Juanlu, vendedor de la ONCE: “Estar gordo pesa más que tener una discapacidad”
Fundador de una asociación que prestan su ayuda en carreras y eventos deportivos en Almería

Juan Luis Rodríguez.
Juan Luis Rodríguez, Juanlu, nació ciego y con menos de un mes de vida le dieron la vista en la clínica Barraquer. A los 16 años empezó a trabajar hoy coordina decenas de eventos deportivos desde una asociación inclusiva en Almería. Vende cupones por la mañana, organiza carreras por la tarde y cree firmemente que la diferencia no la marca una persona sola, sino el equipo.
Empezaste a trabajar muy joven. ¿Con cuántos años fue la primera vez?
Con 16 años ya trabajaba como camarero extra, no tiraba bandejas siempre me he manejado con mi discapacidad. Y con 18 entré en la ONCE como vendedor. Tenía claro que debía trabajar, aportar en casa y marcarme mis propios objetivos.
¿Sentiste que tu discapacidad visual era un freno para empezar tan pronto?
No realmente. Yo siempre me he manejado bien. El mayor freno no fue la vista, fue una etapa en la que estaba gordito y eso socialmente pesa mucho más de lo que la gente cree. La discapacidad, bien acompañada, no tiene por qué limitarte.
Aun así, estudiaste, trabajaste y no te quedaste quieto.
Nunca. He sido camarero muchos años, animador sociocultural, he estudiado fisioterapia, osteopatía, quiromasaje, medicina deportiva… No terminé la carrera del todo, me quedó una asignatura, pero todo eso me ha dado herramientas y seguridad. Nunca he querido quedarme parado.
¿Cuándo entra el deporte en tu vida de forma seria?
Lo recuerdo perfectamente: el 10 de febrero de 2010, a las ocho y media de la tarde, cuando entré por la puerta del gimnasio Ponce. Ahí cambió todo. El deporte me dio disciplina, autoestima y una forma distinta de relacionarme con el mundo.
Y de ahí nace tu vinculación con los eventos deportivos.
Sí. Empecé como voluntario hace más de 15 años. Antes no se llamaba “personal auxiliar”, éramos voluntarios sin más. Una asociación me abrió la puerta y a partir de ahí fui aprendiendo, colaborando con clubes, federaciones y ayuntamientos.
Hoy eres el presidente de la asociación Juntos Hacemos la Diferencia. ¿Cómo nace?
Nos fundamos en mayo del año pasado porque ya teníamos mucho volumen de trabajo. La asociación nace para colaborar y prestar servicios en eventos deportivos y culturales, siempre desde una mirada inclusiva.
¿Por qué ese nombre?
Porque de verdad creemos que marcamos una diferencia. Aquí no hay protagonistas individuales. Si uno falla, fallamos todos. Esto funciona gracias al equipo, a los voluntarios, a la gente que está en la calle horas ayudando.
¿Hay personas con discapacidad dentro de la asociación?
Sí. Yo soy el presidente y hay varios auxiliares con discapacidad. La inclusión no se predica, se practica. Queremos que cualquiera que quiera participar tenga su espacio.
Habéis intentado organizar vuestra propia carrera popular. ¿Qué pasó?
Presentamos un proyecto completo al ayuntamiento de Roquetas: una carrera y marcha solidaria. Nos pusieron muchas trabas. Nos dijeron que podían colaborar con vallas y arco, pero no económicamente. A veces da la sensación de que no eres profeta en tu tierra.
Aun así, seguís creciendo.
Mucho. Hemos hecho cerca de 50 eventos al año. Hay fines de semana con competiciones universitarias, carreras solidarias, triatlones… Coordinamos a decenas de personas. Todo pasa por mí, pero porque me gusta y creo en ello.
La asociación es sin ánimo de lucro, pero dais una pequeña gratificación.
Claro. Nadie se va a hacer rico aquí. Son dietas pequeñas: 20, 25, 30 euros por varias horas. Lo importante es tratar bien a la gente. Si tratas mal a un voluntario, no vuelve, por mucho dinero que le des.
Por la mañana vendes cupones. ¿Qué es lo más duro de ese trabajo?
La calle. El frío, el calor, estar muchas horas de pie. Pero también tiene algo muy bonito: el trato con la gente. Hay clientes que te cuentan su vida, su día, sus problemas. Eso humaniza mucho.
¿Y lo mejor de todo tu recorrido?
La independencia. Saber que no dependo de nadie. Poder moverme, organizar, trabajar, ayudar. Mis padres siempre me apoyaron, pero la decisión de avanzar fue mía.
Has vivido rechazo alguna vez.
Sí, claro. En el colegio hubo burlas, como en casi todos los casos. Pero también tuve profesores y compañeros que me ayudaron mucho. Eso deja huella.
Estás casado y conociste a tu pareja gracias a las carreras.
Sí. Ella empezó como voluntaria. La llamé para una prueba y ahí empezó todo. Ella no tiene ninguna discapacidad, a veces se nos ve como si fuéramos monstruos (a los discapacitados).
Si tuvieras que resumir tu filosofía en una frase
Que sin las personas, esto no es posible. Yo soy un intermediario, pero la fuerza está en el equipo. Y que, aunque tengas una discapacidad, no tienes por qué renunciar a nada. Solo hay que encontrar el camino.
¿Cuáles son tus proyectos de futuro?
No parar, me estoy preparando unas oposiciones y ojalá la asociación se convierta en una empresa.