La Voz de Almeria

Opinión

Almería contra los yankees

Desde la Guerra de Cuba, nunca había habido tanta tirantez con EEUU. Almería tiene un pasado muy antinorteamericano, a pesar de la leche en polvo, a pesar de las ayudas que llegaron para el Campo de Dalías

Emigrantes almerienses en la Spanish Society, en 1938.

Emigrantes almerienses en la Spanish Society, en 1938.

Manuel León
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Trump se ha cebado con España -uno diría que con Pedro Sanchez, quizá porque es más guapo que él-y amenaza con un bloqueo a la cubana a las mercancías españolas y a las americanas que nutren a la Península, en represalia por cerrar las bases de Rota y Morón ante la Guerra con Irán. Almería, en teoría, no sufriría mucho: las exportaciones a EEUU, según el último boletín del ICEX, giran en torno a 300 millones de euros, la mayoría piedra, calizas y yeso y en menor medida frutas y hortalizas. A quien le dolería en Andalucía es a los productores de aceite de Jaén, pero a Almería, apenas. Muy poco pimiento llega a Norteamérica vía aérea. En cualquier caso, uno diría que no es el mejor momento para recordarle a la Administración Trump que tienen que llevarse los residuos radioactivos de Palomares.

Uno diría que, desde la Guerra del Cubalibre en 1898, nunca se había alcanzado tanta tensión entre ambos países, cuando España perdió la perla del Caribe a costa de la nueva potencia mundial que alboreaba y por la jugarreta del Maine. Y, sin embargo, a lo largo del siglo XX, EEUU fue un gran protector y benefactor, interesado eso sí, de España: primero, volviendo la cara para otro lado cuando un dictador se encaramó en el poder. Y después con la visita de Eisenhower y los Pactos de Madrid en 1953 en los que se selló una alianza estratégica anticomunista: España permitía la instalación de bases militares norteamericanas a cambio de leche en polvo para los colegios y bendiciendo el régimen franquista. También llegó dinero para el campo de España y para la nueva tierra de colonización de Almería, en total casi 3.000 millones de pesetas para todo el país, con las que pudieron realizar sondeos y perforar pozos en el Campo de Dalías.

Por las bombas de Palomares, los americanos solo compensaron con una desaladora que nunca funcionó y varias medallas a Paco el de la Bomba. Hasta ahí. Miles de almerienses, durante los años 20 del Charleston, salieron en vapores como emigrantes a ciudades norteamericanas, a construir ferrocarriles y a pavimentar ciudades. Los Museos de Terque están llenos de cartas de hombres del Andarax que salieron rumbo a EUUU y que escribían a sus familias hablándoles de la altura de los edificios de Nueva York o de la costumbre de comer perritos calientes por la calle. Un grupo de emigrantes alhameños crearon una sociedad que tuvo allí cierto protagonista y que inspiró un relato de la novelista María Dueñas. De esa huella, dos poblados norteamericanos -en Nebraska y Alabama- conservan el bendito nombre de Almería.

Sin embargo, en esta era trumpista se ha quebrado un siglo de idilio que nació de las cenizas del Maine y del fracaso del comandante Cervera a quien tanto le agradaba venir por Almería en verano a redimirse de aquella frase lapidaria de ‘honra sin barcos’.

Nunca se alcanzó tanto rechazo desde Almería a los yankees como en el mes de abril de 1898, cuando la Guerra de Cuba aún no estaba perdida, cuando los alborotos en las calles eran continuos, con manifestaciones y asaltos a los consulados norteamericanos. En el caso de la capital almeriense, contra el popular Federico Fischer, que representaba en Almería los intereses de EEUU. Le destrozaron la casa, antes de que construyera su célebre cortijo, en la calle Almedina, le robaron el bacalao y la uva de su almacén de importación y exportación. En Garrucha, el alcalde José García Suesa, redactó un bando proclamando la guerra a EEUU y se quemó la bandera americana del consulado. En Vera hubo una manifestación popular bajo el lema ‘Mueran estos cerdos’. En otras zonas de la provincia hubo que hacer un llamamiento a la sensatez para no agredir a los escasos súbditos norteamericanos.

La sangre no parece que pueda llegar al río ahora, era otro tiempo, pero nunca se sabe si Trump sigue apretando a Viriato Sánchez.

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