El mecánico que se convirtió en promotor de cines

Al aprendiz Miguel García le tocó la lotería y abrió terrazas en el Barrio Alto y Plaza Pavía

Empleados del Taller en el patio central de la calle San Leonardo. El propietario Miguel García Bretones, con gafas, detrás, en el centro.
Empleados del Taller en el patio central de la calle San Leonardo. El propietario Miguel García Bretones, con gafas, detrás, en el centro.

En alguna película americana de cine negro, en las que tipos con pitillo en la comisura conducían Chevrolet relucientes, alguien soltaba aquello de “méteme 1.000 dólares en el bolsillo y pondré Chicago a tus pies”.  Para esa época, Miguel García Bretones, un almeriense con manos finas para las herramientas y buenos ojos para los negocios, no había conquistado su ciudad, pero sí había sabido sacar petróleo de un décimo premiado de la Lotería Nacional. Nació en 1894 muy cerca de la Puerta Purchena y muy joven entró de aprendiz en ese gigante industrial que era entonces Talleres Oliveros, en lo que era entonces el arrabal de Almería, enfrente de Las Almadrabillas. 


 

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