El ‘parque oscuro’ de Villa Pepita

Los críos fueron desterrados de este espacio que se convirtió en un refugio para el ‘menudeo’

Imagen del parque de la Plaza Elena Pezzi en la actualidad, con el Paseo Marítimo y la playa al fondo.
Imagen del parque de la Plaza Elena Pezzi en la actualidad, con el Paseo Marítimo y la playa al fondo.
Francisco G. Luque
20:31 • 15 ago. 2023

A principios de los noventa fue un rudimentario espacio de juego para los niños y niñas de Villagarcía y San Miguel, en los años en los que todavía las zonas de recreo infantil en Almería eran de tierra y chinorro, con columpios que en menos de un año estaban ya prácticamente oxidados. Todo el mundo lo conocía como parque de Villa Pepita, ya que se construyó en lo que era el antiguo jardín de entrada al histórico chalet de la familia Cano, un terreno que se abrió a la ciudad aprovechando la construcción del edificio Alameda. 



El Ayuntamiento de Almería creó un nueva superficie de ocio para los más pequeños de un barrio en constante crecimiento urbanístico y poblacional, pero la bandera de la inocencia infantil duró poco ondeando en este nuevo parque. La sombra de su vegetación, mayormente compuesta por grandes eucaliptos, ficus y setos, y su escasa iluminación por la noche, lo fueron transformando en un refugio idóneo para drogodependientes, indigentes y algunos que otros ‘autónomos’ del menudeo









Una renovación necesaria



Jeringuillas, restos de papel de plata y litronas rotas ocuparon el lugar en el que los críos jugaban a la pelota de banco a banco. Los pequeños del barrio, los que hacían carreras con sus bicis por los caminos de Villa Pepita, fueron desterrados poco a poco de este pequeño bosque ubicado en la calle Gibraltar Español al que se empezó a conocer entre las jóvenes generaciones como ‘parque oscuro’, y no solamente por el aspecto sombrío que generaban sus frondosos árboles.



Hacia la calle García Cañas se levantó otro nuevo bloque de viviendas, el edificio Rosas, que dejó a este parque entre dos grandes construcciones repletas de nuevos vecinos que no tardaron en hacer llegar sus constantes quejas a las autoridades por el estado en el que se encontraba este pulmón verde que ya necesitaba un urgente lavado de cara. Y así se hizo. Las losas ocultaron los viejos caminos de tierra, se plantó césped, palmeras y se instalaron nuevos bancos.    





Plaza Elena Pezzi

Junto con los trabajos de renovación llegó un nuevo nombre para este espacio, el oficial, el de Plaza Elena Pezzi, aunque muchos lo siguen conociendo a día de hoy como parque de Villa Pepita o ‘parque oscuro’. Y es que ni su moderna transformación pudo acabar con la presencia de toxicómanos, vagabundos y ‘camellos’ que seguían haciendo sus negocios bajo la sombra de los ficus de este parque en el que desaparecieron los columpios.  


En 2004 se derribó el histórico chalet de Villa Pepita, quedando un enorme solar frente al Paseo Marítimo que estuvo durante nueve años rodeado por un muro, entre los edificios Tritones y Estambul. Dicho muro acabó tirándose en 2015, dejando a este parque tener, por primera vez desde que se hizo, unas privilegiadas vistas al mar. Dejó de ser tan oscuro y la esperanza de recuperarlo como zona de disfrute, sin miedo ni peligros, empezó a recalar en el vecindario.   




Mirando al mar

Comenzaron las obras de los dos populares edificios (las ‘torres’ de Villa Pepita) que se levantaron sobre dicho solar y por fin el ‘parque oscuro’ quedaba unido al Paseo Marítimo, un acceso directo a la playa almeriense por el que empezaron a pasar cientos de personas diariamente.

Se redujo la presencia de drogadictos en sus bancos y empezó a ser más apetecible para los mayores del barrio, que se refugiaban bajo su frondosa vegetación mientras paseaban al perro, pero nunca recuperó la vida que le aportaban en sus inicios los críos jugando en un territorio creado en sus orígenes para ellos, pero que fueron perdiendo al imponerse la triste moda del porro y la litrona.  


Presente

Durante los últimos años, los esfuerzos del Ayuntamiento de Almería por mantener limpio y decente este parque con vistas al mar han sido más que evidentes. Su vegetación es envidiable, al igual que su ubicación, pero el lúgubre pasado de este parque sigue recorriendo su arboleda. Colillas y latas de cerveza se amontonan junto a los roñosos bancos, sobre todo por las noches en los que también suelen convertirse en camas improvisadas.




La luz del Mediterráneo embellece ahora este parque que fue arrebatado muy pronto a los niños del barrio en los noventa, al que actualmente dan vida los vecinos que pasean a sus mascotas y la gente que lo cruza buscando el Paseo Marítimo o la playa, pero ya no hay ni bicicletas ni balones.


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