Víctimas del propio éxito
Víctima de su propio éxito, la Playa de los Muertos, en Carboneras, ha acabado este verano colmatada de turistas deseosos de disfrutar de sus cristalinas aguas y de sus bellos rincones, por lo que sus accesos sufren a diario monumentales atascos y retenciones kilométricas. El indiscutible éxito de todas las campañas de difusión de los atractivos de la zona (tradicionalmente alejada de los grandes circuitos turísticos) ha acabado generando tal nivel de notoriedad y conocimiento, que hasta el propio alcalde de la localidad, Salvador Hernández, no ha dudado en mostrar en la prensa su preocupación por este asunto, pidiendo a la Junta de Andalucía que le autoricen la ampliación de la zona de aparcamiento y solicitando de los visitantes “más prudencia” a la hora de respetar las normas. Sin embargo, hace apenas un año, el mismo alcalde aseguraba en una entrevista publicada en el diario 20 Minutos que “venir a Almería y no pasar por Los Muertos es como ir a Madrid y no pasar por el Prado”. Dicho y hecho, porque el cuadro que se monta cada mañana en dirección a Los Muertos es impresionismo en estado puro. Disculpen el feo gesto de la autocita, pero hace unos días, al escribir sobre los problemas derivados del exceso de turistas veraniegos en Almería, decía que pocas cosas son más peligrosas que una plegaria atendida. Y de la infelicidad de ir llorando por las esquinas por la falta de visitantes, envidiando la afluencia turística de otros rincones de la costa, hemos pasado a la infelicidad de vernos superados por nuestra propia capacidad de generación de expectativas. ¿Qué hacemos ahora? Para estos casos es bueno recordar la clásica diferenciación entre éxito y felicidad, que consiste en señalar al éxito como la obtención de lo que se desea, mientras que la felicidad consiste en disfrutar de lo obtenido. Así que, o nos acostumbramos a vivir aplastados por nuestro propio éxito turístico, o caemos en la mala follá de pedir (como han hecho por ejemplo en Amsterdam) que dejen de ir a visitarles. Haya calma.