Una familia de Almería, atrapada en Reino Unido sin saber cómo volver a casa
Antonio relata cómo logró salir de Londres y regresar a Almería tras el colapso aéreo que dejó cientos de vuelos cancelados

Pasajeros esperan embarcaren una terminal en Londres.
Antonio toma café después de haber dormido lo que ha podido. Lleva a sus espaldas dos jornadas de cansancio, esperas interminables y noches improvisadas en el suelo de dos aeropuertos a base de sobredosis inútiles de contar ovejitas antes de lograr regresar a Almería.
La incidencia técnica registrada el pasado martes en el sistema de navegación aérea británico provocó retrasos y cancelaciones masivas que afectaron a cerca de 600 vuelos con destino a España. Entre ellos se encontraba la conexión directa que debía traer a Antonio de vuelta a Almería tras unas vacaciones familiares en la capital británica.
Todo comenzó en el aeropuerto de Gatwick. Con las tarjetas de embarque preparadas y los recuerdos ya guardados en las maletas, la familia observó cómo el vuelo acumulaba sucesivos retrasos. Al principio no hubo preocupación. Sin embargo, las horas fueron pasando hasta que las pantallas mostraron una palabra que lo cambió todo: “Cancelled, cacelled, cancelled...”.
Una auténtica diaspora
Dejando, según explica Antonio a unas 100.000 personas con cara de circunstancias en el aeropuerto londinense. “Lo peor fue la incertidumbre”, recuerda. Miles de pasajeros comenzaron a buscar alternativas al mismo tiempo mientras las colas se multiplicaban frente a los mostradores de información.
La falta de respuestas aumentó la tensión, “el mostrador de información estaba desbordado, una fila como si le das la vuelta a la Puerta Purchena varias veces”. Tampoco encontrar alojamiento resultó sencillo. “No había hoteles y los que quedaban alcanzaban precios entre 700 y 900 euros, la habitación para dos personas. Nosotros éramos cuatro...”.
Mientras tanto, cada pasajero trataba de buscar una salida por su cuenta. Su hija rastreaba vuelos desde el móvil mientras a su alrededor crecían las quejas y el nerviosismo. Antonio todavía recuerda las dimensiones del colapso. “Aquello fue una diáspora. La gente intentaba escapar de cualquier manera”.
Finalmente apareció una alternativa, aunque muy distinta a la inicialmente prevista. La familia acabó durmiendo en el suelo del aeropuerto de Sansted para salir al día siguiente rumbo a Palma de Mallorca. Tras otra pernocta a base de asientos incómodos y duro suelo, tomaron otro vuelo hasta Málaga completando el último tramo en coche de alquiler hasta Almería.
A ello se sumó el perjuicio económico. Nuevos billetes, comidas, desplazamientos y el alquiler del vehículo incrementaron unos gastos inesperados que esperan recuperar a través del seguro. “Supongo que lo pagará el seguro, pero por ahora lo he palmado yo”, lamenta.
Escape por Estocolmo
Durante aquellas largas horas también conoció a otros dos almerienses atrapados por la misma situación. Sus planes de regreso reflejan hasta qué punto el tráfico aéreo europeo se convirtió en un rompecabezas.
“Me contaron que iban a intentar volver haciendo Estocolmo-Milán-Valencia. Luego ya no sé cómo llegaron a Almería o si han llegado ya.”, explica
Pese al caos, Antonio destaca el comportamiento de los viajeros. “Hubo enfado y alguna blasfemia, pero la gente lo llevó de forma bastante civilizada”. Ahora, ya en casa, cree que el problema no fueron únicamente las noches en el suelo de los aeropuertos o el dinero gastado para regresar. Lo más difícil, asegura, fue convivir durante dos días con la incertidumbre. Una situación que afectó a miles de pasajeros y que convirtió el regreso de unas vacaciones en una travesía improvisada por Europa.