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Opinión

La casa rosa llora: Almería pierde alegría sin Andy

La casa más llamativa del entorno del Santuario de la Virgen del Mar llora a uno de los suyos: ha muerto Andy

La casa rosa de la calle Gravina.

La casa rosa de la calle Gravina.

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En Almería los edificios singulares los podemos contar con los dedos de una mano y media. Está la Casa de las Mariposas, alguna de las casas de la plaza Bendicho y la casa rosa de la Calle Gravina. Si estos días ven esta última más apagada, sepan que hay motivo. Si el Cautivo de su azulejo llora más de lo especial, conozcan la razón. La casa rosa está de luto. La casa más llamativa del entorno del Santuario de la Virgen del Mar llora a uno de los suyos. Ha muerto Andy. 

El fallecimiento de cualquier persona es un duro golpe, que sea joven aumenta el varapalo y que sea alguien conocido deja a muchos en shock. Es exactamente lo que ha sucedido en Almería con Andrés Felices Escobar, Andy. Padre de 'La Dehesa Gourmet de Andy' e hijo del imprescindible Andrés Felices de Río Preto, Andy ha dejado un vacío que amigos, familiares y clientes, no saben cómo gestionar. 

Al primero que le ha debido sorprender todo esto cuando haya aparecido Andy por la garita de San Pedro es a Juan Antonio Barrios, amigo de la familia y predecesor de Felices padre en el cargo de hermano mayor del Prendimiento. Lo habrá recibido cámara en mano, para hacerle un reportaje en el boletín que lean allí arriba, claro. 

Andy estaba a punto de cumplir los 39 años y tenía una hija. Su adiós ha dejado una profunda tristeza en varios puntos de la ciudad. No en vano, quienes le conocían saben que Andy era la alegría personificada. El 'carpe diem' hecho hostelero, vecino, amigo. Y cuando la alegría se va, solo queda el silencio.

Y silencio es, precisamente, lo que debería existir para acompañar al respeto. El shock que ha causado esta muerte en buena parte de la sociedad almeriense no debe justificar otro tipo de comportamientos que nos retratan a todos un poco como sociedad. 

Algunos mensajes, con rumores y más rumores, llegaban con esa advertencia de WhatsApp que reza "Reenviado muchas veces". Y es eso lo que nos tiene que hacer reflexionar un poco a todos. Por una larga lista de cosas que no debemos dar por obvias: la primera de ellas es, simple y llanamente, que a nadie nos importa de qué ha muerto un chaval de 39 años. La segunda es que el respeto está por encima de todo, y nadie debería reenviar o comentar lo que no le gustaría que dijesen de su propia familia. 

En cualquier caso, la información oficial es una y todo lo demás son bulos, rumores y otros animales fantásticos que solo sirven para alimentar el morbo. Seguramente, incluso en este medio hemos medido mal en esta o en otras ocasiones la cantidad de información oficial a compartir. Y ese "reenviado muchas veces" tiene que servir para hacernos pensar, para plantearnos si ante esos bulos hace falta más información oficial. O si el respeto a la familia y al difunto solo debe pagarse con silencio. Seguramente, no hay una forma correcta de hacerlo. Seguramente...

Pero lo único seguro que hay aquí, ahora, es el dolor de una familia, el adiós de Andy y, con ello, el vacío de alegría que hay ahora en el ambiente.

La puerta de su bar se ha llenado de despedidas anónimas, y sus palabras son las únicas que deben reenviarse muchas veces. Porque merecen la pena. Aquí algunas de ellas: “Andy siempre en nuestros corazones”. “El niño de la sonrisa infinita”. “Siempre te recordaremos con tus vinos afrodisiacos y tu feliz Halloween”. “Te vamos a extrañar mucho”. “Vuela alto amigo”. “Sigue repartiendo alegría allí arriba”.

Esos son los mensajes que quedarán retumbando en la Avenida de Montserrat. Esa es la verdad de Andy Felices, el niño alegre cuyo adiós ha roto todos los esquemas. Esos son los reenviados que deberán seguir volando alrededor de la figura de un hostelero conocido y querido por muchos.

Ahora solo queda el abrazo sin palabras a la familia y a los amigos. Regar el buen recuerdo en la pequeña Triana. Rezar delante de sus devociones del Prendimiento. Seguir felicitando Halloween.

Y, sobre todo, darle cariño a la casa rosa. Cariño, espacio y tiempo: ahora necesita tiempo para recuperar la alegría que no debió perder tan pronto, tan repentinamente, tan así.

Así que disculpen a la casa rosa, y permitan el extraño silencio al pasar por Río Preto, tan habituado a hacer sonar los sonidos de cada época del año. Perdonen las molestias. Pero es que a estos y otros rincones de Almería se les ha ido la alegría. La alegría de Andy.

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