Almería en los tiempos del covid-19 (XXIV): La chica de Ipanema

Los terraos  sirven estos días, no solo para tender la ropa, también para hacer gimnasia, mirar el horizonte o tomar el sol.
Los terraos sirven estos días, no solo para tender la ropa, también para hacer gimnasia, mirar el horizonte o tomar el sol.
Manuel León 09:00 • 14 abr. 2020

Hace unos cuantos años, cuando estudiábamos fuera porque no había UAL y se nos caía un botón de la camisa, corríamos a una cabina a telefonear a nuestra madre a cobro revertido para preguntarle cómo pegarlo. Ahora, todas las respuestas a nuestras incertidumbres están en San Bruno (California). Allí reside el demiurgo que gobierna nuestras vidas con sus videos para todo. En YouTube está el universo entero, como en una gota de rocío, y es el mejor amigo del hombre -con permiso del perro- en este ‘coronatiempo’ que nos ha tocado amansar. 


Hay tutoriales de cómo cocinar patatas a la brava - ¿para cuándo los de chérigan? - cómo cantar el Resistiré sin desentonar cuando llegas al “junco que se dobla, pero siempre sigue en pie” o de cómo pintar con granos de café. Los actores del video pueden ser desde niñas de seis años a ancianos de 90, ahítos de enseñar alguna habilidad en estos días de clausura carmelita. 


En este sentido, hay un tipo en Mojácar que ha adquirido cierta notoriedad estos días por sus videos bravos sobre consejos sexuales, sobre cómo hacer feliz a la compañera o al compañero en la cama o en el sofá, ayudándose de diversos potingues, aparatos e imaginación. Y me ha recordado, el vecino mojaquero, a aquel otro entrañable vecino camionero del pueblo de Antas, que fue quien realmente creó escuela en la provincia sobre consejos  íntimos con su programa en una tele local. Se llamaba el espacio de marras “Galera al aparato contesta a todo trapo”. Galera manejaba con simpatía rural todas las claves de las relaciones de pareja y recibía un sinfín de llamadas cada noche. “Está el teléfono que revienta”, susurraba dichoso como el que tiene miel en los labios; o “señora, parece que está usted un poco atmósfera” (sic); o, de pronto, se soltaba con alguna de sus frases legendarias: “El urólogo es el que corta y el podólogo el que capa”. 


Parece que los tutoriales que más visualizaciones están teniendo estos días confinados, en esta ciudad sin bares y sin abrazos, son los de cómo hacer panes y bizcochos. Me confirma mi tendero que tiene que reponer a diario harina y levadura. Uno se imagina, por eso, a media Almería amasando y horneando pan todo el día en la cocina como seres neolíticos y la simpática Colette, en Twitter, sugiere que, ya puestos, salgamos a lavar al río, molamos el trigo y forniquemos en los pajares. Si el pan se puede hacer en casa, si todo se puede hacer en casa, por qué no hacer excursiones en casa o ir a la playa en casa, para elegir el momento tenemos, erre que erre, al hombre del tiempo informándonos sin tregua de borrascas y anticiclones.



Una de las excursiones más gratas es la de ir a tender a la azotea y aprenderte de memoria el color del pijama colgado con pinzas de cada vecino, al menos el de los que se lo cambian. Hay quien va a la playa también a la azotea. El sábado me encontré allí tumbada a una vecina en bikini, sobre una toalla estirada sobre la tela asfáltica, con su bote de bronceador y sus auriculares puestos. “Aquí, en la playa”, me dijo ‘La chica de Ipanema’ con una sonrisa tan contagiosa como el covid-19.  Esta primavera, si el tiempo no lo impide, las blancas azoteas almerienses a las que cantara Celia Viñas se pueden convertir en una extensión de las arenas del Zapillo.



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