El liderato del Almería se perdió a martillazos
Si hubiese evitado los errores que castigaron ante Oviedo y Eibar, hoy sería líder con 30 puntos, tres más que el Castellón y 7 de ventaja sobre la tercera plaza

Pejiño vuelve a castigar al Almería aprovechando un error en la marca.
El Almería sigue instalado en la pelea por el ascenso directo, pero el fútbol tiene la mala costumbre de señalar con lupa los errores que cuestan puntos. Más allá de la buena dinámica del equipo y de los muchos aspectos positivos que viene ofreciendo el conjunto rojiblanco, hay tres acciones concretas que siguen rondando por la cabeza del cuerpo técnico. Tres detalles que acabaron teniendo un precio enorme en la clasificación.
Porque el liderato no se escapó por una mala racha ni por una inferioridad futbolística evidente. Se perdió a martillazos. Los dos goles de Jacobo frente al Oviedo y el tanto de Pejiño en Eibar nacieron de situaciones que podían haberse defendido mejor. Cuatro puntos volaron en la recta final de dos encuentros de máxima exigencia y hoy el equipo de García Pimienta mira la tabla sabiendo que una historia diferente era perfectamente posible.

El tiempo no tiene marcha atrás y los puntos han volado para siempre.
Cuatro puntos que pesan una barbaridad
Las cuentas son sencillas. Si el Almería hubiera protegido mejor las ventajas ante Oviedo y Eibar, hoy sumaría 30 puntos. Sería líder de Segunda División con tres de ventaja sobre el Castellón y abriría una diferencia de siete puntos respecto al tercer clasificado. Son cifras que explican por sí solas la importancia de cada detalle en una categoría tan igualada.
Por eso duele especialmente mirar atrás. No por recrearse en el error, sino porque esos puntos estaban prácticamente en el bolsillo. El fútbol no concede segundas oportunidades sobre el césped, pero sí permite aprender de lo ocurrido para no repetirlo. Empatar con el Oviedo y en Eibar no son malos resultados pero las formas han sido tres martillazos.

Quim Junyent firmó un gran partido en Eibar pero no tapó a Pejiño.
Jacobo apareció demasiado libre
El partido ante el Oviedo dejó una enseñanza evidente. Jacobo entró fresco al encuentro y encontró demasiadas facilidades para influir en los minutos decisivos. Sus dos goles cambiaron por completo el desenlace de un encuentro que parecía encarrilado para los rojiblancos.
Cuando un futbolista entra desde el banquillo con energía y espacio para pensar, el riesgo se multiplica. El Almería no logró controlar esa amenaza a tiempo y acabó pagando una factura elevadísima. Son acciones que el cuerpo técnico revisa una y otra vez porque detrás de ellas suelen esconderse correcciones sencillas que marcan diferencias enormes.

El empate del Oviedo en Almería fue un martillazo en toda regla.
La lección que deja el gol de Pejiño
En Ipurua llegó el tercer martillazo. El espectacular disparo de Pejiño tuvo mérito individual y potencia suficiente para resultar imparable, pero la jugada previa también dejó conclusiones para el análisis interno. La distribución defensiva no fue la ideal y las marcas pudieron ajustarse mejor. La sensación es que Lelo debía haber entrado antes al partido para vigilar a Pejiño. Son matices que para el espectador pueden parecer mínimos, pero que a nivel profesional terminan definiendo ascensos, lideratos y temporadas enteras.
Pimienta insiste una y otra vez en que el equipo todavía tiene margen de mejora. Cuando repase su hoja de tareas, esas tres jugadas estarán seguramente subrayadas en rojo. Porque el pasado no devuelve puntos, pero sí deja enseñanzas. Y el Almería sabe perfectamente dónde recibió los últimos martillazos.