Los matrimonios rotos
Cuando estás enamorada no necesitas que te digan nada, al contrario, no quieres escuchar nada

Hace unos días me encontré un artículo sobre Átame, la extraordinaria película de Almodóvar con Victoria Abril y Antonio Banderas de 1989.
Mi matrimonio está roto, me dice una ciudadana en la ventanilla de atención a la ciudadanía. Al escuchar esas palabras me estremezco. Si yo te contara, y me escribe en un folio: Mi matrimonio está más que roto y enterrado desde hace más de una década. Sin embargo continuamos juntos por pura inercia.
El cariño, el respeto y el amor desaparecieron de mi relación. Voy a salud mental, al psicólogo y al psiquiatra. Todas las noches tomo antidepresivos y ansiolíticos. No puedo dormir. Necesito un abrazo fuerte, de verdad, que me transmita calor, y me dé la paz que me falta, pero no hay nadie a mi lado que pueda dármelo.
Es triste vivir así, estancada en una relación tóxica. Sin dar un paso hacia adelante. Sin resolver esta situación angustiosa y estéril para ambos. Pero la comodidad y el miedo a sufrir nos lo impide. Sin embargo es inevitable sufrir. Hay que sufrir. Sin sufrimiento no aprendemos y no hay que tenerle miedo. Hay que afrontarlo.
Hace unos días me encontré un artículo sobre Átame, la extraordinaria película de Almodóvar con Victoria Abril y Antonio Banderas de 1989. “Intentaré ser un buen marido para ti y un buen padre para tus hijos”, declaraba el joven protagonista con toda la bondad y sinceridad del mundo. No sé lo que hubiera dado yo por escuchar eso alguna vez en mi vida.
Pero como el amor es ciego, cuando estás enamorada no necesitas que te digan nada, al contrario, no quieres escuchar nada, solo quieres dar, amar por encima de todas las cosas y ese amor todo lo tapa, no ves nada, estás ciega de amor y loca también, como Juana la Loca, “loca, sí, pero loca de amor”, que diría la reina Juana, gritando en palacio, enloquecida de indignación, traspasada por el dolor del amor no correspondido. Del amor herido de muerte, ensangrentado, sin consuelo.