Encierran al hijo en un trastero por miedo a coger el Covid

El joven había llegado desde Madrid, donde estudiaba, pero sin síntomas

Control de tráfico de la Guardia Civil.
Control de tráfico de la Guardia Civil. La Voz

Almería ha vivido en su particular guerra contra el coronavirus momentos de miedo, de dolor,  psicosis y tensión ante la pandemia, la cuarentena, el confinamiento, la proliferación de casos, la hospitalización de cientos de personas y también la muerte de decenas de ellas. Frente a ello, también ha disfrutado de momentos emotivos y situaciones que demuestran que muchas veces lo mejor de nosotros sale a la superficie en los peores momentos.


Los aplausos al personal sanitario que se ha jugado la vida, o a los enfermos que han superado la enfermedad en muchos casos tras meses de lucha son algunos ejemplos de ello. A continuación, recogemos algunos de los testimonios más significativos de lo que ha sucedido en la provincia durante estos meses, contado por algunos de los héroes de la batalla de Almería.


José Miguel Garrido, enfermero y voluntario de Protección Civil, que además ha fabricado y entregado equipos de protección, y ha formado a sus compañeros en las residencias de mayores, explica que durante estos meses ha tenido conocimiento de todo tipo de hechos fuera de lo normal, provocados en muchos casos por la tensión causada por la pandemia.


Muchos de los más ‘extraños’ sucedieron en los primeros días del estado de alarma, cuando mayor era el nerviosismo entre la población y cuando se dispararon las llamadas a los servicios sanitarios.  En concreto, explica que desde Almería fue atendido por teléfono un matrimonio que había encerrado en un trastero del garaje durante varias horas a su hijo de unos 20 años, que acababa de llegar de Madrid, donde estudia una carrera universitaria, por miedo a contagiarse, pues estaban convencidos de que tenía el virus , ya  que la capital de España es una de las ciudades más afectadas por la enfermedad.




Sin síntomas


El padre del joven confesó que era su pareja la que no le permitía  salir del trastero, a pesar de que este aseguraba, como realmente sucedía, que no tenía ningún síntoma, al igual que todos sus compañeros de piso en Madrid. Finalmente, los profesionales, tras hablar con el hijo desde el trastero, consiguieron convencer a los padres para que le dejaran salir.


Garrido añade que durante esos primeros días de mayor psicosis ante el virus, según ha conocido, también se atendió desde Almería aun hombre que aseguraba que su bebé de cuatro meses tenía un grave problema de salud. Tras confirmar que los síntomas eran de gravedad, se le instó  a que acudiera con el pequeño a los servicios de urgencia de un hospital.  “La respuesta del padre fue escalofriante: ‘prefiero que se muera el niño antes que ir a un hospital’, explica el enfermero almeriense.  Los profesionales intentaron convencer al padre de la seriedad de la situación, le ofrecieron una ambulancia para el traslado aunque le siguieron recomendando que llevara al niño al hospital, aunque no hubo forma de que accediera.


Cenizas de un familiar 


Otro de los relatos más conmovedores de los héroes de la batalla de Almería nos lo ofreció Israel Ruiz, oficial de la Policía Local de Almería, quien además de reconocer que se había visto gratamente sorprendido por los aplausos recibidos por parte de vecinos del barrio de El Puche, nos contó lo sucedido durante un control de vehículos en la ciudad.


“Nos encontramos con un chico que venía llorando al volante, lo paramos para ver qué sucedía, y en el asiento del copiloto llevaba, con el cinturón puesto, la urna con las cenizas de un familiar que acababa de recoger, sin haber podido hacer ni el velatorio ni la despedida que se merece un ser querido. Con hechos así, vemos lo grave que es todo esto, sobre todo emocionalmente”, explicaba el agente,  emocionado.


También nos explicaba algunas anécdotas en controles de tráfico la agente de la Guardia Civil Pilar Soria, quien aseguraba que, a pesar de que estaba prohibido viajar de una provincia a otra, detectaron a un gran número de personas que circulaban hacia Almería procedentes, sobre todo, de Málaga. “Nos hemos encontrado de todo, hasta quien venía de Salamanca, de Cádiz y que se dirigía no solo a Almería, sino también a otras provincias, como Alicante”, decía.


Soria  reconocía que se había encontrado con personas que intentaban saltarse los controles “con la pillería”: “Un muchacho me dijo que iba a echar gasolina, le pedí que arrancara el coche y comprobé que tenía el tanque lleno. Luego dijo que no, que iba a comprar tabaco”… Otro agente del orden, en este caso  del Cuerpo Nacional de Policía, Rafael Pastor, también reconocía: “hay personas que intentan evadir el confinamiento con diversas tretas, nos cuentan mil historias para justificar el hecho de estar unos barrios mas retirados de su lugar de residencia para comprar una simple barra de pan”.


Y contaba, por ejemplo, que se vio obligado a detener a un hombre al que se pidió su identificación y que hizo caso omiso a sus indicaciones. “Llegó a intentar huir , supongo que porque  comprendió que el venir de comprar marihuana para pasar el confinamiento no era ni mucho menos necesario ni justificativo para estar en la vía pública”, ironizaba.


Aplausos


Los momentos más emotivos de estos duros meses pueden haber sido los aplausos y homenajes a pacientes que han superado la enfermedad, en algunos casos después de muchos días en la UCI. Pero también han sido homenajeados los profesionales que han conseguido ayudar a muchos pacientes a recuperarse. Entre estos se encuentra el médico Javier Sandoval, que ha trabajado en la residencia de mayores Virgen del Rosario de Roquetas, donde se ha producido uno de los brotes más graves en la provincia. Sandoval reconocía  que sintió pudor por ser  aplaudido, aunque lo asumió como un homenaje a todos los sanitarios, por su gran trabajo  en esta residencia.


En similares términos respecto a la gran labor realizada se expresaba Lourdes Caro, limpiadora en la misma residencia, quien destacaba la excelente relación con los “abuelos”, y contaba lo sucedido en un día concreto: “A la ocho, cuando nos tocaban las palmas en los balcones, una enfermera puso su equipo de música  y se te ponía el vello de punta, porque los abuelos  salieron al pasillo y todo el personal, de limpieza, cocina, bailamos  con ellos. Si viera a los abuelitos bailando, cantando, riendo, ¡fue fenomenal, había un cariño!”

 

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