‘La bola negra’: recordar hacia mañana
La película de Los Javis nos invita a mirar el pasado y a preguntarnos por la fragilidad de nuestros derechos

Miguel Bernardeu y Guitarricadelafuente en una imagen de ‘La bola negra’.
Todo el mundo está hablando de La bola negra y, la verdad, no es para menos. Yo tampoco voy a ser la excepción. Los Javis han creado una obra de arte: una película rodada en 35 milímetros que se te mete poco a poco bajo la piel y cuya atmósfera sigues respirando mucho después de salir del cine.
Podríamos pasar horas hablando de la película en su conjunto o detenernos en los detalles que la sostienen. En la crudeza poética con la que narra la guerra, la segregación y el rechazo, pero también el amor. En las interpretaciones, la conmovedora banda sonora y la fotografía. En los referentes culturales que la enriquecen y en su delicada cercanía con la obra de Federico García Lorca.
Podríamos hablar de la fuerza de los diálogos, de la recuperación de la memoria histórica y de la reivindicación del colectivo LGBTI+. Del baile y del simbolismo. También de quienes se secaban las lágrimas en la sala y de los aplausos al terminar la proyección. Podríamos hablar de todo eso y de mucho más.
Pero hoy quiero detenerme en una sensación que me acompaña desde la primera vez que la vi: el miedo a que algo así pueda volver a suceder. La conciencia de lo frágiles que pueden ser los derechos y las libertades que damos por sentados.
Hay una escena en la que Nené Romero, interpretada por Penélope Cruz, le pregunta a Sebastián, a quien da vida Guitarricadelafuente:
— ¿Tú de qué bando eres?
— Soy nacional… bueno, me pusieron un fusil en la mano y me mandaron aquí.
Ese intercambio, que transcurre sin énfasis y que ambos personajes parecen asumir con naturalidad, dejó una pequeña fisura en mi corazón. Solo podía pensar en cuántos recibieron un fusil y unas órdenes que debían cumplir para no ser considerados traidores. Cuántos acabaron sirviendo a una causa que quizá no compartían o que ni siquiera comprendían. ¿Cuántas personas tuvieron que elegir un bando solo para sobrevivir?
La escena me llevó también a los conflictos armados en Colombia. A los soldados que mueren en el frente y a las desigualdades que condicionan quiénes terminan allí. A los niños y jóvenes que ingresan en las filas guerrilleras, algunos buscando comida o una salida a la pobreza, otros reclutados por la fuerza. ¿Cuántos llegan a entender la lucha en cuyo nombre les exigían combatir?
Y me pregunto: ¿cuáles son los fusiles de hoy? Pienso en los discursos que algunos jóvenes hacen suyos sin interrogar su origen ni sus consecuencias. En la facilidad con la que se elige un bando cuando la pertenencia pesa más que las preguntas. En quienes reivindican episodios de nuestra historia desde el privilegio de no haber sufrido sus violencias.
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La bola negra también me hizo pensar en eso: en cómo la guerra convierte vidas concretas en piezas al servicio de una causa. En las familias que separa, los derechos que arrasa y los jóvenes a los que enfrenta hasta hacer que se maten entre sí. Los Javis narran ese horror con una sensibilidad y una elegancia visual que lo vuelven aún más perturbador.
Así es el buen arte, te interpela, te conmueve y te hace hablar de él; por eso todo el mundo está hablando de La bola negra, es imposible no hablar de ella cuando es tan evidente la necesidad de poner ciertos temas sobre la mesa.
Porque hay películas que se hacen para entretener y otras que te acompañan durante días. Se instalan en el pensamiento, te incomodan y te obligan a mirar el mundo de otra manera. Esta pertenece a la segunda de esas categorías. Ojalá La bola negra llegue a muchas personas. Ojalá despierte la curiosidad por conocer nuestra historia, por comprender cómo se construyeron sus violencias y cómo llegaron a aceptarse. Recordar también exige hacernos esas preguntas.
Por último, quiero traer las palabras que Lorca escribió en Así que pasen cinco años: “Hay que recordar, pero recordar antes”. Y unas líneas después: “Sí, hay que recordar hacia mañana”. Ojalá cuando recordemos hacia el mañana seamos conscientes del ayer para no repetir los mismos errores.