Cómo nació y sobrevivió el bar donde David Bisbal tomaba café
El Vipais es uno de los lugares de desayunos más míticos del barrio de Los Ángeles y está abierto de 1990

Ismael y Paco, hijos del fundador y actuales dueños, delante de la entrada del Vipais.
En pleno barrio de Los Ángeles, en el número 6 de la calle homónima, se esconde una elegante cafetería que guarda tantas historias del distrito que la aloja como rostros han traspasado su umbral. Abierto desde 1990, el Vipais es predecesor de otro local gastronómico que el patriarca de la familia, José Rodríguez Martín, había montado al inicio de la misma avenida.
El origen
Venido de Granada y empleado de la otrora empresa española Barreiros, José decidió embarcarse en el sacrificado mundo de la hostelería. Amante de su familia, bautizó la cafetería como aquellos que lo apoyaron en su aventura: “Vi de Virtudes, mi madre; Pa de Paco, mi hermano; y, por último, Is de Ismael; yo mismo”, explica el último, hijo de José, fundador del establecimiento, hoy tan querido por los vecinos.
Desde un principio el fuerte del Vipais fueron los desayunos: lorenzanas, café de oro negro ecológico, y buenos helados para escapar del calor que desde finales del siglo XX ya irradiaba el asfalto: “También servimos copas, por supuesto”, añade Ismael.
El suelo de la histórica cafetería ha sido frecuentado por clientela de todo tipo: desde gente del barrio y trabajadores hasta caras que hoy se han convertido prácticamente en familia: “La época fuerte de los desayunos fue en los 90, cuando la construcción aún estaba en su burbuja. Aquí venían muchos obreros a coger fuerzas para el resto de la jornada”, recuerda el camarero, quien ha crecido entre bandejas y carajillos servidos con premura junto al periódico de papel.
Hoy, sus parroquianos más fieles ya lucen arrugas: “Son los de siempre; antes más jóvenes, ahora mayores, pero siempre igual de bienvenidos”, afirma Ismael con una sonrisa sincera.

Francisco Villa y Manuel Parra, presidente de la Peña Deportiva Antonio Biosca y pintor jubilado de la colonia Los Ángeles, respectivamente; pero, sobre todo, clientes habituales del Vipais.
Memorable El paso de los años y el cariño de su clientela es palpable nada más pisar la baldosa del bar. En el rellano, en una vitrina situada a la izquierda de aquel que entra desde la calle, una colección de objetos antiguos y de valor sentimental da la bienvenida al local.
Desde un reloj de cuco -presente de una señora habitual del establecimiento- hasta un conjunto de cera fundida -reflejo de la importancia que la Semana Santa ostenta en el bar-, cada objeto cuenta un trocito de la cálida historia del Vipais. En una de las baldas tras el cristal, una noticia de este decano periódico plasma en tinta y papel el momento en el que ambos hermanos tomaron los mandos del bar, más por necesidad ante el fallecimiento de su padre, el dueño originario.
Después de tantos años, el restaurante acumula una serie de anécdotas que, al recordarlas, hacen reír al almeriense: “Hubo una época en la que toda la Avenida de Los Ángeles estuvo en obras. Pusieron una vaya que iba desde el inicio hasta el final de la calle y dejaba tan poco espacio entre la pared del Vipais y la verja, que mi padre, todas las mañanas, le daba una patada y la tiraba. La estructura iba haciendo efecto dominó, y él pasaba tranquilamente, invitando a hacer lo mismo a los clientes. No veas las broncas que le echaban luego...”, recuerda con el brillo en los ojos de quien sabe las travesuras que se gastaban antes.
El barrio en el que tomó café Bisbal
Una de las anécdotas que los hermanos llevan por bandera es la estampa de David Bisbal sentado en una de sus mesas tomando café con sus amigos y familia. Y es que el barrio de Los Ángeles fue aquel en el que pasó su infancia el cantante; ese rincón donde tantas veces ha afirmado haber sido tan feliz.

David Bisbal de pequeño.
Un futuro prometedor
Sobre el relevo generacional, afirma que el de su hermano y él fue algo natural. “Nos criamos aquí”. Sin embargo, preguntado por el futuro, Ismael se encoge de hombros: “Me gustaría que todo permaneciese así, como lo hemos mantenido nosotros, siguiendo la misma línea que dejó mi padre”, reconoce.
Mientras tanto, el bar Vipáis seguirá siendo un refugio de tradición y buen café, pero con la nueva generación alejándose del negocio. Su futuro queda así en manos del tiempo, que será el encargado de revelar lo que pasará.