La Voz de Almeria

Opinión

teresa lao

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Reflexiones acerca de las clases de baile

“Por eso escribo, porque indago y me convierto en exploradora de la superficie lunar”

Clint Eastwood y Laura Dern en un fotograma de ‘Un mundo perfecto’ (1993).

Clint Eastwood y Laura Dern en un fotograma de ‘Un mundo perfecto’ (1993).Warner Bros. Pictures

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No me quedo tranquila si a todo no le doy otra vuelta de tuerca. Creo que un día de estos trasrosco la pieza de tanto apretar y me quedo con ella en la mano con cara de Steve Urkel y susurrando ingenuamente: ¿he sido yo? Después de filosofar con Javi acerca de ese cielo utópico y plácido que nos espera y del que hablaba mi profesor de EGB, me han surgido disonancias cognitivas y la discusión metafísica-filosófica me ha hecho contemplar las caras ocultas de ese poliedro. La cara oculta de la luna siempre nos queda vedada, como las diferentes perspectivas del poliedro. Por eso escribo, porque indago y me convierto en exploradora de la superficie lunar. Caen sobre mí las disonancias cognitivas como una lluvia ácida. Si me lo permitís, pasaremos a hacer metaliteratura.

Voy a diseccionar con escalpelo ese constructo que es el cielo para mi profesor de EGB. Y que, casi cuarenta años después, me gustaría que me lo explicase mejor. Si el cielo está hecho a nuestra medida, seguramente no coincida con la idea preconcebida para otros. A lo mejor en el cielo no nos queda más remedio que estar solos. Vaya chufla. Un cielo para cada uno. A lo mejor no puedes coincidir con tu padre porque vuestros planteamientos del cielo disienten uno del otro. A no ser que hagamos un resort en el cielo con playa, pulserita, pistas de baile y de fútbol o de pádel. Y eso ya me parece abominable e inconcebible. O una pequeña parcelita comprada a plazos con la bondad. Y de estar juntos, suponte tú, ¿estaría mi padre o mi idea idealizada de padre? ¿En el cielo estaría bien discutir con tu señora? Si todo allí se supone paz y armonía. Y si todos allí tenemos nuestro sucedáneo, holograma o esquema mental de las personas que amamos —anulándoles los defectos o las posibles discrepancias—, ¿no nos quedaría un poco ‘Un Mundo Feliz’ de Aldous Huxley? Y al final, ya estoy viendo venir que se pone todo el mundo a consumir soma. ¿No se perdieron miles de cosechas de personas cuando en la Matrix trataron de simular un mundo feliz? Ni en ‘Un Mundo Perfecto’ de Clint Eastwood salen las cosas bien —con ese título, desarrollándose en el plano terrenal y tratándose del Eastwood, era de esperar, la verdad—. Y otro lado oculto del poliedro que también está en la otra cara de la luna. Por mucho que te guste algo, si estás toda la eternidad haciéndolo, ¿no se te haría un poco cansino? Digo yo. Ya lo decía Woody Allen: La eternidad se hace larga, sobre todo al final.

Lo que no tenía fisura alguna, era incuestionable y sigue siéndolo, eran las clases de baile de Patrick Swayze a las que asistiría mi padre en el cielo y los chapuzones. Yo es que creo que no se cansaría. No vi nunca cosa igual. Cinco horas seguidas sin salir del agua —sin saber nadar, ojito—. Un niño de la posguerra que se quedó sin infancia en la playa, convertido en un adulto que no quiere salir del agua ni para merendar. Mi padre me contaba que la primera vez que se bañó en el mar tenía sesenta y pico años. Y se quedó tan fascinado como el niño que, estando frente al mar, le pedía ayuda al padre para mirar. No exageraba Eduardo Galeano en su libro de los abrazos. Tres horas seguidas bailando y decía que le dejaba de doler la espalda. Parece que lo que estoy viendo ensayando los pasos del tango en la cocina y diciendo: ¡Mírame! con la emoción de un niño que reclama la atención de sus padres en sus más plausibles proezas. ¿Me creéis ahora? A ese hombre se le hizo corta la vida para hacer lo que más le gustaba. Pa mí que no se le va a hacer larga la eternidad. Lo siento, Woody.

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