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Cómo nació y sobrevivió el bar más surrealista de Almería: cómics y bancos de iglesia en el techo

Se trata de una mítica brasería fundada hace casi cuatro décadas, hoy situada en la Rambla Alfareros

Isabel Herrada Rodríguez, dueña de la Brasería Los Charros, en la Rambla Alfareros, número 54.

Isabel Herrada Rodríguez, dueña de la Brasería Los Charros, en la Rambla Alfareros, número 54.Elena Ortuño

Elena Ortuño
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‘Charro’: Dicho de una cosa recargada de adornos, abigarrada. Al otro lado del océano, en la tierra de los mariachis, también se relaciona con un hombre valiente, coqueto y habilidoso a caballo.

Isabel Herrada, una almeriense dueña de Los Charros Brasería, revela que la idea surgió de una noche de películas compartida junto a su hermano: “Estábamos viendo a Jorge Negrete. En aquel entonces todavía no teníamos nombre para el bar y nos pareció perfecto darle ese toque mexicano, una tierra preciosa que mi hermano ya había visitado varias veces”.

Y aunque el inicio de aquel nombre se debió al apuesto actor mexicano, ya fuese por un guiño irónico del diccionario o porque sus propietarios eran conscientes de su polisemia, el local ha ido, durante sus cuatro décadas de vida, dando fe de un horror vacui cuya originalidad sorprende y encanta a cualquiera que se atreve a traspasar su umbral.

Unas raíces profundas

Desde su primera ubicación en la Rambla de Almería hasta la actual, en el número 54 de Alfareros, han pasado 39 años; casi cuatro décadas. Fue el hermano de Isabel quien tomó la iniciativa. Con experiencia desde jovencillo (empezó en la hostelería a los 13 años), logró crear un establecimiento no solo con buena comida; sino también con alma.

En sus orígenes, el local era frecuentado por los amantes de las películas, venidos de toda la provincia al antiguo Cine Imperial, en las inmediaciones de Los Charros. El ir a la brasería tras inflarse a palomitas durante el filme era un tándem que pocos se atrevían a romper. “Aquí venía gente de muchos pueblos. Ahora regresan con sus hijos y sus parejas”, afirma Isabel, con un destello de orgullo en la mirada.

Memorias guardadas en objetos

El bar rezuma historias de vida por cada palmo de su abarrotada pared. Cada objeto, marco, lámpara o asiento esconde tras de sí un trocito de la historia de vida de los Herrada, así como de los clientes que han pasado por este templo de las tapas a la brasa.

Desde llaves de cortijos centenarias colocadas en ristra hasta un piano frecuentado por gallinas en un caserón abandonado, Isabel y su troupe les ofrecen una segunda oportunidad a estos pequeños (y no tan pequeños) tesoros, alejándolos del polvo y del olvido: “Aquello son traviesas de tren auténticas. Fuimos hasta Comillas a por ellas. La lámpara que cuelga sobre tu cabeza es un plato de pescado fruto de una idea que tuvo mi hermano mientras dormía”, sonríe la hostelera, mientras va señalando los detalles que la rodean.

Escaleras del local, que conducen a la parte de arriba de Los Charros.

Escaleras del local, que conducen a la parte de arriba de Los Charros.Elena Ortuño

En este quijotesco rincón de Almería, con el techo forrado por periódicos, billetes con rostros venerados en recónditos lugares del mundo y hasta un banco eclesiástico colgado de la cubierta, también hay espacio para detalles más personales, más íntimos. 

Es el caso de un marco (de forma cuanto menos curiosa) en cuyo interior se guarda una cartulina: “Eso fue de una vez en la que mi hermana y yo nos pusimos a recordar los dibujos que hacíamos de pequeñas. Los recreamos sobre el papel y formamos un collage”, reconoce la almeriense con cierta nostalgia.

Una carta para salivar

Todo amante de la buena mesa sabe que, por muy seductor que sea un restaurante a la vista, siempre debe conquistar primero al paladar. Es por esto que el principal atractivo de Los Charros es la gran parrilla que calienta el lugar y en la que arden las brasas que luego, con paciencia y mucho sabor, cocinan la carne.

Desde sus platos estrella, como costillas, alitas y muslitos de pollo, hasta tapas vegetarianas caseras, como berenjenas o pimientos asados, la carta del restaurante es toda una fusión entre lo almeriense y un estilo latinoamericano que no solo se saborea en el nombre del local.

Berenjenas a la brasa de Los Charros, un manjar vegetariano.

Berenjenas a la brasa de Los Charros, un manjar vegetariano.Elena Ortuño

Nuestro ingrediente secreto es la salsa de la casa. La descubrimos un día por arte de magia, experimentando, y desde entonces a los clientes les encanta”, ríe Herrada, agradecida por los golpes de suerte que a veces regala la vida. “Nuestras costillas las bañamos en salsa y gustan tanto que una vez una persona nos pidió que se las pusiéramos para llevar, que quería que las probase un amigo suyo que vivía en Francia. ¡Y al final lo hizo!”. Lo cuenta con una mezcla entre orgullo y sorpresa, como si no se creyese aún que aquella aventura llegase a término.

Después de tanto tiempo, Isabel sueña con que Los Charros siga siendo un refugio tal como lo conocen su familia y sus clientes de toda la vida, con las tapas originales de antaño y sin perder la esencia que con tanto ahínco ha preservado.

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