El cielo gris
He vuelto a ver los cuatro capítulos de la serie “Los pazos de Ulloa”, el final da para pensar en la situación de la mujer

En la serie era preferible meterse a monja que contraer matrimonio aunque fuera con un noble adinerado.
Me encantan los días lluviosos. Estos días grises me han traído a la memoria mi feliz estancia de una semana a finales de verano en Cantabria. Mis paseos por Somo y Loredo, dos pueblos unidos por tierra y por mar. Mis baños jugando con las mareas y el cielo gris, cubierto de hermosas nubes a las que adoro y admiro.
Una tarde de vuelta al alojamiento, después de sonar un trueno, me cayó un chaparrón encima, me empapó entera a pesar de llevar chubasquero. Pero iba contenta de mojarme, miré al cielo y vi un arco iris intenso ¡Dios! exclamé. Aquella tarde al iniciar mi camino les había dicho a mis compañeras que yo encontraba a Dios en la naturaleza, y aquello significó para mí un acto premonitorio de su existencia.
En estos días lluviosos he vuelto a ver los cuatro capítulos de la serie “Los pazos de Ulloa”, dirigida por Gonzalo Suárez, y ese ambiente de bosque oscuro y tormentoso también me ha hecho recordar lo vivido. Es como si llevara ya más de un mes de otoño entre realidad y ficción.
El final de la serie da para pensar en la situación de la mujer. En la que era preferible meterse a monja que contraer matrimonio aunque fuera con un noble adinerado. Un hombre que no va a respetar su sensibilidad, ni su esencia ni su cuerpo, sino que abusará de ella y la maltratará a su antojo como un objeto más de su propiedad.
A nivel personal me sentía deprimida por cuestiones dolorosas que no sabía afrontar. Se lo comuniqué a varias personas amigas, buscando consuelo, ánimo, comprensión, y una monja budista, desde Katmandú, me mandó la canción de Joan Manuel Serrat, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Inmenso poema de Antonio Machado que contiene una profunda reflexión sobre nuestro paso por la vida. Reconfortante en las horas bajas. “Nunca perseguí la gloria ...”