“La experiencia artística no puede ser racional”

Emilio Belmonte se marchó muy joven a París y allí se quedó

Emilio, reside en París, suele venir algunos días al año a Almería.
Emilio, reside en París, suele venir algunos días al año a Almería. Alberto Gutiérrez

Tu primer largometraje, ‘Impulso’, cuenta el proceso creativo de la bailaora Rocío Molina. ¿Por qué surgió este proyecto?
Soy muy aficionado al flamenco desde siempre. Surge en un momento de mi vida en que quiero acercarme a mis raíces. Rocío Molina es la número uno del baile a nivel internacional. Es residente del Teatro Nacional de Chaillot de París, el único teatro francés dedicado a la danza. Fui a verla a una ciudad y le hablé  del proyecto. A la maestra le pareció interesante y decidimos lanzarnos. Se trata de un proceso de trabajo colectivo. Provocas un efecto en el grupo humano y esa energía decide la dirección de la película. El hecho de observar la realidad la modifica.


Has participado  en varios festivales. ¿Cómo ha sido acogida la obra en otros países?
Fuimos a Amsterdam, que después de Sundance es el festival de documentales más importante. La acogida fue increíble. Allí hay mucha afición al flamenco. En los festivales lo que más funciona son los documentales comprometidos, sociales, sobre enfermedades, guerras... No es mi línea, pero me parece muy respetable, claro. Mi compromiso viene con la imagen, independientemente del tema. En Amsterdam éramos un ovni, una rareza. La película es un híbrido entre una película de autor y un documental. Tengo la intención de que dentro de treinta o cincuenta años quieran ver cómo bailaba Rocío Molina o cómo era el baile flamenco a principios de siglo. Queríamos dejar huella. En la misma línea va el documental sobre Jorge Pardo, el padre del flamenco-jazz.


¿Cómo se encuentra el cine español en este momento?
No te puedo contestar porque no lo conozco. Pero lo cierto es que en España no existe una industria audiovisual. En Francia, sí. El Estado francés subvenciona una parte importante de las películas, como cuarenta o cincuenta veces lo que se subvenciona en España. Existe un pacto social por el que los franceses aceptan que se apoye el arte. El Estado dinamiza la cultura. Esto es una excepción mundial.


Almodóvar decía que el modelo para las nuevas generaciones no puede ser el televisivo, que no puede ser que las televisiones decidan qué se hace… ¿Estás de acuerdo?  
Lo que sí sé es que hace diez años en HBO tomaron riesgos que Hollywood no tomaba. Cuando éste empezó a recortar en los guiones las televisiones trajeron un aire de libertad. Hollywood no es una fábrica de vanguardia y creatividad, aunque haya buen cine independiente. El ‘final cut’, es decir el corte final lo tiene el productor, no el director. En Francia, esto no es así.




¿Qué importancia tiene en tu vida la literatura?
Lo es todo. He sido un lector voraz. Ahora menos porque con los hijos no puedo leer tanto. Conocí a José Ángel Valente, un maestro espiritual, y a Antonio Gamoneda. Yo tenía dieciocho años cuando fui desde Valencia, donde estudiaba, a León a presentarle mis respetos. Tenemos amistad. La poesía tiene que atravesarte y dejarte suspendido en un verso.


¿Qué enseña el cine?
No sé si el arte en general enseña algo o no. Siempre cito a Rilke: lo bello es el comienzo de lo terrible que podemos llegar a soportar. Hay un conocimiento de una parte de la realidad que sólo es visible a partir del arte. Éste viene de la representación de un bisonte, que  no es una representación del bisonte, ¡es el bisonte! Es una invocación a algo que es real. Te transporta a un estado de trance y corta tu estado racional. La experiencia artística no puede ser racional. Es fundamental para la salud del ser humano. Es una catarsis de una realidad que también puede ser oscura. Aunque no soy un teórico. Que cada cual se busque la vida. Vuelvo al flamenco: lo que me gusta es sentir.

 

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