Los pueblos almerienses más románticos para visitar en San Valentín

La provincia de Almería ofrece un amplio abanico de posibilidades para el Día de los Enamorados

Un corazón gigante en uno de los miradores de Vícar.
Un corazón gigante en uno de los miradores de Vícar.
Francisco G. Luque 20:04 • 01 feb. 2022 / actualizado a las 20:59 • 05 feb. 2022

Se acerca San Valentín y llega el momento de hacer planes para sorprender a la persona amada. Siempre suele haber flores, un regalo brillante y una cena en el restaurante de moda caro al que no se suele ir el resto del año, pero la provincia de Almería ofrece un amplio abanico de posibilidades para disfrutar de este día tan especial junto al amor de nuestra vida, haciendo turismo de cercanía y descubriendo los encantos de los pueblos almerienses. La Voz de Almería te propone los siguientes como los más románticos:


Vícar: para un amor de película

El municipio de Vícar es conocido como el "corazón del Poniente" y no solamente por una mera cuestión geográfica. La Villa, llamada Vícar Pueblo o Vícar Viejo, es un pequeño núcleo histórico con menos de 200 habitantes que desprende un encanto que enamora a sus visitantes, un lugar idóneo para planear un San Valentín de película.




Un mural de Vícar.
Un mural de Vícar.


Caminar por sus estrechas calles y callejones llenos de escalones es descubrir un mundo de fantasía gracias a los espectaculares murales que han dado color y vida a las blancas fachadas de sus casas en los últimos años. Un sitio ideal para sorprender a tu pareja, con un viaje a Oz, Nunca Jamás, Narnia, Hogwarts o al País de las Maravillas sin salir de la Sierra de Gádor



Muy cerca de la Villa de Vícar, hay ocho bancos, entre ellos "el de los te quieros", en diferentes ubicaciones para sentarse a disfrutar de las bonitas vistas desde una montaña en la que reina un corazón gigante, conocido como Mirador del Amor, que mira al campo de Dalías y al Mar Mediterráneo. Un lugar indicado para el beso y también para disfrutar de un tentempié a modo de picnic en la ladera, siempre que el tiempo acompañe. Incluso para pernoctar en una Camper y aprovechar para ver las estrellas por la noche



El banco de los te quiero en un mirador de Vícar.
El banco de los te quiero en un mirador de Vícar.



Para los que buscan relax absoluto después de descubrir los encantos del coqueto pueblo vicario, está la opción de La Envía, con spa, habitación y cena romántica. Desconexión a pocos minutos de la capital.


Lucainena de las Torres: uno de los Pueblos más Bonitos de España

El cuidado que los vecinos dan a sus calles y casas, adornadas con decenas de macetas y flores vistosas que invitan a descubrir cada uno de sus rincones, hizo que Lucainena de las Torres se ganara el privilego de estar, desde el año 2013, entre los pueblos más bonitos de España, como bien indica un cartel nada más entrar en el núcleo urbano. 



Una chica se acerca a oler unas flores en una fachada de Lucainena.
Una chica se acerca a oler unas flores en una fachada de Lucainena.


Se trata de un pueblo con un encanto más que evidente, que ha sabido sacar provecho a su pasado industrial, siendo un buen ejemplo sus interesantes hornos de calcinación que se muestran como el legado minero de un municipio que conserva su coqueta estación de trenes, por la que discurre la Vía Verde, una buena opción de senderismo para los enamorados.



La preciosa estación de tren de Lucainena.
La preciosa estación de tren de Lucainena.


Muy recomendable es visitar el Bar-Pensión La Troje, muy cerca de la plaza del pueblo. Tiene un bonito porche como terraza para disfrutar de unas tapas, tanto vanguardistas como las de toda la vida, con vistas a las preciosas calles donde los rosales, geranios y jazmines envuelven a los viandantes en un clima perfecto para disfrutar paseando de la mano de este precioso rincón de Los Filabres.  


Vélez Blanco: un castillo de cuento de hadas y el origen del indalo

En la comarca de Los Vélez, quizás una de las más desconocidas para los propios almerienses, destaca Vélez Blanco, un pueblo que cuenta con un envidiable castillo del siglo XVI. Un telón de fondo de cuento de hadas para cualquier pareja que quiera disfrutar en esta hermosa localidad en la que también se puede aprovechar para descubrir el origen del símbolo almeriense por excelencia.


