Manuel Martín Cuenca: “Los premios pueden ayudar a levantar tu próxima película”

Evaristo Martínez
21:53 • 13 dic. 2017

Apenas tres horas después de conocer las nueve nominaciones a los Goya de El autor, Manuel Martín Cuenca está a punto de volar a La Habana, donde va a presidir el jurado de la sección ‘Primera Copia’ del 39º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.



Tras los festivales de Toronto y San Sebastián y las nominaciones a los Forqué y los Feroz, la presencia destacada en los Goya es una consecuencia lógica para uno de los filmes españoles de la temporada.
No te creas. Los festivales son mundos distintos: hemos estado en Toronto, Donosti y Busan, en Asia, en el que solo había dos películas españolas: la nuestra y Verano 1993. Y las nominaciones, sobre todo en España, van por otro lado y a veces no tienen que ver. Con Caníbal sí coincidieron pero La mitad de Óscar, por ejemplo, tuvo un gran paso por festivales y no tuvo repercusión en la industria.



Es algo que trato de no pensar demasiado, no me planifico: el anuncio de los Forqué y los Feroz me pilló viajando y en la lectura de los Goya no he podido estar porque me voy a Cuba.



Estamos felices por lo que nos ha tocado, que es maravilloso. En cualquier caso, yo soy de los que se ponen siempre en lo peor, así que si luego hay algo, la alegría es mayor.



Cualquier lista es injusta. ¿Cuál de las nominaciones le hace especial ilusión y cuál extraña?
En todos los premios hay un punto de suerte y por eso me gustaría recordar propuestas como el documental Converso o largometrajes como Abracadabra o No sé decir adiós, que se han quedado fuera de mejor película.



Me he alegrado mucho por el sonido, algo que hemos trabajado mucho, y me da pena que no estemos en fotografía, vestuario o dirección artística, donde se suelen nominar a películas de época. O incluso montaje: parece que si una película no tiene muchos planos, no hay montaje, y aquí hay un trabajo excepcional. La labor del montador [Ángel Hernández Zoido] ha sido fundamental. Antes le decía de broma que para que lo nominen vamos a tener que rodar una de acción.



Por eso me alegran mucho por esas nominaciones que no son evidentes. Javier Gutiérrez ha hecho un trabajo maravilloso, era algo que podíamos esperar, pero por ejemplo que esté Adriana Paz como actriz revelación no era lo obvio.



¿Qué le está aportando El autor?
Lo que más me gusta de los premios es poder disfrutarlo con los amigos y con el equipo. Los premios se olvidan pero te dejan esa sensación de que te pueden ayudar a financiar la siguiente película, son como una carta de presentación. Yo ahora estoy intentando levantar una y me está costando horrores.


Junto a su película optan al Goya a mejor filme del año Handia, Verano 1993, La librería y Verónica. Títulos que reflejan la diversidad de propuestas del cine español en este año.
Y no están nominadas a mejor película las de Pablo Berger, Agustín Díaz Yanes o Fernando Léon de Aranoa, gente que tiene muchos goyas. Lo maravilloso del cine español es que es muy variado: están esos títulos pero también No sé decir adiós o los documentales Converso y Muchos hijos, un mono y un castillo. 


Para el país que somos y el dinero que tenemos, buen cine hacemos. No tendremos un ejército como el de Estados Unidos ni podremos construir Boeings ni rodar El señor de los anillos pero sí tenemos diversidad. Ya lo vimos el año pasado, con películas como Tarde para la ira o Que Dios nos perdone.


Me gustaría que la gente se reconciliara con el cine español, que caiga el tópico de 'no me gusta el cine español'; que lo pensaran un poco y vieran que hay de todo, que te puede no gustar esto o aquello, o este o aquel director, pero hablar del cine español en general es como decir que no te gusta España.


¿Cómo afrontará los meses que quedan hasta los Goya? ¿Se refugiará en el trabajo?

Sí, ahora voy a La Habana para presidir el jurado de un festival y de ahí saltaré un par de días a Florida para continuar rodando The Miramar Murders, un documental sobre Pablo Ibar, el español en el corredor de la muerte que ahora afronta un nuevo proceso. A partir de enero volveré allí, ya que el juicio vuelve a repetirse en marzo. Es algo muy intenso: 23 años después puede ser inocente. Una de esas historias que te colocan en tu sitio.


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