Julio Iglesias en la caseta de la Feria
Fue una de las estrellas de la Caseta Popular en 1970, poco después de ir a Eurovisión

Julio Iglesias con Pepe Bermúdez, dueño de Play Boy, en una de las noches que pasó por la discoteca del piso bajo del Gran Hotel.
Cuando Julio Iglesias apareció por Almería para la Feria de 1970, el cantante había iniciado ya una fulgurante carrera y en solo unos meses se había colocado a la cabeza de las listas de éxitos. Ese año había llegado a los cines su película ‘La vida sigue igual’, que en Almería se estrenó el sábado 24 de enero en el cine Roma. Recuerdo aquel fin de semana, las colas que se formaron en la calle de la Reina delante de la taquilla para ver al nuevo ídolo nacional junto al humorista Andrés Pajares, que ya triunfaba en la televisión.
‘La vida sigue igual’ fue un éxito tan rotundo en Almería que estuvo dando vueltas por los cines durante dos temporadas. Del Roma pasó al cine Los Ángeles y en verano fue la que más público congregó en las terrazas.
Julio Iglesias vino a Almería en agosto, después de su triunfal debut como actor y después de haber conseguido una brillante cuarta plaza en el Festival de Eurovisión, con la canción ‘Gwendolyne’, que todos nos aprendimos de memoria de tanto escucharla en la radio. El 26 de agosto de 1970 se subió al escenario de la Caseta Popular para cautivar al público con sus canciones y con su estilo. Era la gala número veintitrés del mes de agosto, lo que quiere decir que el cantante no tuvo apenas un día de descanso, recorriendo España de una punta a otra en cuatro semanas.
Julio regresó dos años después a la Feria, esta vez con el cartel de no hay billetes en la taquilla. En aquellas primeras incursiones que hizo a Almería, el artista paró en el Gran Hotel, que unos años antes se había inaugurado para recibir a las estrellas del cine y de la canción que pasaban por nuestra tierra. Dormía en el Gran Hotel y celebraba la madrugada en la discoteca Play Boy que estaba en el sótano, arropado por Pepe Bermúdez, el dueño del establecimiento, que era un experto codeándose con los más grandes.
La Caseta Popular era en aquellos años el escenario principal de la Feria, el lugar por el que pasaban los mejores cantantes. El ayuntamiento tiraba la casa por la ventana en agosto para traer a los grandes a la caseta, sabiendo que la mayoría de las veces acababa perdiendo dinero porque entonces funcionaba más de la cuenta el reparto de invitaciones y los compromisos sociales. Es verdad que se llenaba el recinto, pero la mitad de los asistentes habían entrado sin pagar.
El primer indicio de que la Feria estaba a la vuelta de la esquina lo descubríamos aquella tarde que de camino a la playa nos encontrábamos con el grupo de obreros que estaba empezando a levantar la fachada de la Caseta Popular. Era la portada más importante cuando apenas existían las casetas particulares, era el auditorio oficial, el recinto sagrado.
En aquellos años setenta, por la Caseta Popular pasó Massiel cuando estaba en su apogeo años después de haber ganado el Festival de Eurovisión, Rumba 3, que estaba pegando fuerte, Mocedades, que era uno de los grupos de moda, Georgie Dann, que era el rey de las canciones del verano y Los Puntos, que habían alcanzado los primeros puestos en la lista de éxitos.
La Caseta Popular era una de las grandes atracciones de la noche, el lugar por donde todo el mundo pasaba, que además arrastraba la tradición de los años. Se creó en la posguerra y sobrevivió durante todo el Franquismo, la Transición y la democracia. Se puede decir que la Caseta Popular vino a contrarrestar los bailes de gala del Casino en una época en la que la gente necesitaba divertirse para olvidar las penas. La primera vez que la montó el ayuntamiento fue en agosto de 1948 y tuvo tal éxito que al año siguiente se convirtió en la principal atracción del Real de la Feria. La instalaban cerca del espigón de Levante, enfrente de las escalinatas del Puerto. Una semana antes de que empezara la feria ya estaban los obreros montando la gran caseta para recibir a toda clase de públicos.
Allí tocaban todas las noches dos orquestas con sus vocalistas correspondientes. Fueron muy célebres la orquesta del maestro Barco y la del maestro Orozco, con las que actuaba la almeriense Mary Ortiz, una joven del barrio de San Roque.
En la feria del 49 la comisión de festejos invirtió para hacer de la caseta el lugar de referencia de los almerienses, haciendo especial hincapié en la iluminación, en llenar el recinto de farolillos y bombillas y que la luz no fallara como había ocurrido un año antes, cuando cada media hora había que parar el baile por culpa de un apagón. Para aprovechar aquella infraestructura de hierros y madera, la caseta seguía en pie hasta el mes de octubre, reconvertida en escenario de veladas de boxeo.