La Voz de Almeria

Almería

Y la Reina exclamó: “Maaaadre mía”

Impetuosa, observada, preguntona, de rojo Hugo Boss, doña Leticia aterrizó con lluvia y despegó con con sol almeriense al grito de 'Guapa' de las señoras de la Venta del Viso

La Reina en uno de los invernaderos que visitó en la Estación Experimental junto a técnicos de la Estación.

La Reina en uno de los invernaderos que visitó en la Estación Experimental junto a técnicos de la Estación.JUAN SANCHEZ FOTOGRAFIA

Manuel León
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De cerca -hasta donde la dejaron los centuriones que la custodioban- es una dama de ojos grandes como los de las series juveniles japonesas; una emperatriz del siglo XXI que no paraba de gesticular con las manos, teniendo siempre a su lado a su secretaria Marta Carazo, periodista como fue ella; llegó doña Letizia a Almería sin el rey que está de viaje en Chile; llegó con su traje de chaqueta rojo cruzado, dijeron que de Hugo Boss, y su blusa blanca y sus mocasines negros; llegó de esta guisa desde Zarzuela, como una sílfide, al epicentro de la tecnología agraria: si de algo puede presumir Almería es de ese ‘milagro’ que vio ayer con esos ojos enormes la soberana de esta península vieja; llegó sonriente, parece que de buena humor, con ganas de aprender. Le enseñaron un video delicioso sobre la prehistoria de esta aventura del invernadero genuinamente almeriense que alimenta con verdura sana a 5.000 millones de europeos; llegó al fabuloso Campo de Dalías, nuestra Reina, bajo un cielo lluvioso, como el que la saludó el día que se casó en La Almudena con don Felipe, un cielo que se enmendó después, como por ensalmo, hasta hacernos sudar a la comitiva: llegó allí esta faraona moderna del reino de España, todos cuadrados ante ella, hasta la propia sierra de Gádor a su espalda, parecía que se inclinaba ante la doña; llegó sin prisa y se empapó de todo; y recorrió los invernaderos de ensayo con una bata blanca con prestancia, con soltura, como si fuera una investigadora más en ese paraíso de abejas revoloteando, de manglares cuajados de tomates, de hormigas en los pies.

 “Madre mía”, exclamó sorprendida cuando ingresó en esa jungla tapizada de arena y cubierta de plástico bajo un sol de justicia. “Madre mía, repitió la esposa de Felipe de Borbón y empezó a preguntar a técnicos como Corpus Pérez, como una reportera más, sobre las trampas de los bichos, sobre la germinación del fruto, como si no quisiera salir de ese vergel, de esa amazonía genuina almeriense. Fuera, algunas mujeres de la Venta del Viso la saludaban desde la distancia: “Guapa”. Y ella repartió saludos y se hizo fotos y departió con el bueno de Andrés García Lorca de la Tierra Abierta que es (que debe ser) esta Almería moderna, que mira al mestizaje y que tiene en Las Palmerillas su punta de lanza desde hace ahora justo medio siglo.

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