Cómo nació y sobrevivió el mesón más rural de Almería que sirve carne a la brasa como plato estrella
Fundado en 1995, se enorgullecen de haber mantenido la carta tal y como se la legó su padre

Antonio y Juan Fernández Salmerón, dueños de Sierra Morena.
Hay un lugar en Almería que evoca la tierra ocre de la sierra y el olor a madera de los bucólicos bosques de encinas, alcornoques, quejigos y castaños de Jaén. Un rincón acogedor en el que transportarse al interior andaluz es sencillo, y, sobre todo, delicioso. Y es que entre el aroma de las brasas y la cocina tradicional de toda la vida, Antonio y Juan Fernández llevan adelante un restaurante que, con su nombre, honra la memoria de su difunto abuelo, natural de las montañas que bautizan el local.
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Fue un 13 de julio de 1995 cuando el padre de ambos almerienses colgó el cartel de 'abierto' en la puerta principal del Mesón Sierra Morena. Sin experiencia previa ni nadie en la familia que pudiera guiar sus pasos, Fernández senior fue, poco a poco, levantando un negocio que este verano cumplió tres décadas de vida.

El comedor del Mesón Sierra Nevada, por dentro.
Al contrario de lo que se suele contar, su hijo mayor, Antonio, recuerda aquel día de la inauguración como una auténtica pesadilla. "Mi padre decidió montar el bar mientras yo hacía la mili. El día que abrimos lo pasé fatal, porque no había trabajado nunca en hostelería. Yo quería ser mecánico, no camarero", reconoce el actual dueño del establecimiento.
Aunque el principio estuvo envuelto en la torpeza habitual que suele rodear a aquellos proyectos que saben más a ilusión que a veteranía, un solo vistazo a sus cuatro paredes revela que todo aquello debió de tener una razón de ser: "El bar se llama Sierra Morena por mi abuelo, que era de aquella zona mítica. Le tenía muchísimo cariño", reconoce Antonio.
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Fue así como comenzó su travesía. Junto a su primo, decorador de profesión, el padre de Antonio y de Juan viajó hasta la sierra que luego nombró al bar, visitando mesón a mesón; y apuntando en tinta sobre papel todo lo que podrían importar a la capital almeriense. El resultado hizo realidad su sueño: abrir su propio negocio gastronómico aquella jornada de julio.
Clientes polifacéticos y platos de siempre

Variedad de tapas en el Mesón Sierra Nevada.
Entre ardientes brasas sobre las que se cocinan las más jugosas carnes y platillos tradicionales como caracoles o ensaladilla rusa, los clientes del mesón siempre han sabido valorar la calidad de su carta. "No tocamos pescado. Lo nuestro son tapas antiguas de toda la vida y una buena variedad de carnes a la brasa, que son nuestra fuerza".
Si bien en un inicio predominaban los vecinos del barrio y conocidos de la familia, con el tiempo el comedor del Sierra Morena se ha ido llenado con acentos extranjeros que no han dudado en repetir tras probar su oferta gastronómica.
"Una niña me hizo un dibujo. Pone: 'El mejor restaurante del mundo'. Yo confío en que un día volverá con su novio y se lo enseñará"
"Cada año se va renovando la oferta. Como estamos cerca de El Zapillo, en verano vienen muchos turistas; también encontramos clientes de segunda e, incluso, tercera generación", cuenta mientras señala con la cabeza una hoja de papel colgada en la pared del restaurante: "¿Ves eso?", pregunta: "Es un dibujo que me hizo una niña. Pone: 'El mejor restaurante del mundo'. Yo confío en que un día volverá con su novio y dirá: 'Ese dibujo lo hice yo'", sonríe.
Presente y futuro
A punto de ser el local de moda gracias a una hipotética visita de David Bisbal -cuyo guardaespaldas era fiel cliente del Sierra Morena-, el local ha visto pasar caras conocidas del fútbol almeriense, así como algún que otro actor y humorista. Clientela que ha dejado muchas anécdotas y risas en un entorno por el que Antonio ha ido, día tras día, desarrollando más cariño y apego.
"Desde que abrió el mesón hasta hoy he estado siempre por aquí", reconoce, para después encogerse de hombros y añadir: "Sobre el futuro del bar, todo es un interrogante. De momento seguiremos mi hermano y yo al frente del negocio. Luego ya veremos si hay relevo generacional", concluye, con la humildad de quien vive al día y con el fin de mantenerse fiel a lo que un día su padre fundó.