El término municipal velezano tiene numerosas cuevas en las que es visible el arte rupestre, destacando la de Los Letreros, catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, o el Abrigo de Las Colmenas, donde se encuentra el famoso indalo, que desde siempre se ha usado además de como un 'embajador' de Almería, como un amuleto de buena suerte. 


 

Vista de Vélez Blanco con su imponente castillo.
Vista de Vélez Blanco con su imponente castillo.


Volviendo al núcleo urbano, el centro histórico de Vélez Blanco es un conjunto homogéneo y con un alto valor patrimonial del que disfrutar a cada paso. Merece la pena ver el Lavadero del Portillo y las fuentes del Caño de la Novia, llamativas ubicaciones desde las que subir 'stories' a Instagram.


La localidad egetana dispone de numerosos alojamientos rurales, bares y restaurantes en los que poner techo y sabor a una escapada romántica que sería perfecta si el destino hace que caigan unos copos de nieve sobre los llamativos tejados de sus antiguas casas.


NÍjar: infinidad de planes en el entorno más mágico de Almería

El municipio de Níjar, tanto por su extensión como por su belleza natural, es el destino de San Valentín que más posibilidades ofrece a la hora de planear una escapada romántica. En la Villa se puede disfrutar de una visita a su casco antiguo o al barrio de los alfareros, donde aún queda alguna tiendas históricas donde se trabaja la cerámica típica nijareña.



Increíbles vistas de Los Frailes desde La Isleta del Moro (Níjar).
Increíbles vistas de Los Frailes desde La Isleta del Moro (Níjar).


Las cuidadas calles del pueblo invitan al paseo y a disfrutar de la tranquilidad, pero el mayor encanto de este municipio reside en muchos otros núcleos urbanos que se encuentran en pleno Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Sitios privilegiados para disfrutar en pareja, ya sea en vehículo, bicicleta o haciendo una de las muchas rutas senderistas que pasan por este paraíso almeriense.


San José, Las Negras, donde está el conocido Chiringuito Café del Cabo, o La Isleta del Moro son solo algunos de los preciosos enclaves que se pueden visitar para disfrutar a pocos metros del mar. También Rodalquilar, un coqueto pueblo con pasado minero, en un valle que merece la pena visitar con la luz del atardecer bajando desde el Mirador de La Amatista, donde muchos enamorados ponen candados con sus nombres con el monte de Los Frailes como testigo desde la lejanía. Esto también se hace en el Arrecife de Las Sirenas.



En el molino de Fernán Pérez (Níjar).
En el molino de Fernán Pérez (Níjar).


Un plan alternativo y que cumple con las expectativas es pasar el Día de los Enamorados en un bungalow del Camping de Los Escullos, que ofrece un pack para este día con cena romántica, botella de cava y pernoctación.


Almócita: el encanto del rincón alpujarreño más sostenible

Resulta difícil entender cómo un pueblo de poco más de 200 habitantes, instalado en plena Alpujarra almeriense, está considerado un referente a nivel nacional. Pero al visitante le queda muy claro nada más poner un pie en sus calles. Almócita es un ejemplo de sostenibilidad, de pueblo que se mantienen totalmente en armonía con su entorno y que enamora. 



Mural del Amor de Almócita.
Mural del Amor de Almócita.


Un paseo por sus cuidados callejones, llenos de macetas con coloridas flores y gran variedad de cactus, está lleno de sorpresas. Al doblar cada esquina, las fachadas de sus casas sorprenden con bonitos murales y poesías escritas sobre las mismas. Destaca, sobre todo, el Mural del Amor que hay en una de las principales vías de acceso al pueblo, en el que los enamorados pueden mover su aspa y ver qué les tiene preparada la suerte: abrazos junto al Árbol de la Vida, miradas en la Calle Triana, beso en el cuello en el Callejón de María... 



Pinturas y mensajes en las fachadas de las casas de Almócita.
Pinturas y mensajes en las fachadas de las casas de Almócita.


