La Voz de Almeria

La Foodineta

Las paellas a domicilio más famosas de Almería: los futbolistas Astrain o Piatti son clientes fijos

Aitor y Miro se juntaban en casa de algún amigo los fines de semana para hacer un arroz, una tradición que confiesan "se nos ha ido de las manos"

Paellas de Aitor y Miro también en Las Moragas de Roquetas de Mar.

Paellas de Aitor y Miro también en Las Moragas de Roquetas de Mar.La Voz

Marina Ginés
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Aitor Soriano y su compadre Casimiro Rodríguez “Miro” empezaron hace poco más de un año cocinando arroces para amigos en Roquetas de Mar. Hoy recorren la provincia preparando paellas para fiestas privadas, comuniones o empresarios hosteleros, y todo sin publicidad ni estrategia comercial: solo con el boca a boca. 

La historia de estos dos roqueteros no empezó en una cocina profesional ni en una escuela de hostelería. Empezó en una casa de amigos, alrededor de una mesa y con una paella improvisada.

Los amigos de Aitor y Miro son sus mejores publicistas.

Los amigos de Aitor y Miro son sus mejores publicistas.La Voz

Hace apenas un año, uno de sus conocidos celebraba su cumpleaños y les pidió que prepararan algo de comer para una veintena de personas. Aitor aceptó sin pensarlo demasiado. Cocinó un arroz de gambas acompañado de algunos entrantes sencillos y lo que, en principio, iba a ser solo una comida entre amigos terminó convirtiéndose en el punto de partida de algo inesperado.

“Me preguntó cuánto me tenía que pagar y yo le dije que no tenía ni idea”, recuerda entre risas. “Al final me dio 150 euros y pensé: pues a partir de ahora cobraré eso”.

Aquella comida tuvo lugar el 10 de noviembre de 2024. Lo que ninguno imaginaba entonces era que, en apenas unos meses, ese gesto improvisado acabaría llenándoles los fines de semana.

El boca a boca que recorrió la provincia

Después de aquel primer arroz empezaron a llegar nuevas llamadas. Primero de amigos cercanos, después de conocidos y finalmente de personas que ni siquiera habían coincidido con ellos.

Miro y Aitor en uno de los eventos.

Miro y Aitor en uno de los eventos.La Voz

“Uno decía: ‘Conozco a unos que hacen paella’. Y así empezó todo”, explica Aitor. “De repente nos llamaban para ir a casas, cumpleaños o reuniones”.

Sin publicidad, sin página web y sin apenas presencia en redes sociales, el proyecto empezó a crecer únicamente gracias al boca a boca. En poco tiempo estaban cocinando en distintos puntos de la provincia: desde Roquetas de Mar hasta Almería capital, pasando por Aguadulce, El Ejido, La Mojonera o Adra.

Miro y Aitor.

Miro y Aitor.La Voz

En algunos eventos han llegado a preparar varios arroces a la vez. “Hubo una vez que hicimos seis arroces en un mismo sitio. Nos dijeron si nos atrevíamos y dijimos que sí, aunque la verdad es que tampoco sabíamos muy bien dónde nos estábamos metiendo”.

Con el tiempo han llegado incluso a preparar paellas para celebraciones de hasta doscientas personas.

Un arroz que mira al mar

Aunque pueden preparar arroces de carne o conejo si se lo piden, Aitor tiene claro cuál es la identidad de lo que hacen. Sus recetas están profundamente vinculadas al mar y al producto local.

“Nuestra esencia es el pescado”, explica. “Siempre llevamos producto del puerto: gambas rojas, pescado del día… que se note de dónde venimos”.

Miro y Aitor con el abuelo de Aitor de fondo, su auténtico mentor.

Miro y Aitor con el abuelo de Aitor de fondo, su auténtico mentor.La Voz

Esa relación con el mar tiene mucho que ver con su historia familiar. De hecho, Aitor sitúa el origen emocional de todo esto en sus abuelos, que solían preparar uno de los platos más tradicionales de los pescadores de la zona: el caldero.

