Ginés Cervantes marca diferencias

Miguel Ángel Blanco
23:53 • 17 abr. 2018

El tratamiento del color y su ebullición. La proyección de la luz. El mundo interno. Los paisajes contemplados ante una realidad transformada. Las formas encubiertas, el sentido singular de los autorretratos… La pintura de Ginés Cervantes (Huércal-Overa, 1939) marca diferencias en un panorama pictórico, sobre todo el almeriense, donde seguimos con la sensación de que el tiempo está detenido por la imposición de retratos de figuras dominantes, que copia literalmente la realidad, que es como falsearla en ocasiones, y se ha convertido en la pintura oficial del momento. Y Ginés Cervantes se mueve por otros derroteros. “La soledad es la principal obsesión de mi pintura”. Los mundos de Ginés Cervantes se pueden descubrir estos días en la exposición “Antológica”, en el Museo de Arte de Almería.


Es significativa la mirada lánguida en “Joven enfermo”, imagen anunciadora de la exposición. Es un reflejo de la trayectoria del pintor, de los caminos recorridos, de la mezcla de desazón, dolor, tragedia e incertidumbre, la duda que acompaña siempre al observador de su tiempo y de todos los tiempos vividos, sin que falte una sorprendente atmósfera poética.


Una destacada novedad en esta exposición es la serie “Autorretratos”, en pequeño formato. En todos hay una mirada encerrada en su propio cautiverio interno, que intenta escapar y que ofrece discursos hacia la realidad más personal, una confesión que honra al pintor. Es uno de los momentos relevantes de la exposición. La evolución de las miradas es expresiva. Las cabezas y los rostros siempre han sido espacios donde la mirada del pintor adquiere mayor resonancia y creatividad, desde un aparente esquema silencioso. El gran rostro trágico de “García Lorca”, por ejemplo. O la dimensión del misterio en “La Máscara”, que se escapa. Las máscaras pueden convertirse en obsesión, no sólo por lo que muestran sino por lo que insinúan y esconden. Aquí están grandes momentos de la relación entre Ginés y sus cuadros.



Hay un acercamiento en ocasiones al mundo clásico (“El bufón”), sensualidad (Eros en el paraíso). Y la abstracción, siempre la abstracción del color como un elemento destacado de la construcción narrativa que realiza el pintor con su obra. Y con el mar, una gran referencia. Ginés siempre está próximo con sus sensaciones a la cercanía de Cabo de Gata y su influencia. A veces el Azul sorprende. Hay caminos en el paisaje que llevan a multitud de sitios, con un horizonte de luces y colores en una danza que muestra la importancia del infinito.


La tragedia en la tauromaquia. A veces con una interpretación de simbolismos. Forma parte de sus mundos de inspiración, sobre todo con el cine, la poesía, la literatura. Y eso e puede interpretar y descubrir por el espectador capaz de sumergirse, uno a uno, en cada momento de la exposición y entrar en diálogo con cada escena. Entrar en la obra de Gines Cervantes es deambular de forma misteriosa por una naturaleza que se mantiene viva y libre. Aquí están los reflejos de las series por las que transita el pintor, que se considera “pintor de series”. Y detrás, su transparencia de aquellos días de la bohemia en Barcelona, la sensualidad ante momentos determinados. Y el regreso al Sur. “El arte siempre ha estado latiendo dentro de mi”.



Todo este mundo pictórico empieza, en el momento en que Ginés Cervantes, según su confesión personal, se sienta frente al lienzo y lo mancha, lo contemplan en silencio y observa cómo la pintura escurre. Hasta encontrarse con la visión del cuadro que se le acerca. Y después, ya se ilumina todo lo demás hasta construir lo que tiene que nacer. De forma personal, libre y sincera. 





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