Una familia almeriense recorre más de 6.000 km en coche eléctrico y demuestra que viajar sin gasolina es posible
Los almerienses decidieron viajar en paralelo al Interrail de su hija mediana, demostrando que hoy en día es factible moverse en un eléctrico

Foto familiar en Dresde, uno de los puntos a los que llegaron sobre el Mercedes EQS SUV.
¿Quién dijo que un coche eléctrico no es una opción viable para realizar viajes largos? Tras 19 días, 18 noches, más de una quincena de ciudades europeas y 6.071 kilómetros recorridos por carretera, Miguel Ángel González tiene algo que decir al respecto. Su aventura comenzó el pasado agosto, cuando, motivado por un viaje que su hija mediana tenía programado en Interrail, decidió subirse a un Mercedes EQS SUV para recorrer de manera simultánea las principales capitales de Europa.
Acompañado de su mujer y el resto de sus hijas, salió desde Huércal de Almería rumbo al norte de España, con paradas en Burgos, Bilbao y San Sebastián, antes de cruzar Francia y Bélgica para llegar a París y Brujas. Después vinieron Rotterdam, Ámsterdam y Edam, la localidad holandesa conocida por sus quesos; Alemania, con Berlín y Dresde; Praga y Viena; y, ya en Italia, Venecia, Florencia, Pisa y Génova.

Foto familiar al comienzo del viaje, en el Mercedes 100% eléctrico.
Desde allí, la familia puso rumbo a casa: primero, en ferry hasta Barcelona y, después, por carretera hasta Almería. Un viaje de casi 6.100 kilómetros (7.289 si contabilizamos el ferry) que no llegó a dar la vuelta al mundo en 80 días, como Willy Fog, pero que poco tuvo que envidiarle.
Viajar en un eléctrico
"Llegamos a estar a 2.147 kilómetros de Huércal de Almería. Imagínate las caras de la gente cuando les decíamos que habíamos llegado hasta allí conduciendo un coche eléctrico", ríe Miguel Ángel, el padre de familia. Tras pasar por ocho países diferentes a bordo de un Mercedes EQS SUV, afirma, sin dudarlo, que volvería a hacerlo.
El almeriense defiende que viajar largas distancias en un coche eléctrico, especialmente en uno tan espacioso y cómodo como el suyo, es perfectamente viable: "Siempre que se planifique bien la ruta y las paradas para recargar", puntualiza.

Europa dispone de muchísimos puntos de carga repartidos por su orografía.
La familia se movió con ayuda de una aplicación que le indicaba los puntos de recarga disponibles a lo largo de la ruta. De esta forma, calculaba las paradas teniendo en cuenta, entre otros factores, la orografía del terreno, que influye directamente en la autonomía del vehículo.
"En España podíamos recorrer alrededor de 300 kilómetros, mientras que en las zonas más llanas de Europa alcanzábamos entre 350 y 400. Si tenemos en cuenta que debemos parar cada dos horas para descansar y que las recargas suelen durar entre 30 y 30 minutos, viajar así no supone ningún problema", explica.
Pero la autonomía y los tiempos de carga no son las únicas ventajas que encuentra Miguel Ángel en dicha forma de viajar. Este entusiasta del motor, acostumbrado a recorrer kilómetros por carretera debido a su profesión, sostiene que hacerlo en un vehículo eléctrico también resulta más económico que en uno de combustión.

El Mercedes aparcado frente al Hotel New York, en Rotterdam.
En 19 días y 500 noches, como diría Sabina, pueden ocurrir muchas cosas. A los González no les hizo falta ni una sola noche: poco después de salir de Huércal se encendió un piloto en el vehículo, lo que los obligó a hacer una parada técnica en los talleres de Mercedes, en Madrid. Miguel Ángel lo recuerda más como una anécdota que un altibajo: "Cuando viajas en coche te expones a eso, no pasa nada. En cuanto estuvo listo, volvimos al ruedo".
No con tanto estoicismo digirió el atasco en el que se quedaron atascados en el centro de Ámsterdam. "Lo bueno de ir en un eléctrico es que te puedes meter con el coche en el casco histórico de las ciudades, pero en Holanda no contábamos con las obras. Nos redirigían todo el tiempo, tardamos mucho en salir de la ciudad", narra el almeriense con cierto agobio. El balance, sin embargo, es positivo. Muy positivo. Lo afirma con una sonrisa en el rostro que pronto hace desvanecer aquel mal trago.

Foto familiar en Brujas.
Los italianos, los que peor conducen: ¿mito o realidad?
"Realidad", afirma rotundo el padre de familia, aunque después procede a explicarse: "Los españoles somos impacientes. Cuando vamos por el carril izquierdo de la autovía y llega algún coche a más km/h que nosotros, suele hacer señas con las largas e, incluso, pitar. Los conductores de Europa central no. Son mucho más respetuosos y pacientes. En su caso, se colocarían detrás del coche del carril de mayor velocidad y esperarían pacientemente a que el vehículo de delante se de cuenta y se haga a un lado".

La familia completa reunida en París.
La historia cambia, asegura, con aquellos que un día dominaron el mediterráneo. "Los italianos no solo son impacientes, como los españoles, sino que conducen de forma agresiva". Si se suma dicho carácter a que "sus carreteras están peor conservadas que las de España"... voilà: un cóctel molotov.
Un aprendizaje profundo
Al final, el viaje fue mucho más que una sucesión de kilómetros, ciudades y paradas para recargar. A lo largo de la ruta, la familia participó en 13 visitas guiadas y 'free tours' con los que fue descubriendo la historia, el patrimonio y las particularidades de cada lugar.

La familia se vuelve a reencontrar con su hija mediana en Praga, así como con los amigos que la acompañan en el Interrail.
Hubo tiempo para dejarse sorprender por la arquitectura de las grandes capitales, conocer episodios que los libros apenas alcanzan a explicar y detenerse también en los capítulos más oscuros de la historia europea, como ocurrió en el campo de concentración de Sachsenhausen. Y, entre una ciudad y otra, hubo reencuentros: su hija mediana, que recorría Centroeuropa en Interrail junto a unos amigos, fue coincidiendo con ellos en distintas etapas del viaje. Los raíles y la carretera avanzaban por caminos distintos, pero, casi sin querer, acababan encontrándose en el mismo lugar.
Ahí reside, asegura Miguel Ángel, una de las mejores partes de la aventura: en convertir un recorrido por Europa en una experiencia compartida, con todo lo que eso implica de convivencia, descubrimientos y recuerdos que difícilmente caben en un cuentakilómetros.

Cola de coches a la hora de embarcar en el Ferri para partir desde Génova hasta Barcelona, en la última etapa del viaje.
Diecinueve días después, tomaron un ferri desde Génova a Barcelona, desde donde emprendieron el regreso a casa, con miles de kilómetros a sus espaldas, muchas historias que contar y la certeza de que aquel viaje había merecido la pena. ¿Lo repetiría Miguel Ángel? La respuesta no deja demasiado espacio a la duda: "Sí, claro que sí".