El Parque y los Jardines de La Hoya, dos joyas de Almería olvidadas
Antes de leer la Carta del director de este domingo, mire las siguientes imágenes que recogen un recorrido único por dos joyas de la ciudad de Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque de La Hoya, en Almería.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.

Parque Nicolás Salmerón.
Para los almerienses el Parque y la Hoya son dos joyas urbanas situadas más allá de la frontera donde comienza el olvido. Pasear por ellas se ha convertido en una excursión a lo desconocido, en una aventura cercana al exotismo. La belleza del Parque y la singularidad de los jardines de la Hoya ven pasar los días desde la monótona indiferencia de quienes los contemplan con la cansada indolencia con que miramos una estatua que siempre ha estado ahí.
Y no debe y no puede ser así. El parque y la Hoya no son escenarios para ser contemplados desde la indiferencia. Son dos espacios llamados a ser paisajes con figuras, lugares de encuentro que propicien el abrazo de los almerienses con su entorno.
Doctores tiene la iglesia, historiadores los institutos y la Universidad, urbanistas el colegio de arquitectos y políticos las instituciones para que pongan el cerebro a trabajar en cómo llenar esos espacios de vida.
Para la arquitecta Lola Miralles “el Parque, por su configuración y el tráfico que le rodea, funciona más como límite que como espacio continuo. El desarrollo Puerto-Ciudad es una oportunidad para corregir esa desconexión propiciando las vías transversales. En cuanto a los jardines de la Hoya- continua Lola Miralles-es un espacio de alto valor paisajístico y arqueológico. Sin embargo, su integración en los recorridos urbanos sigue siendo limitada. El reto es mejorar su conexión peatonal y consolidarlo dentro del sistema de espacios públicos”.
Escuchar a los que más saben es siempre la clave cuando se tienen intenciones de aprender y son ellos, los que saben, los que tienen la obligación de alumbrar con sus ideas lo que durante demasiados años está siendo una zona de penumbra.
Nadie duda que para la recuperación de los jardines de la Hoya es imprescindible que su uso no entre en conflicto con el bienestar de los animales de la reserva de la fauna sahariana. Y para que esa conciliación sea posible es imprescindible que se adopte de una vez la decisión de su traslado a otro escenario en el que ese bienestar sea mayor por disponer de más y mejor espacio. Junta y Ayuntamiento ya lo han buscado. Pues tómese de una vez ya la decisión. En La Hoya hay que programar actividades que atraigan a los ciudadanos y los conciertos y otras iniciativas son un buen camino para que ese espacio forme parte del paisaje de ocio y de recreo.
En Almería somos expertos en la irrazonable contradicción de ignorar lo propio y elogiar lo ajeno. Todo lo que se sitúa extramuros de la cotidianidad que frecuentamos es percibido como un indisimulado objeto de veneración, mientras que lo que nos rodea, aunque tenga un mérito contrastado o una belleza deslumbrante pasa desapercibido.
Viajamos a alguna ciudad de nuestro entorno y siempre regresamos con el desencanto de la comparación: ¿¡Cómo es posible que Granada, Murcia o Málaga hayan sido capaces de desarrollar espacios que han embellecido sus paisajes urbanos de ocio y Almería continúe todavía a la espera!?
Es cierto que nuestros vecinos han ido por delante en la conservación y el desarrollo de históricos o futuros espacios de ocio. Mientras los almerienses se complacían en la comodidad de la indolencia, otras ciudades cercanas adelantaban el paso. El misticismo almeriense resumido en el “necesito poco, y, lo poco que necesito, lo necesito poco” ha sido siempre un refugio en el que esconder la indolencia.
El Parque Nicolás Salmerón y La Hoya son dos joyas que la ciudad y los ciudadanos deben recuperar de forma urgente. Así que manos a la obra.