Edu, el almeriense que habla claro sobre la adicción: "Un drogadicto lo es para siempre"
Eduardo Granados se dedica a ayudar a familias y pacientes a comprender y salir de la adicción

Eduardo Granados, CEO de la clínica Calma y director del podcast La Última Raya.
“He conocido el fracaso, el abandono, la injusticia y el cansancio extremo de estar harto de aguantar... y aun así seguí. De pie, jodido, pero entero. Y precisamente por todo lo que sufrí, ahora tengo claro algo: no quiero que otros pasen por el mismo infierno solos”.
Así se confiesa Eduardo Granados, sin filtros ni medias tintas. Su historia conmueve, remueve y, pese a todo, tiene un final esperanzador. Hoy, el almeriense ha convertido esas vivencias en su vocación: como CEO de la clínica Calma, especializada en el tratamiento de adicciones, y director del pódcast La Última Raya, dedica su día a día a acompañar a otros en este duro camino hacia la recuperación.
Un pódcast que otorga voz
La Última Raya pone el foco en historias reales que remueven y ayudan a comprender la adicción desde dentro; un espacio sonoro en el que los afectados cuentan su proceso sin edulcorantes. La idea surge de la confianza que Granados, Edu para sus amigos, depositó en Juan, uno de sus pacientes: “Él fue quien me animó a hacerlo”.
El proyecto está construido desde la implicación mutua, hasta el punto de, en ocasiones, invertir los roles tradicionales terapeuta-paciente. ¿El objetivo? Visibilizar la enfermedad de la adicción desde la experiencia directa: “Lo que queremos es que la gente comprenda cómo funciona la enfermedad y cómo se le pone remedio desde el punto de vista humano y clínico”, asegura el almeriense con claridad.
Si bien cada historia es distinta (por sustancias, por nivel social o por situación económica), Eduardo insiste en que el funcionamiento cerebral es el mismo en todos los casos y que le puede suceder a cualquiera: “Relacionamos la adicción con perfiles concretos, pero no siempre se cumplen”.
Como prueba, los testimonios de La Última Raya, donde se da voz a historias muy diversas: hombres y mujeres, jóvenes y mayores, personas adictas a sustancias o a comportamientos como el juego. Una de las declaraciones más llamativas es el de Sofía, profesora de la Universidad de Almería y pianista, cuya adicción al bingo puso de manifiesto que la enfermedad no entiende de edad, profesión ni talento, y que cualquiera puede verse atrapado por ella.
Para las familias y amigos
“Una persona adicta no va a ir a la clínica de desintoxicación por escuchar el pódcast, se puede sentir identificado, pero yo tengo claro que a quién verdaderamente se dirige es al entorno del drogadicto”, explica rotundo. La intención, así, es romper el muro entre la persona adicta y su entorno, y ayudar a entender conductas que suelen juzgarse sin comprender su origen: “No somos tan malos padres, ni tan malos hijos: tenemos una enfermedad”.
La clínica, un paso más
El camino de Granados hasta montar su propia clínica de rehabilitación no fue inmediato, y mucho menos sencillo: “Tardé 25 años en salir de la droga. De hecho, yo sigo siendo drogadicto y lo seré siempre. Soy un drogadicto rehabilitado, lo que significa que no puedo volver a consumir ninguna sustancia, ni siquiera alcohol”.
Es esa vivencia personal la que, considera, marca su forma de entrevistar en La Última Raya, así como la manera en la que acompaña a sus pacientes desde su clínica, en Rioja: “Todo lo que ellos van a pasar, yo ya lo he pasado”.
Su vocación llegó, de hecho, en su arduo proceso de restablecimiento. Tras múltiples intentos fallidos de dejar las drogas y tras tocar fondo, encontró en el ingreso en un centro de rehabilitación el inicio de su recuperación.
Con el tiempo, descubrió que ayudar a otros también le ayudaba a él: “Me convertí en monitor en el centro en el que estaba ingresado y me di cuenta de que me sentía bien”, reconoce. Aquella fue la revelación que necesitaba, un propósito vital que ha transformado su vida. Tanto tiempo después, se puede decir que Granados no solo sobrevivió al abismo; ahora observa desde el borde y tiende la mano a quienes aún caen.