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Siete hermanos, más de 100 descendientes y un pequeño pueblo de Almería: la historia de los García

Una boda dio origen a un encuentro que reunió a familiares llegados desde distintos puntos de España

Reunión de descendientes de 'Garcías' celebrada en Almócita.

Reunión de descendientes de 'Garcías' celebrada en Almócita.LA VOZ

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Una boda, siete hermanos y más de cien descendientes. Son las claves de una historia que ha reunido en Almócita a varias generaciones de la familia García. Algunos llevaban décadas sin pisar el pueblo; otros, como Julia y Gonzalo, son primos hermanos y ni siquiera se conocían. Un encuentro que ha servido para estrechar lazos, recuperar recuerdos y reconstruir un árbol genealógico que se remonta más de un siglo atrás.

La idea surgió hace unos meses, durante la boda de María José García. Allí coincidieron parientes de distintas ramas familiares y Pepe García propuso ir un paso más allá: reunir a todos los descendientes de los siete hermanos de los que procedía la familia. Dicho y hecho. El pasado puente de octubre, familiares llegados desde Barcelona, Valencia, Madrid y Toledo, junto a otros que nunca se habían marchado de nuestra provincia, volvieron a encontrarse en el pueblo que había visto crecer a sus antepasados.

Para encontrar el origen de esta historia hay que retroceder hasta mediados del siglo XIX. Por aquel entonces, en Almócita, José García Castro y Consolación Miranda Polo formaron una familia de siete hijos: Francisco, José, Esteban, Elisa, Inocencio, Manuel y Salvador. Cada uno siguió su propio camino, tuvo descendencia y dio lugar a nuevas ramas familiares que, con el paso de las décadas y por azares de la vida, fueron extendiéndose mucho más allá de las fronteras del municipio.

El trabajo de reconstrucción genealógica, impulsado por otro miembro de la familia, también llamado Pepe García, ha permitido poner nombres y apellidos a buena parte de esos descendientes. El resultado es un árbol que recoge alrededor de 107 familiares vivos, además de varias generaciones de antepasados. La investigación ha permitido incluso remontarse a ascendientes que ya vivían en Almócita a finales del siglo XVIII.

Pero detrás de tantos nombres hay también historias personales. Una de las más especiales tuvo como protagonistas a Julia y Gonzalo, dos primos hermanos que, pese a su parentesco, nunca se habían conocido. Ella, que ya supera los setenta años, no regresaba a Almócita desde que tenía trece. Él, con más de cincuenta, pisaba por primera vez el pueblo del que procedía su familia. Fue precisamente durante esta celebración cuando ambos pudieron encontrarse cara a cara.

La jornada, celebrada en el Salón Municipal del municipio, reunió a todos estos familiares. No faltó una comida compartida, con arroz, embutidos y otros productos, acompañada de música y largas conversaciones entre miembros de distintas generaciones que, en bastantes casos, no se conocían.

Uno de los momentos más emotivos llegó con la proyección de un vídeo elaborado a partir de fotografías antiguas, recuerdos y anécdotas de los García de generaciones anteriores. Imágenes de padres, abuelos y otros familiares fallecidos sirvieron para recuperar episodios de una historia común marcada también por los años de la Guerra Civil y las dificultades de la posguerra.

La celebración reservó igualmente un reconocimiento para dos de las integrantes de mayor edad de la familia: María García Joya, de 89 años, y Consolación García Sánchez, de 91. Aunque ninguna pudo asistir por su avanzada edad, sus familiares recogieron en su nombre unas placas conmemorativas. También fueron homenajeadas Paquita Funes Miranda, viuda de Tristán García, y Pepa, viuda de Manuel García, quienes sí estuvieron presentes en el encuentro y recibieron unas placas y unas plantas como recuerdo de la jornada.

Y es que, pese al paso del tiempo y a la distancia, buena parte de los García nunca ha dejado de sentirse vinculada a Almócita. Varias de las viviendas que pertenecieron a los siete hermanos siguen identificadas y algunas permanecen todavía en manos de sus descendientes. Otras desaparecieron o cambiaron de propietarios. La gran incógnita sigue siendo localizar la casa en la que vivieron los antepasados que dieron origen a esta extensa familia.

La reunión permitió además poner frente a frente a distintas generaciones. Desde los mayores, que conservan recuerdos directos de la vida de sus antepasados, hasta Jaime, de tan solo nueve meses, el García más pequeño, que representa la continuidad de una historia familiar que sigue escribiéndose.

La experiencia ha dejado tan buen recuerdo que ya se ha planteado la posibilidad de repetir el encuentro el próximo año. Porque, más allá de reconstruir un árbol genealógico, los García han conseguido algo que consideran todavía más importante: recuperar los vínculos entre familiares que el tiempo y la distancia habían separado, y demostrar que sus raíces siguen estando en aquel pequeño pueblo de la Alpujarra almeriense.

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