El ser querido duele
Desde el primer plano se me hizo un nudo en la garganta

Javier Bardem y Vicky Luengo consiguen transmitir esas tensiones emocionales tan frecuentes en las relaciones familiares.
Casi me atropellan con un patinete eléctrico. Iba a cruzar una calle y el patinete pasó como una bala delante de mis narices. No quiero ni imaginarme qué hubiera sido de mí si me hubiera llevado por delante. Quizá hubiera muerto o estaría hecha polvo con huesos rotos y magulladuras por todos lados. De esta forma reconocemos que la vida es un milagro.
Un milagro doloroso si tenemos en cuenta las relaciones humanas que vivimos desde que nacemos. Vi “El ser querido” y desde el primer plano se me hizo un nudo en la garganta, contenido durante toda la proyección para no estallar a gritos. Sentir profundamente la imposibilidad o la incapacidad de comunicarse con un ser querido. El dolor de cada gesto, palabra, mirada, y por mucho que se disimule las heridas siguen abiertas.
Cómo enfrentarse a esa situación y avanzar en esas relaciones tan complicadas y viscerales. Cómo iniciar ese proceso de humildad y reconocimiento de nuestros errores sin buscar justificaciones ni culpables.
Javier Bardem y Vicky Luengo consiguen transmitir esas tensiones emocionales tan frecuentes en las relaciones familiares. Los admiro. Y como escuché a Candela Peña en La Revuelta, yo quiero ser Javier Bardem. Es mi prototipo de ser humano. Lo adoro. Es más, todavía recuerdo que hace años echando la siesta una tarde de verano en una de las literas de mis hijos, soñé con él. Nos besamos. Es mi recuerdo de enamorada.
Aquella noche, después de ver la película, caminé triste y cabizbaja por la ciudad. La fiesta continuaba a mi alrededor pero yo me sentía sola y enajenada. Me paré en un garito y conocí la cerveza Milnueve. Me gustó y me tomé dos. Lo suficiente para irme contenta a la cama.
Y esta tarde se presenta en el CAF “Fantasía occidental, Silvio y Sacramento, rock bajo palio”. Stand By Me.