¡¡¡Hoy migas!!!: el porqué de una tradición almeriense asociada a la lluvia

Los almerienses agotan las existencias al llegar la lluvia

Unas migas con algunos de los productos con las que se acompañan
Unas migas con algunos de los productos con las que se acompañan La Voz

Hay ganas; es aparecer las primeras gotas de lluvia en las calles de ciudades y pueblos y los almerienses corren a por los ingredientes para preparar unas buenas migas.


Desde primera hora de la mañana los supermercados, plazas de abastos y grandes superficies han visto cómo la harina, los ajos, el pescado o los encurtidos han ido desapareciendo de las estanterías. De la misma forma, la multitud de empresas de comida preparada han incluido en su menú del día las clásicas migas de harina.


La lluvia ha servido para activar esa muy antigua tradición de ingerir unas buenas migas para acompañar el tiempo lluvioso.


Los distintos investigadores que se han atrevido a indagar sobre el origen de esta tradición, muy arraigada en Almería y en algunas zonas de provincias limítrofes como las de Murcia o Granada, coinciden sólo en una cosa: las migas son cosa de los pastores que las preparaban en casa de madrugada, antes de partir hacia los campos con sus rebaños.


Pero además este plato, sencillo y que aporta grandes dosis de 'energía', tiene tintes sociológicos muy arraigados. Cuentan que cuando llegaba la lluvia a la provincia los pastores buscaban refugio en corrales, cuevas o refugios naturales, llevaban en sus morrales una saquita de harina, unos ajos y una alcucilla de aceite, además de algo de tocino, algunos rábanos y aceitunas en salmuera.



Y allí, al amparo de la lluvia, encendían fuego y preparaban sus migas. Con frecuencia, era momento de reunión de pastores, de compartir la paila desde la que se comían directamente las migas preparadas con paciencia y de estrechar relación con los compañeros de profesión, antaño numerosos en los montes de toda la provincia.

 

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