El almeriense que tocó a Dios

El empresario de electrodomésticos Gabriel Cobos coincidió con él en una discoteca de La Habana

Gabriel Cobos, Diego Maradona y dos asistentas, en Cuba, en el año 2000.
Gabriel Cobos, Diego Maradona y dos asistentas, en Cuba, en el año 2000.

Nunca estuvo Diego Armando Maradona Franco -que en paz descanse- en Almería, pero sí estuvo con un almeriense: se llama Gabriel Cobos Ruiz, un comerciante jubilado de electrodoméstico de la calle Lope de Vega, que vive en la misma casa que vivió el Padre Tapia, que hace veinte años compartió un rato de charla en una discoteca de La Habana y que se fotografió con él, hombro con hombro, cabeza con cabeza, rozando la piel y los rizos del astro rey del fútbol.


Si hubiera sido más joven Gabriel, más dado a la mitomanía, probablemente no se hubiera lavado las manos en una semana. Se le ve en la foto al almeriense con su camisa azul de Lacoste, junto a la estrella argentina que viste una camiseta negra transparente y sostiene un cohíba regalado por Fidel con la mano izquierda. A su lado, con el cabello también rizado, su asistenta en la isla del Caribe y una amiga de ambos con un vestido blanco. En la foto no aparece, pero junto a Maradona estaba también su representante en esa época Guillermo Coppola.


Gabriel, uno de los fundadores de la Peña El Tranco, estaba allí en la capital cubana en un viaje de placer financiado por la cadena de electrodomésticos Electrolux por objetivos cumplidos. Junto a Gabriel, participaron también en ese ‘viaje maradoniano’, realizado en enero de 2000, otros empresarios almerienses del sector del mueble y de electrodomésticos como Manuel Gómez, de Muebles Mago, Sebastián Moyano, de Todoba, Juan Barón, de Eurodiseño, Aureliano Felices, de Muebles Felices, Paco Martínez, de Muebles El Alquián, Juan Alonso, de la Tienda Nueva de Tabernas, entre otros. Maradona estaba allí en Cuba en pleno proceso de desintoxicación de la cocaína en una clínica de la Isla, acogido por su amigo Fidel, que lo protegía como si fuera un vellocino de oro con diez guardaespaldas.


“Allí entró esa noche -cuenta el hijo de Gabriel- y rápidamente mi padre se acercó a él para conversar y pedirle una foto aprovechando que conocían de otros viajes a uno de sus acompañantes”. Era una discoteca al aire libre, cerca del Hotel Tryp Habana libre y Maradona se prestó a corresponder al almeriense con cortesía. Después, cuenta Gabriel, el divo se volvió a su reservado y se enfadó porque el diskjokey pinchaba pachanga y no la música argentina que él quería escuchar esa noche caribeña. Parece que voló incluso alguna silla hasta la cabina del músico.


Nunca estuvo el mejor jugador del mundo en Almería, pero sí lanzó un amistoso mensaje hace unos meses en twitter al presidente de la UDA: “Hola Turki, un abrazo para toda Almería”.




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