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Almería

Dos palabras para contar el horror: así informó La Voz de Almería del 11-S

Los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York transformaron el ritmo de trabajo de la redacción almeriense

Varias páginas del periódico La Voz de Almería, publicadas tras los atentados del 11S.

Varias páginas del periódico La Voz de Almería, publicadas tras los atentados del 11S.La Voz

Elena Ortuño
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"Guerra terrorista". Dos palabras. Ningún otro texto que explicara lo que acababa de ocurrir. Solo una fotografía a toda página de las Torres Gemelas y, sobre ella, el titular que resumía una jornada que había cambiado para siempre la historia reciente.

Así decidió La Voz de Almería enfrentarse al 11 de septiembre de 2001. Un periódico local, a miles de kilómetros de Nueva York, ante una noticia que estaba siendo contada en directo por las televisiones de todo el mundo. Aquella tropa de periodistas con el oficio por única arma sabía que la respuesta que ellos diesen no podía competir con la inmediatez de las imágenes que llegaban desde Manhattan. Pero sí podía hacer algo distinto: convertir aquellas imágenes en memoria plasmada sobre el papel. Negro sobre blanco. O, en este caso, a todo color.

La edición de aquel día rompió con la apariencia habitual del periódico. La Voz de Almería apostó por una edición a todo color, algo que no era lo habitual, y concedió a las fotografías un protagonismo extraordinario. Grandes imágenes, páginas prácticamente enteras ocupadas por fotografías y titulares de gran impacto construyeron una cobertura en la que el grafismo dejó de ser un elemento complementario para convertirse en una de las principales herramientas informativas.

La decisión tenía una razón. "Fue hacer un desarrollo informativo donde lo importante era el impacto de la foto", recuerda Pedro Manuel de la Cruz, director del periódico en aquel momento. El lector ya estaba viendo en televisión cómo se derrumbaban las torres. El periódico llegaría después, pero podía ofrecer otra cosa: una imagen que permaneciera.

Una jornada a contrarreloj

Aquella mañana todo había empezado como una noticia que, durante unos minutos, podía parecer un accidente. Pedro Manuel de la Cruz recuerda estar en su casa cuando vio las primeras imágenes. Su hija tenía entonces alrededor de tres años y estaba con su madre. El primer impacto lo interpretó como un accidente aéreo. Pero llegó el segundo avión.

Entonces dejó de parecer un accidente.

"Automáticamente ya me di cuenta de que no era un hecho casual", recuerda. El segundo impacto confirmó que se trataba de un ataque premeditado. La reacción fue inmediata: dejó lo que estaba haciendo y se marchó al periódico.

La redacción se encontraba, además, en unas circunstancias poco habituales. Parte del equipo no estaba disponible. Antonia Sánchez Villanueva se encontraba de baja por maternidad; Antonio Fernández estaba de vacaciones; y Simón Ruiz, también. Quien tuvo un papel fundamental en la coordinación de aquella jornada fue Miguel Naveros Pardo, entonces subdirector de La Voz de Almería.

Una de las páginas publicadas en La Voz de Almería en la edición del 11M.

Una de las páginas publicadas en La Voz de Almería en la edición del 11M.La Voz

Había que reorganizar el trabajo sobre la marcha. No hubo una edición especial del 11-S, como sí ocurriría posteriormente con la guerra de Irak. Lo que hubo fue algo diferente: una cobertura extraordinaria dentro de la edición ordinaria, construida bajo la presión de un acontecimiento que todavía se estaba desarrollando. El periódico se entregó, además, bastante más tarde de lo habitual.

La redacción se convirtió en un hervidero. Había que decidir qué fotografías publicar, qué información destacar, cómo distribuir las páginas y qué podía aportar un diario local ante una tragedia que ya estaba siendo retransmitida al mundo entero. La respuesta fue apostar por un periodismo de impacto, inspirado en parte en la prensa británica y en diarios italianos como La Repubblica, publicaciones que el director de entonces seguía por su manera de utilizar la imagen y el diseño para construir una narración periodística.

Primera plana

La fotografía pasó así al primer plano. La portada es el mejor ejemplo. Una imagen gigantesca de las Torres Gemelas dominaba la página principal del periódico. En esta, el edificio todavía formaba parte del paisaje de Nueva York, pero el lector sabía, al primer vistazo, que estaba observando algo que ya pertenecía al pasado. Sobre esa imagen, dos palabras: "Guerra terrorista".

