Las obras del AVE relanzan la riqueza de un desconocido yacimiento romano en Los Gallardos
Cadima debe excavarse para ser referente patrimonial y atractivo turístico de la provincia

Villa romana de Cadima en Los Gallardos.
Hasta el próximo domingo se pueden contemplar algunas piezas del yacimiento de Los Gallardos en el Centro Andaluz de la Fotografía (CAF). Una iniciativa que promueve un diálogo innovador entre el patrimonio arqueológico y la creación fotográfica. Se recoge, con las obras de David Jiménez, testimonio de la presencia de la antigua Roma en el sudeste andaluz. El papel que jugó Cadima como "villae", explotaciones agropecuarias y residencias rurales, que florecieron en el Levante almeriense durante el dominio del Imperio Romano, está todavía por descubrir y desvelar. “Seguramente fue mucho más importante de lo que se cree. Más de la mitad del urbanismo que lo componía ha sido arrasado y destruido por las envestidas del río de Aguas y la boquera de la Huerta de Don Juan, entre Turre y Los Gallardos. Habría que actuar y empezar su excavación y puesta en valor”, advierte el profesor y editor Juan Grima Cervantes. “No cabe duda que, si las ruinas ibero-romanas de Cadima estuvieran en otro lugar, estarían excavadas y serían un atractivo turístico y una referencia histórico-patrimonial de nuestra provincia”, denuncia Grima.
Las labores de vigilancia medioambiental y arqueológica realizadas entre 2009 y 2013 para las obras del AVE, revelaron una enorme riqueza patrimonial en el gran desconocido yacimiento romano de Cadima en Los Gallardos. “No solamente por los espectaculares hallazgos arqueológicos sino también por los restos etnográficos o paleontológicos. Sin embargo, con diferencia, el hallazgo más relevante de la campaña de vigilancia arqueológica fue la intervención en la villa romana de Cadima. Este yacimiento era conocido desde época antigua por las evidencias recuperadas en superficie y, sobre todo, por las estructuras erosionadas al borde del río Aguas. En el inicio del proyecto, la traza del AVE afectaba a la parte más noroccidental del asentamiento”, según los arqueólogos, Óscar López Jiménez, responsable del departamento de Asesoría de Patrimonio Cultural para Adif, coordinando todos los expedientes relacionados con elementos del Patrimonio Cultural afectados en las actuaciones de toda la red ferroviaria española y Victoria Martínez Calvo, directora de proyectos de GIPSIA, S.L, consultora de ámbito internacional en el campo de la arqueología, gestión de patrimonio cultural y geofísica aplicada. Ambos coordinaron en Los Gallardos los trabajos de asesoría técnica arqueológica para la construcción de la Línea de Alta Velocidad Murcia-Almería, tramo Vera-Los Gallardos y los trabajos de la villa de Cadima. Así lo expresan en el libro, Los Gallardos. Mucho más que cien años de historia, editado por el Instituto de Estudios Almerienses.
La intervención arqueológica comenzó con la primera campaña de excavación entre 2009 y 2010 en la propia traza del ferrocarril, rememoran. El resultado fue la aparición de estructuras arqueológicas distribuidas en un espacio de algo más de 2.200 m2, dedicadas a la producción de alimentos y procesado artesanal. Esta zona, denominada la pars rústica (o área de trabajo), se dedicaba al procesado de la oliva para la obtención de aceite, el almacenaje de ánforas y, posiblemente, a trabajos de alfarería y textiles.
"De este espacio destacan los restos de un torcularium o almazara que conservaba los espectaculares contrapesos, las balsas de decantado y diversas estancias relacionadas con el almacenaje, proceso y envasado del aceite, que permitían una producción muy abundante", subrayan en el amplio y riguroso trabajo. Las medidas complementarias impuestas por la Junta de Andalucía proponían complementar el estudio de la zona afectada con trabajos de igual extensión en la zona nuclear del asentamiento. Así, entre 2012 y 2013 se realizó una campaña de intervenciones que descubrió en su casi totalidad la zona noble de la villa. Estos trabajos revelaron más de 2.200 m2 de una estructura de gran complejidad que correspondía a la pars urbana (o área noble).
"Se trataba de una edificación organizada en torno a un patio central, posiblemente ajardinado y con piscinas ornamentales, decorado con estucos y del que, incluso, se pudieron recuperar fragmentos de las estatuas de mármol que debieron adornarlo en su momento. Alrededor de este patio se repartían diversas habitaciones, destacando la oficina que conservaba aún restos de un elegante mosaico de motivos geométricos".
"En la zona más cercana al río, se recuperó gran parte de un complejo termal. Por detrás de estas estancias aparecen además otros cuartos para el servicio y las actividades de mantenimiento de la casa, así como otro patio más pequeño protegido con un pórtico junto con diversos elementos de almacenaje”.
“Los materiales recuperados en la parte noble de la vivienda son muy variados. Si bien hay muchas evidencias de elementos utilizados en la cocina, como cántaras, tinajas y orzas para almacenar alimentos, abundan también otras piezas de factura mucho más delicada. Desde la vajilla de lujo representada en los diversos tipos de terra sigillata (cerámicas de mesa realizadas a molde y acabadas con un barniz brillante en tonos anaranjados o rojizos) a elementos de bronce, hierro, monedas, restos de pinturas murales o los citados restos de estatuas de mármol. Entre ellas, destaca un fragmento de un Hércules”.
“La ocupación en ninguna de las dos zonas fue corta. Las evidencias mostraban que los primeros elementos se pueden remontar al siglo II, concentrándose de manera muy importante en los siglos III y IV. Tras este momento, el conjunto inicia un lento deterioro en el que numerosas estancias son abandonadas, cerradas o remodeladas y se va reduciendo el uso de las instalaciones hasta que en algún momento del siglo VI se abandonan por completo…”.
El trabajo hace referencia a que sepulturas estaban dispuestas según el rito islámico, sobre el costado y con la cabeza orientada al este, hacia La Meca. Y concluyen: “En definitiva, la excavación de la villa romana de Cadima supuso un acercamiento al conocimiento del poblamiento romano en el área del que sólo se tenían indicios. Además, la intervención completó la secuencia de ocupación de la zona, con la inesperada aparición de niveles islámicos”.