“Mi abuelo hacía el caldero con el pescado del día. Primero se hacía el caldo y luego con ese caldo se preparaban los fideos aparte. Era una comida muy típica de pescadores”, recuerda.

Aquellas comidas familiares quedaron grabadas en la memoria y, de alguna forma, terminaron influyendo en la forma en la que hoy cocinan sus arroces.

Sin marketing, sin marca… y con una perrita como símbolo

En tiempos en los que la mayoría de proyectos gastronómicos nacen acompañados de estrategias de marketing, redes sociales y campañas de promoción, lo que hacen Aitor y Miro resulta casi anacrónico.

La madre de Aitor pudo conocer al auténtico RVFV.

La madre de Aitor pudo conocer al auténtico RVFV.La Voz

No tienen publicidad. No tienen una marca definida. Ni siquiera un nombre oficial para lo que hacen. “Yo tengo un Instagram, pero ni lo usamos prácticamente”, explica Aitor. “No queremos publicitarnos demasiado porque los dos tenemos nuestros trabajos y no podemos aceptar todo lo que nos piden”.

La única imagen que los identifica surgió casi como una broma entre amigos: una perrita salchicha con gorro de chef que acabó apareciendo en su ropa de cocina. “Tengo un perro salchicha y, como no teníamos nombre ni nada, al final se quedó eso”, cuenta.

De fiestas privadas a futbolistas

A medida que el boca a boca se ha ido extendiendo, sus arroces han empezado a aparecer en celebraciones cada vez más grandes. Han cocinado en cumpleaños multitudinarios, reuniones familiares, eventos privados y también en encuentros vinculados al mundo de la hostelería.

Piatti y Jaime Astrain en uno de los eventos de Miro y Aitor.

Piatti y Jaime Astrain en uno de los eventos de Miro y Aitor.La Voz

Entre las personas que han probado sus arroces hay también nombres conocidos del deporte, como los futbolistas Pablo Piatti o Jaime Astrain, además de empresarios del sector hostelero de la provincia, como Grupo Olivencia.

Aun así, Aitor insiste en que su forma de trabajar sigue siendo la misma que al principio. “Nosotros vamos, cocinamos, pasamos un buen rato con la gente y nos volvemos. No tiene más misterio”.

Fines de semana entre paellas y bombonas

El crecimiento ha sido tan rápido que han tenido que improvisar soluciones sobre la marcha. Con el aumento de encargos, Aitor terminó comprándose una furgoneta para transportar paellas, utensilios y bombonas de gas.

Detalle de uno de sus arroces.

Detalle de uno de sus arroces.La Voz

Cada fin de semana repiten el mismo ritual: cargar todo el material y desplazarse hasta el lugar donde toque cocinar ese día. Sin embargo, ninguno de los dos se dedica profesionalmente a esto. Ambos tienen su trabajo y sus familias, por lo que solo pueden aceptar encargos en momentos muy concretos.

“Tenemos niños, trabajo y muchas cosas. No podemos hacerlo todos los días”, reconoce. Aun así, las llamadas siguen llegando. “Hay veces que me llaman de empresas o de gente que ni conozco y tengo que decir que no”.

Una historia que todavía no saben dónde acabará

Cuando mira atrás, Aitor reconoce que le cuesta creer lo rápido que ha pasado todo. En apenas un año han pasado de cocinar en casa de amigos a recorrer media provincia preparando arroces para celebraciones.

“Esto se nos ha ido de las manos”, admite entre risas. A pesar de todo, no tienen claro qué rumbo tomará esta aventura gastronómica. “Yo lo que quiero es que el bar vaya bien, trabajar con mi familia y que todo funcione. Lo de los arroces… ya veremos hasta dónde llega”.

De momento, lo único seguro es que cada fin de semana volverán a cargar la furgoneta con paellas, arroz y producto del puerto para repetir lo que empezó todo: cocinar para que la gente disfrute alrededor de una mesa.

tracking