Era una portada que no intentaba explicarlo todo. No podía hacerlo. Todavía no se conocían las cifras definitivas de víctimas, ni estaban claras todas las circunstancias de los ataques, ni se sabía cuál sería la respuesta de Estados Unidos. Pero la imagen ya permitía comprender la dimensión de la tragedia.

Dentro del periódico, esa apuesta visual continuaba. Una de las fotografías aparecía bajo el título "Las torres que fueron todo un símbolo de Estados Unidos". El texto bajo esta imagen recordaba sus más de 400 metros de altura, su presencia en películas estadounidenses y su condición de icono de Nueva York. Después llegaba la destrucción: "Las dos torres han quedado reducidas a escombros", rezaba.

Página del periódico en la edición del 11S.

Página del periódico en la edición del 11S.La Voz

Otra fotografía llevaba un pie de foto igualmente contundente: "Desolación en América". Manhattan aparecía cubierta por una enorme nube de polvo después del derrumbe. La imagen ocupaba el espacio que normalmente podrían haber ocupado muchas palabras.

Y en otra de las páginas, el titular "Un avión choca contra la primera torre" fija el comienzo de la pesadilla. El relato periodístico reconstruye las primeras horas de aquella mañana en Nueva York: el Boeing, el impacto, el incendio y la imposibilidad de salir para quienes permanecían en el interior. Pero si las fotografías mostraban el horror, los testimonios permitían entrar en él.

Bajo el titular "Apocalipsis sobre Manhattan", la cobertura reconstruía cómo una ciudad que se había acostado la noche anterior con normalidad despertó convertida en un escenario de caos. Nueva York había pasado de los conciertos, las elecciones primarias y los acontecimientos deportivos a las calles vacías, el transporte interrumpido, los hospitales desbordados y los ciudadanos huyendo a pie.

La información, sin embargo, estaba marcada todavía por la incertidumbre. Las primeras estimaciones hablaban de miles de víctimas, pero las cifras eran provisionales. El caos hacía difícil conocer el alcance real de la tragedia. Incluso algunas de las informaciones publicadas en aquellas primeras horas serían necesariamente revisadas después. El periódico debía contar, por tanto, una historia que todavía no había terminado.

Todo ese despliegue se construyó mientras la redacción intentaba adaptarse a una situación excepcional. Las agencias de noticias proporcionaban buena parte de la información internacional; los testimonios aportaban la dimensión humana; las declaraciones oficiales permitían seguir las primeras decisiones políticas. Y el periódico hacía su propia elección sobre cómo ordenar y presentar todo aquello.

La televisión tenía la ventaja de la inmediatez. Los grandes diarios nacionales y estadounidenses tenían mayores recursos para cubrir una crisis internacional. La Voz de Almería, en cambio, tenía que buscar su propio espacio. Y lo encontró en el papel.

Una memoria palpable

"Yo no puedo competir con los periódicos españoles, y menos con la televisión", explica De la Cruz. Aquello había sido, sobre todo, un espectáculo visual. Por eso la apuesta fue que las imágenes permanecieran en el periódico y pudieran conservarse como documento histórico. 

Quizá esa fue la manera que encontró un periódico de Almería para contar un acontecimiento que parecía imposible de explicar. No podía detener el tiempo ni competir con la televisión. Tampoco podía saber todavía las consecuencias que aquel día tendría sobre la política internacional, las guerras posteriores o la geopolítica mundial.

Pero sí podía hacer que aquellas imágenes quedaran allí. Impresas. A todo color.

Aquel 11 de septiembre, los periodistas de La Voz de Almería regresaron a sus casas cuando ya no quedaba mucho más que hacer, con sus familias probablemente dormidas y la redacción todavía a sus espaldas. La rotativa terminó de funcionar varias horas más tarde de lo habitual. Todo aquel esfuerzo tenía un propósito: que, cada vez que alguien volviera a abrir aquella edición, las Torres Gemelas siguieran en pie sobre el papel. En Nueva York ya no existían, pero en aquellas páginas permanecerían durante muchos años más.

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