisea para escapar de Dubái.La Voz

Jaime Molero
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La noche en que Estados Unidos e Israel empezaron a lanzar misiles contra Irán, el cielo de Dubái dejó de ser solo un espectáculo de rascacielos iluminados para convertirse en una amenaza real. Una familia almeriense, que reside y trabaja desde la ciudad de Emiratos Árabes, decidió que, pese a no estar relacionados directamente con la guerra, aquellas no eran las circunstancias idóneas para vivir junto a su hija de 8 años.

“Nos estaban explotando misiles encima. Aunque no había colapsos, ni falta de suministros, ni de electricidad, decidimos marcharnos", detalla para LA VOZ Enrique Hernández, almeriense que reside en Dubái junto a su mujer Yenifer Mathinson y su hija Valeria

Varias horas en coche y las últimas plazas de un vuelo

"Cuando vi que Irán había sido atacado, pensé que podía pasar algo. Lo primer que hice fue sacar un poco de dinero en efectivo, unos 4.000 euros, y llenar el depósito de combustible. Siempre es importante disponer de las cosas básicas", cuenta el almeriense. 

En cuestión de pocas horas, esta familia almeriense comenzó a experimentar de primera mano cómo llegaban misiles a otras zonas de Oriente Medio que, si bien no caían en Dubái y eran la mayoría interceptados, fueron la señal que necesitaban para preparar las maletas. Aquí comenzó la odisea de esta familia almeriense para escapar de Dubái, donde el espacio aéreo ya había sido cerrado por seguridad.

"Sabemos perfectamente que en Dubái no hay circunstancias graves. Había gente paseando con total normalidad, pero a nosotros no nos hacía gracia los bombardeos encima de nosotros. Sobre todo, también era la situación de incertidumbre. Daba miedo", apunta.

La ruta de esta familia almeriense para escapar de Dubái.

La ruta de esta familia almeriense para escapar de Dubái.La Voz

Enrique, junto a su mujer e hija, decidieron trasladarse a la zona del desierto, la zona interior de Emiratos Árabes: "Sentíamos que si nos atacaban, irían a por ciudades". La primera parada fue Al Ain, una ciudad ya casi en la frontera con Omán y bastante más alejada de Dubái y las grandes ciudades. 

"Pese a que ya no se escuchaban los misiles y estábamos bastante más tranquilos, había algo dentro de nosotros todavía. Un chico en el hotel dijo que en Omán había movimiento de aviones. Cuando dijo eso, llamé al aeropuerto y nos dijeron que había vuelos, aunque con poca intensidad. Decidimos marcharnos", detalla.

De nuevo con las maletas en el coche, esta familia emprendió el viaje, de unas 3 horas de distancia, hacia el Aeropuerto de Muscat en Omán. "Intentamos comprar los vuelos por internet, pero no había manera. En el mostrador nos decían que estaban todos cancelados. Fuimos muy insistentes, aunque nos decían que volviésemos más tarde. No hicimos caso". 

Finalmente, y tras varias horas de insistencia, esta familia consiguió uno de los últimos vuelos disponibles hacia Bangkok, la capital de Tailandia, que en esos instantes era de los pocos destinos disponibles. En estos momentos, y gracias a las posibilidades que les ofrecen sus trabajos -ambos online-, esta familia puede seguir trabajando desde Tailandia mientras su hija asiste al colegio de forma telemática a la espera de novedades que le hagan poder regresar a su hogar. 

Valeria, hija de Enrique y Yenifer, en la cabina del avión a Bangkok.

Valeria, hija de Enrique y Yenifer, en la cabina del avión a Bangkok.Cedida a LA VOZ

Hoy, ya lejos del estruendo de los misiles y con la rutina reconstruyéndose a miles de kilómetros, Enrique y su familia miran atrás con la certeza de haber tomado la decisión correcta. No huyeron del caos, porque Dubái nunca llegó a colapsar, sino del miedo y de la incertidumbre de una posible escalada. Ahora, desde Tailandia y pendientes de la evolución de la guerra, esperan el momento seguro para volver a un hogar que, por primera vez, sintieron vulnerable.

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