Almócita es un plan diferente, tranquilo, para los amantes de lo más natural, de lo ecológico y sostenible. En la plaza, junto al Ayuntamiento, se pueden degustar unas buenas tapas, aunque muy cerca de este municipio, cruzando sus huertas, se encuentra Padules, con la Bodega Barea Granados en la que probar vinos de la tierra y con posibilidad de hacer un picnic en sus Canales.


Mojácar: un paraíso de otro tiempo

Presidiendo la Sierra de Cabrera se encuentra una joya blanca llamada Mojácar, mundialmente conocida por su belleza, playas y ocio costero. Un retiro romántico en San Valentín en su casco histórico, lleno de callejuelas con cuestas y escaleras, bajo arcos que recuerdan su pasado árabe, es un plan perfecto.


Aunque no es fecha veraniega, siempre es un lujo para el visitante conocer alguna zona de los 17 kilómetros de playas de aguas cristalinas que bañan a este municipio del Levante almeriense, desde cuya parte antigua hay unas vistas espectaculares como bucólico horizonte en el abrazo de dos enamorados.



Imagen de Mojácar.
Imagen de Mojácar.


Considerado uno de los pueblos más bonitos de España, cuenta con comercios de todo tipo, destacando los de hostelería y ocio nocturno, además de sus numerosas posibilidades de alojamiento. Neptuno o Bocaina Beach Club son lugares inmejorables para un cóctel previo a una cena en Hola Ola, Tapas del Mundo o Restaurante Omega.


Para las parejas que busquen estar muy pegados al mar, están como referencia los chiringuitos Aku Aku y Manaca. Y para el amanecer, un desayuno envidiable en el precioso Dolce Vita, uno de los sitios más exclusivos de Mojácar, un lugar encantador, en el que da gusto perderse caminando por sus callejones que durante siglos han sido testigos de mil y un amores. 


Serón: el placer de besarse bajo un manto estrellas

En un día tan esperado como el de San Valentín, todos los esfuerzos suelen centrarse en sorprender al amor de nuestra vida. Una buena forma de hacerlo la pone en bandeja Serón, un municipio del Valle del Almanzora desde cuyo mirador, en la parte alta del pueblo, se divisa gran parte de la comarca.


Conocido por sus buenos embutidos, también ofrece interesantes planes a realizar como puede ser la visita a Las Menas, un precioso pueblo minero restaurado que se encuentra bajo el Calar Alto. Pero no hay que subir hasta las blancas cúpulas para disfrutar de los cielos estrellados. La localidad tiene un cada vez más conocido planetario en el que se organizan numerosas actividades para disfrutar de las estrellas y aprender de las mismas.



Visualización de las estrellas desde la Posada del Candil de Serón.
Visualización de las estrellas desde la Posada del Candil de Serón.


Merece la pena alojarse en la Posada del Candil, en el Paraje Angulo, donde se organizan también quedadas para observar las constelaciones. Sin duda, un marco incomparable para celebrar un San Valentín de altura, con miras al precioso infinito del universo inexplorado que se esconde tras esas miles de millones de luces que pintan el cielo cada noche. 


Abrucena: pura tradición a las faldas de Sierra Nevada

No hay olor más característico del invierno que el de la leña ardiendo en una chimenea, sobre todo en los lugares donde el frío es mucho más notable que en la ciudad, como es el caso de Abrucena. Custodiada por Sierra Nevada, este pequeña y acogedora localidad es un destino idóneo para visitar un 14 de febrero.



Vista de Abrucena en un día invernal.
Vista de Abrucena en un día invernal.


En término municipal cuenta con numerosos senderos de media montaña para el disfrute de los amantes de la naturaleza, de aquellas parejas que busquen salir de los típicos planes encasillados de San Valentín. Destaca el Área Recreativa de La Roza. Abrucena, a la que se llega directamente por la autovía, otorga el auténtico color, olor y sabor de lo tradicional, sobre todo en estas fechas de frío.


Para subir la temperatura, hay que pasar por Restaurante Las Chinas o el de María, dejarse llevar por sus recomendaciones gastronómicas y probar su vino del país. Luego se hará necesario un paseo por las tranquilas calles de un pueblo por el que parece no haber pasado nunca el tiempo y que acoge al visitante con un trato familiar. 



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