De las redes del puerto a la mesa: la caldereta de langosta y el pulpo seco de una marisquería histórica de Roquetas de Mar
Santiago Reig convirtió un pequeño bar con pescado del día en todo un templo gastronómico del mejor marisco de kilómetro 0

Uno de los platos de langosta de Casa Santi.
Desde el pimentón almeriense con boquerones de Roquetas —uno de los platos más humildes y antiguos de la cocina marinera— hasta una caldereta de langosta o pescados del día como la cherna, especialidad de la casa, en Casa Santi todo gira alrededor del mismo principio: producto fresco y de kilómetro cero.
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Marisco vivo en el acuario, pulpo de la costa que la propia familia seca de forma tradicional, almejas, cigalas, quisquillas y arroces marineros que llegan casi directamente del barco a la mesa. Ese respeto por el producto del mar es el verdadero secreto de esta histórica marisquería situada en el Puerto de Roquetas de Mar, un lugar donde cada plato cuenta también la historia de una familia que lleva décadas cocinando el Mediterráneo.

Jorge Reig con una de las langostas que sirven en Casa Santi.
La historia de la marisquería Casa Santi no puede contarse sin el nombre de Santiago Reig Martínez, el hombre que levantó el negocio y que convirtió el marisco del puerto en emblema gastronómico de su ciudad y en una forma de vida para toda su familia.
Santiago llegó a la costa almeriense en una época difícil, marcada por las consecuencias de la Guerra Civil. Su familia procedía de Alcoy, en Alicante, y la historia familiar está ligada a aquellos años convulsos en los que muchos tuvieron que empezar de nuevo lejos de su lugar de origen. Roquetas de Mar, entonces todavía un pequeño pueblo marinero, acabaría convirtiéndose en el lugar donde echar raíces.

Santiago, su hija Raquel, su hijo Jorge y su mujer María Isabel.
En los años setenta empezó a trabajar en hostelería en el Hotel de Aguadulce, (el único que había entonces en la zona) y a aprender el oficio observando cocinas, pescadores y mercados. Aquella formación práctica, basada en el trabajo diario, fue la base de todo lo que vendría después.
En 1979 abrió uno de sus primeros negocios. No era una marisquería como las actuales: en aquella época la hostelería en Roquetas se basaba en cuatro tapas, pescado del día y raciones sencillas. Pero Santiago tenía claro que el secreto estaba en el producto.
Compraba las almejas directamente a los pescadores del puerto y las colocaba vivas sobre la barra. Los clientes las veían moverse mientras tomaban una cerveza y elegían lo que querían comer. Aquella escena, tan sencilla como auténtica, se convirtió en una de las primeras señas de identidad del negocio.
María Isabel: aprender a cocinar desde la necesidad
Junto a Santiago estuvo siempre su mujer, María Isabel Cobo, una pieza fundamental en la historia del restaurante. Ella no venía del mundo de la cocina. Su familia era agricultora y nunca había trabajado en hostelería. Pero cuando el negocio empezó, aprendió a base de equivocarse, probar y repetir. “No tuve a nadie que me enseñara”, recuerda. “Me enseñé yo sola”.

Casa Santi tiene una localización privilegiada frente al Club Náutico de Roquetas de Mar.
En aquellos años el trabajo era duro. Antes incluso de abrir el restaurante, María Isabel trabajó en Hortamar, un almacen agrícola cuando comenzaban los invernaderos de la zona, limpiando y preparando producto en condiciones que hoy parecen impensables: de rodillas en el suelo de cemento.
La cocina del restaurante se convirtió después en su escuela. Allí aprendió a hacer calderos, suquets de pescado, zarzuelas marineras y platos tradicionales que con el tiempo se volverían parte de la identidad del negocio.
Crecer entre fogones: la infancia de la segunda generación
Los hijos de la familia crecieron literalmente dentro del restaurante. Entre ellos Jorge Reig Cobos, que hoy representa junto a su hermana, Raquel la segunda generación al frente del negocio.

Jorge preparando el expositor de pescado.
Su infancia no se parece en nada a la de hoy. Mientras otros niños jugaban en casa, ellos ayudaban en el restaurante: fregaban vasos, ordenaban cajas de producto o echaban una mano donde hiciera falta. A cambio recibían 100 pesetas y el orgullo de sentirse parte del negocio familiar.
Pero también había tiempo para la vida de pueblo. Recuerdan ir al puerto a coger almejas, pescar pulpos o pasar las tardes cerca del mar. Para ellos aquello era un juego; sin saberlo, estaban aprendiendo el oficio. Ese contacto directo con el mar y con el producto marcaría su forma de entender la hostelería.
De los primeros bares al nacimiento de Casa Santi
El negocio fue evolucionando con los años. Santiago pasó por distintos locales del puerto de Roquetas, donde fue ganándose la confianza de clientes locales y turistas que empezaban a descubrir la costa almeriense.

Quisquilla del mar de Alborán.
Finalmente nació Casa Santi, el restaurante que consolidó la reputación de la familia. Durante años funcionó en un local alquilado hasta que, a comienzos de los años 2000, la familia pudo comprar el establecimiento actual frente al Club Náutico.
Aquella decisión fue clave: significaba estabilidad y la posibilidad de seguir creciendo. Hoy el restaurante lleva más de dos décadas en el mismo lugar y cerca de medio siglo de historia familiar ligada a la hostelería.
El secreto: producto del puerto y cocina sin artificios
Si algo define a Casa Santi es su relación directa con el mar. El restaurante trabaja con producto del día, muchas veces procedente directamente de los barcos de Roquetas. En su acuario pueden verse mariscos vivos que llegan del puerto: gamba roja, gamba blanca, cigalas, quisquillas o langostas.

La cherna, uno de sus pescados emblema.
La caldereta de langosta, es uno de los platos más representativos de la casa. Se prepara con patata y con la langosta fresca, un plato contundente que resume la cocina marinera de la zona. La cherna, un pescado muy apreciado en la zona, que en Casa Santi se sirve sin más pretensiones que frito y con un poco de mayonesa para respetar su sabor natural.
El pulpo seco, otra especialidad de Casa Santi. La familia seca el pulpo en su propio secadero y lo prepara siguiendo técnicas tradicionales. A esto se suman arroces marineros, parrilladas de pescado y una amplia selección de marisco fresco.
Una hostelería que ha cambiado mucho
Después de tantos años, la familia ha visto cómo la hostelería se transformaba. Antes los clientes venían a disfrutar del producto local. Muchos incluso compartían recetas o enseñaban técnicas en la cocina. Hoy el sector vive otras dificultades, como la falta de personal o el cambio en los hábitos de consumo.
Aun así, Casa Santi sigue funcionando gracias a una idea sencilla que Santiago inculcó desde el principio: constancia. Trabajar cada día, cuidar el producto y tratar bien al cliente.
Más que un restaurante: una historia de familia
Hoy el negocio continúa gracias a la segunda generación, con Jorge y Raquel, los hermanos al frente del restaurante, manteniendo la filosofía con la que sus padres empezaron hace más de cuarenta años.

Santiago, su hija Raquel, su hijo Jorge y su mujer María Isabel.
Casa Santi no es solo una marisquería. Es la historia de una familia que aprendió a cocinar sin maestros, que levantó un negocio con esfuerzo y que convirtió el pescado del puerto en una tradición.
Una tradición que sigue viva cada vez que en una mesa aparece una caldereta de langosta, un plato de pulpo seco o una bandeja de marisco recién llegado del mar de Roquetas. Porque, al final, la receta que ha mantenido abierto el restaurante durante décadas no está solo en la cocina. Está en la familia.